La vida tras el peor atentado en Europa en el siglo XXI: el recuerdo de la doble victimización del 11M

La vida tras el peor atentado en Europa en el siglo XXI: el recuerdo de la doble victimización del 11M

Víctimas del atentado yihadista en Madrid hablan con El HuffPost en el 20 aniversario: "Siguen mintiendo sobre lo que pasó el 11 de marzo del 2004". 

Eulogio Paz estaba trabajando cuando sonó el teléfono. La mujer de un compañero le alertó de que se habían producido varias explosiones en Atocha. Lo primero que hizo al colgar fue buscar la trayectoria de los trenes, ya que supuso que su hijo Daniel, de entonces 20 años y estudiante de INEF, podía ir en uno de ellos. Y así fue. Daniel murió el 11 de marzo de 2004 en los atentados en los que fueron asesinadas 192 personas, resultaron heridas cerca de 2.000 y marcaron un antes y un después en la historia de nuestro país.

Entre las 7.36 y las 7.39, en plena hora punta, varias bombas explotaron en cadena en cuatro trenes en Madrid: dos en Atocha, uno en la estación de Santa Eugenia y otro en El Pozo. En el último iba el hijo de Eulogio Paz, ahora presidente de la Asociación 11M. Los días posteriores se inició el proceso de búsqueda e identificación a través de pruebas de ADN. Cinco días después, el 16 de marzo, le entregaron el cuerpo de su hijo y el 17 lo incineraron. De lo que ocurrió entre esos días en España, Eulogio Paz no fue consciente hasta que volvió al trabajo once días después de los atentados.

“Ahí sí que empiezo a leer noticias de diferentes periódicos y ver análisis diferentes. Y ya me empecé a hacer a la idea de que había unos periodistas que mentían y había otros periodistas que se acercaban a la realidad de que había sido un atentado yihadista”, cuenta a El HuffPost apenas unos días antes de que se cumpla el veinte aniversario del mayor atentado que ha sufrido España. “Mientras, otros periodistas como Pedro J. Ramírez de El Mundo, Federico Jiménez Losantos de la COPE, Telemadrid, sí estaban montando, junto con determinados dirigentes del Partido Popular, esas teorías de la conspiración producto de esa mentira inicial que querían que hubiese sido ETA. Pero realmente ETA no fue la autora de los atentados”, afirma.

Eulogio Paz asegura que esta maraña de mentiras ha supuesto “una doble victimización”. “Al hecho de tener un ser querido asesinado, pues añade ese dolor que te infligen todos estos periodistas y todos estos políticos que mintieron a manos llenas para tratar de salvar su pellejo”, resalta.

Eulogio Paz, presdiente de la Asociación 11M.Sergi González

El presidente de la asociación 11M recuerda que un año antes de los atentados ya había informes de la fundación FAES -que presidía y sigue presidiendo ahora el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar,- en los que se asegura que cabe el recrudecimiento de la amenaza terrorista, que afectaría principalmente a los países que participaran en la guerra contra Irak. “O sea, que lo que FAES, lo que Aznar, lo que el Partido Popular anticiparon que podía pasar, pasó un año después, el 11 de marzo del 2004”, apunta.

Para Eulogio Paz “es incompresible que después de haber dicho eso, después de que en octubre de 2003 Bin Laden amenazara a España por la guerra de Irak, después de que Al Qaeda reivindicara los atentados, se pudiese mentir de esa manera”. “¿Por qué se miente de esa manera?”, se pregunta, y se responde a continuación: “Porque, evidentemente, ellos querían que hubiese sido ETA para ganar las elecciones. Las perdieron y no han sido capaces de asimilar esa derrota electoral y por lo tanto siguen mintiendo sobre lo que pasó el 11 de marzo del 2004”. 

Adeniria Moreira, víctima del 11M.Sergi González

Esa mañana Adeniria Moreira se subió en el tercer vagón del tren en la estación de El Pozo. Según cuenta estaba muy lleno y se dirigió al segundo cuando, al poco tiempo, explotó la bomba y la onda expansiva la tiró. Adeniria Moreira estaba embarazada de casi cinco meses, el 30 de marzo perdió a su bebé. “Estaba todo destruido y salimos corriendo porque no sabíamos qué estaba pasando”, narra esta brasileña que lleva 26 años viviendo en España. “Vimos brazos, por un lado, cabezas por otros, era un caos”, afirma.

20 años después sigue sufriendo las secuelas psicológicas de aquel día: “Me afectó mentalmente. Tengo estrés postraumático de los atentados”. Tras ser internada varias veces en el Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Gregoria Marañón, su marido se separó de ella y a día de hoy sigue tomando medicación y yendo al psiquiatra. “Mi vida ahora es esta”, dice con marcado acento tras tantos años viviendo en España, una consecuencia más, afirma, de las secuelas. “Cuando voy a hablar se me borra la memoria y ya no sé qué iba a decir”, se queda en blanco, confiesa, como consecuencia del trauma.

Como ella, muchas otras víctimas han necesitado a lo largo de estos años apoyo y acompañamiento en aspectos médicos, psicológicos, sociales, de formación y jurídicos, razón por la que surgió la Asociación 11M. “Ante un atentado tan masivo, había que unirse para articular todas esas reivindicaciones de la mejor manera posible”, explica Eulogio Paz.

Tras la explosión Adiniria Moreira, que entonces tenía una hija de un año, se fue a su casa en estado shock, sin poder caminar ni reaccionar. “Cuando llegué a casa tenía la ropa mojada del sudor, y hacía frío”, recuerda. Esa tarde fue a su centro de salud, donde le dijeron que no había perdido al bebé, 19 días después, sin embargo, le tuvieron que realizar un legrado.

Ahora, reconoce estar “un día bien, un día mal”. “Las personas que he visto, mis vecinos, mucha gente ha muerto, eso no se borra de la mente, nunca”. Adeniria era celadora en una residencia antes de los atentados, pero ahora no puede seguir trabajando como sanitario. “Cuando hay mucha presión, me bloqueo”, cuenta, y explica que vive gracias a las ayudas sociales a las víctimas por el terrorismo. “¿Qué vamos a hacer?”, pregunta resignada, y añade: “Para atrás no se puede, tienes que seguir, yo sigo”.

Alejandro Cervera, víctima de los atentados del 11M.Alejandro Cervera

Alejandro Cervera tenía 22 años y, como cada día, el 11 de marzo de 2004 salió desde su casa en Fuenlabrada en dirección a Recoletos para acudir a su trabajo en el Cuartel General del Ejército de Tierra, en Cibeles. Y, como cada día, cambió de tren en Atocha. Desde ahí pudo ver cómo en la línea 2 ya había un tren parado y otro que se dirigía hacía esa misma vía. Pero, a diferencia de otros días, había menos gente en la estación por una huelga de estudiantes, así que le dio tiempo a llegar y subirse al primero. “Y en ese momento es cuando explota el otro tren a unos pocos metros de la entrada de Atocha”, afirma.

“Ahí ya fue el caos”, expresa. “Estaba al lado de la puerta apoyado y de repente me encuentro en el suelo y miro a mi alrededor. Había una pareja mayor que tenían las manos puestas en la cara, la onda expansiva entró en el tren por las puertas y salió por las ventanas, pensé que serían cristales y les ayudé a salir”, narra. Cuando salió del tren la gente gritaba que se había estrellado, pero este militar retirado por la pérdida de audición a consecuencia de la explosión se dio cuenta de que olía a pólvora.

“Me acuerdo que la escalera mecánica, por la que acababa de bajar. A mí me da tiempo a montarme en ese tren y me paró la onda expansiva, pero a mucha gente no. Me acuerdo de ver la escalera mecánica bajando con cuerpos inertes. Sólo me dio tiempo a apretar el botón para pararlo”, explica Cervera al HUFFPOST por videollamada, ya que ahora reside en la provincia de Jaén.

En ese momento vio a dos vigilantes de seguridad por la vía, en el andén la gente se empujaba de la estampida y se tiraban a la vía del tren, se identificó como militar y les dijo que no se había estrellado ningún tren, que olía a pólvora. Se ofreció a ayudarles a atender a la gente, pero le dijeron que se fuera y les vio irse hacia el tren que había explotado. “Me hubiese gustado acompañarles, pero menos mal que no lo hice”, afirma.

Alejandro Cervera explica que entonces se dirigió hacia la segunda pasarela de Atocha, donde había unas diez personas mirando lo que ocurría. “No tenía ninguna prisa por salir”, señala, ya que “entonces el modus operandi que había era: te coloco una bomba aquí y otra bomba trampa más adelante”, así que no salió corriendo temiendo que más adelante pudiera producirse otra explosión. 

En medio de la plataforma, desde donde podía ver el tren "reventado", llamó a su madre para comprobar que su padre, que salía 20 minutos después que él en dirección a Atocha, estaba bien. Cuando le decía que no se preocupara, que estaba bien, se produjo la segunda explosión. “Mi madre lleva 20 años recordando ese momento, de cómo escuchó la segunda explosión por el teléfono”, recuerda. Cervera relata que el shock fue tal que más tarde no recordaba haber llamado a casa, y no lo creyó hasta que vio la factura del teléfono.

No es lo único que no recuerda. Hasta que no llegó al cuartel, a donde fue andando desde Atocha tras esa segunda explosión, no se dio cuenta de que tenía una pisada en la espalda. Como consecuencia de los atentados ha ido perdiendo audición hasta que en 2015 le dijeron en una prueba periódica que tenía que llevar audífonos. “Ya en el ejército pues me tuvieron que retirar, me dieron la discapacidad y en el 2017 ya aparezco como retirado, eso sí, en acto de servicio como consecuencia de un atentado terrorista”, relata. 

Sobre las mentiras por parte de políticos y medios de comunicación que siguieron a los días posteriores a los atentados, Cervera no duda en asegurar que “cabrea ver cómo algo que es verdad lo intentan ocultar, maquillar, disfrazar. La verdad es que eso cabrea”. “Yo estaba cabreado por muchas cosas, estaba cabreado por eso, estaba cabreado por si era culpa de la guerra de Aznar, cómo puede ser que haya compañeros míos que estén allí cobrando su buen dinero por estar de misión y el que se lleve el pelotazo somos los que estábamos aquí en España sin tener nada que ver”, expresa.

Pero esto no era la único por lo que estaba enfadado. A Cervera, como a muchos otros -incluida Adeniria-, no le reconocieron como víctima del terrorismo hasta cuatro años después, cuando se celebró el juicio, ya que ambos se fueron, uno al trabajo y otra a casa, sin ir a un hospital directamente, donde habrían sido fichados como víctimas y recibido las ayudas que les correspondían y que no llegaron hasta el 2008.

Cervera sufrió mareos y vértigos, ya que el oído afecta al equilibrio, además de dolores de cabeza y en el propio oído. “Desde el atentado vivo como cuando estás constipado o metes la cabeza bajo el agua, que no te oyes o te oyes mal. Así llevo yo 20 años”, agrega. Ahora, cuenta, su vida “ha cambiado mucho”. Él no tuvo estrés postraumático, ni muchas secuelas psicológicas excepto “coger miedo a sitios con mucha gente”, dice. “Pero todo el año 2016 estuve con depresión porque no sabía qué iba a ser de mi vida, si me retiraban o no me retiraban. Para mí lo gordo fue el retiro y que las instituciones no hiciesen nada”, asegura. Ahora colabora con el Ministerio del Interior en el programa Testimonio en las aulas, en el que víctimas del terrorismo dan charlas en institutos. 

Eulogio Paz, desde la Asocaición 11M, resalta que “tiene que haber en los libros de historia, para las nuevas generaciones, un relato objetivo de lo que realmente ocurrió el 11 de marzo de 2004". "Qué pasó antes, durante y después del 11 de marzo. No esas teorías de la conspiración que hemos visto durante estos 20 años creadas a raíz de no asumir la autoría yihadista de los atentados. Ese relato de la memoria, aparte de seguir con el cuidado a las víctimas, es muy importante”, reclama. 

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Ana Roca es redactora en 'El HuffPost'. Graduada en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Carlos III, ha trabajado en la Agencia EFE y en el diario El País, donde se formó en la Escuela del periódico. Puedes contactar con ella en ana.roca@huffpost.es.