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23/05/2013 08:42 CEST | Actualizado 22/07/2013 11:12 CEST

Diario de una JESP: La monarquía naranja

30 de abril de 2013. Diez de la mañana. Me despierto, incomodísima, embutida en un saco que limita todos mis movimientos, aplastada entre otros dos seres. Emocionada, a sabiendas del increíble día que nos espera, las levanto sin ningún tacto: "¡Dormilonaaaas! ¡Despertáos, que es Queen's day!"

30 de abril de 2013. Diez de la mañana. Me despierto, incomodísima, embutida en un saco de dormir que limita todos mis movimientos, aplastada entre otros dos seres (uno de los cuales, ronca que no veas), tirada en el suelo de un piso de 30 metros cuadrados. Sin esterilla siquiera; ahí, sin más. Por un momento, pierdo la noción del tiempo y el espacio, y me pregunto mentalmente: "¿Pero dónde leches estoy?" Trato de recobrar el sentido tras la zozobra del sueño, y después de unos segundos, esbozo una sonrisa al recordar dónde me hallo y con quién: ¡Buenos días, Holanda! ¡Buenos días, chicas! Qué gustazo poder reunirme con cuatro de mis amigas del alma aquí en Ámsterdam, donde una de ellas, también JESP (a la que, por cierto, le va genial), nos ha acogido en su diminuto estudio.

Emocionada, a sabiendas del increíble día que nos espera por delante, las levanto sin ningún tacto, vapuleándolas de un lado a otro: "¡Dormilonaaaas! ¡Venga! ¡Despertáos, que hoy es Queen's day!" Desayunamos pan tumaca con jamón ibérico que han traído las que vienen desde España (oh my God qué placer) y nos vestimos de naranja de pies a cabeza. Salimos a la calle, donde nos inunda una marea del mismo color. No, no es que los holandeses estén organizando una marea naranja equivalente a nuestra marea blanca de la sanidad española. No se quejan, más bien lo contrario. Están celebrando Koninginnedag, Queen's day, o el Día de la Reina, en honor al cumpleaños de Beatriz, monarca de este país de tíos y tías rubios, altísimos y buenérrimos. Y nosotras cinco, morenas, bajitas, pero también buenérrimas, vamos a unirnos a la fiesta.

Éste no es mi primer Queen's day; ya estuve aquí en 2010, visitando precisamente a la misma amiga, que por entonces se hallaba en estos lares de beca Erasmus. Pero este año, el Día de la Reina es especialmente significativo, por ser el último. A partir de 2014, será el Día del Rey el que se celebre, porque Beatriz abdica después de 33 años en el trono, en su hijo Guillermo Alejandro. Ámsterdam, La Haya, Eindhoven, Utrecht, Maastricht, Rotterdam... cada rincón de los Países Bajos se llena de ciudadanos orgullosos de su monarquía. El 78% de la población holandesa la acepta, a pesar de ser la más cara de Europa (gastan unos 40 millones de euros anuales). Igualito que en nuestro país, vamos, donde otorgamos a Juan Carlos y su familia una nota del 3,6 sobre 10. ¡Y bastante me parece, teniendo en cuenta tanto elefantito, tanta princesita alemana y tanto yerno imputado! Con ese pedazo de suspenso, es inimaginable un Día del Rey en que los españoles llenemos las calles de banderas y aplausos para homenajear a la institución.

Mis amigas y yo celebrando Queen's day en Ámsterdam.

En realidad, más allá de lo bien que ejerza su papel de monarca Beatriz, Queen's Day es la excusa perfecta para marcarse EL FIESTÓN -en mayúsculas-. Los mejores DJ's internacionales pinchando en las plazas, barcos repletos de gente disfrazada navegando por los canales, chiringuitos y puestos de comida típica colmando las calles, grupos de rock tocando en las esquinas... Y aquí estamos nosotras, disfrutando del planazo y del sol que el cambio climático nos ha regalado para esta jornada. Cinco españolas ataviadas de arriba a abajo de naranja (en honor al apellido de Oranje de la familia real holandesa). O mejor dicho, cuatro de nosotras. ¡Porque se nos acaba de perder una! Claro, con tremenda cantidad de estímulos, es normal que se haya despistado. Pero... ¡shit! ¿cómo vamos a encontrarla? Es imposible dar con ella entre tanta gente vestida del mismo color. Y la aglomeración es tal, que no hay cobertura en el móvil. Uff... ¿qué hacemos?

Las cuatro que permanecemos juntas nos damos la mano y recorremos aceleradas las calles aledañas a la plaza donde estábamos hasta hace un minuto. Miramos en todas direcciones, o al menos lo intentamos, porque con tanto gigante suelto es imposible que ninguna de nosotras (ni siquiera la más alta, que mide 1,75) vea algo. Los nervios me hacen actuar: le pido a un holandés que, please, me suba a hombros para poder buscar a mi amiga desde lo alto. Trepo por su espalda fornida como si de un muro de hormigón se tratara, y cuando alcanzo su cabeza, deposito mi trasero ibérico en sus hombros. Ya con vista panorámica (y achinando los ojos para intentar hacer frente a mi miopía) diviso a la cabrita de mi amiga. ¡Halaaaa! ¡Dí que sí! Nosotras cuatro preocupadísimas por ti, y tú, hiper contenta, apoyada en una barra con cara de seductora, tonteando con un rubiales que te saca 8 cabezas (por lo menos). No, ¡si al final va a resultar que con tanta amiga JESP voy a tener sobrinos en todo el mundo! Keep tuned...

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