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15/06/2018 07:30 CEST | Actualizado 15/06/2018 07:30 CEST

Fernández Mallo: '¿Por qué tenemos esa ansia de destruir Europa? No tenemos memoria de la barbarie'

Iván Giménez-Seix Barral.

Por Winston Manrique Sabogal

'Trilogía de la guerra' es el proyecto más ambicioso del poeta y narrador gallego. Una novela de ideas que fusiona formas literarias para hablar del Tiempo, del silencio, de la naturaleza migrante del ser humano y del amor. Un mapa del mundo contemporáneo

n un pequeño rincón del ruido del mundo un escritor a quien no le importa escribir en medio del barullo, pero no con música, habla del silencio, del tiempo, de las conexiones entre vivos y muertos, de la naturaleza migrante del ser humano y del amor. Y se pregunta por la pulsión suicida del ser humano en destruir Europa.

Ocurre en una librería de Barcelona. Agustín Fernández Mallo apoya su brazo derecho sobre la mesa de la cafetería muy cerca de la silueta del astronauta de cuyo casco brotan flores rojas que ilustran la portada de su novela Trilogía de la guerra (Seix Barral), Premio Biblioteca Breve 2018.

Seix Barral

Él mismo puede ser ese astronauta que ahora ha dejado su equipamiento sobre la mesa. Y ya a cara descubierta cuenta lo que ha vivido en estas páginas en las cuales explora muchos temas expresados en diferentes formas narrativas para crear su propio territorio levantado palabra a palabra, idea a idea, sueño a sueño. Uno de tiempos diluidos en uno solo donde todo fue, es y será.

Allí conviven desde sus ideas, intuiciones y reflexiones juveniles que lo han acompañado siempre, hasta sus pensamientos e inquietudes más recientes que dibujan un siglo XXI hijo del siglo XX trazado aquí en tres escenarios.

La novela tiene tres libros o historias interrelacionadas y con vivencias comunes: la isla de San Simón, en Galicia (España) campo de concentración de la Guerra Civil; Vietnam, con sus batallas y heridas tanto para vietnamitas como para Estados Unidos; y la costa de Normandía como inicio trágico del fin de la Segunda Guerra Mundial.

Muertos, muchos muertos allí por la mano del ser humano. Pasado, presente y futuro, o futuro, presente y pasado. Y todo parece por primera vez. Allí apunta Fernández Mallo (La Coruña, 1967), un poeta y narrador licenciado en Ciencias Físicas, cuya novela dialoga con el lector, a la vez que este aprende y descubre ideas, teorías o pensamientos, y siente y ve lo allí contado.

Winston Manrique Sabogal. Usted que aborda poesía y narrativa y atento al mundo contemporáneo, ¿siempre hay un abismo entre lo que un creador imagina y el resultado?

Agustín Fernández Mallo. Absolutamente. Y es importante que lo hagas tú con tus manos. Tú le encargas eso a un profesional y te lo hará fenomenal, pero no habrás tocado el barro y no habrás llegado hasta el fondo, hasta la basura. Es lo que llevo reivindicando toda la vida, trabajar con la basura de los demás... Cuando tú entiendes que Goya se inspira es en la basura Velázquez, por decirlo así, es cuando piensas que siempre estamos trabajando con los desechos de los demás, no hay nada original...

W. Manrique. ¿Le gustan esas obras que muestran los arrepentimientos en la pintura?

A. Fernández Mallo.¡Es fascinante! Ves el proceso y el proceso ya es interesante en sí mismo. Pero cuando llegas a ver por qué se descarta una idea que parecía buenísima y por qué el creador o la creadora decide cambiarla, entonces se te activa una serie de preguntas que es lo que está planteado en el libro implícitamente. Cuando miramos al pasado, que es lo que hacen los personajes, no se hace de un modo nostálgico de: "¡ay, lo que se perdió!". No. Ven el pasado de las guerras, o lo que sea, como un elemento que traen a su presente para explicarse su presente. No es una mirada romántica sobre el pasado. Por ejemplo, de una mandíbula de un Neanderthal más que saber cómo eran ellos me interesa que la mandíbula me explique cómo soy yo.

W. Manrique. El arco del Tiempo, y este como un elemento esencial en la novela. ¿Qué es para usted el presente?

A. Fernández Mallo. Mi idea, mis sentimientos, es que el presente es el único lugar en el que podemos habitar. El pasado se construye desde el presente, de ahí la idea de que la historia sea una ficción consensuada. La historia es algo que se construye desde el presente, está construida con toda nuestra subjetividad. Eso es el tiempo. El tiempo es algo que nos hace construir nuestro presente. El pasado lo interpretamos y lo lanzamos hacia un futuro sin perfeccionar; y nuestro futuro es una proyección desde el presente. El Tiempo como yo lo veo es un lugar en donde vienen a dar toda clase de materiales, históricos, culturales, antropológicos y con eso nos construimos una idea de mundo.

W. Manrique. Como ese remolino de basura que aparece en la novela mientras alguien lo contempla y la basura desaparece y reflota, una y otra vez.

A. Fernández Mallo. Y te quedas mirando el remolino con la impresión de que siempre es el mismo. Pero, si te fijas, nunca hay dos plásticos iguales o dos de lo que sea... eso es lo que es el Tiempo. No de un modo lineal, sino de un modo circular.

W. Manrique. Y allí está el silencio, otro elemento fundamental en Trilogía de la guerra. Es el detonante de lo que se habrá de desarrollar con un personaje que es un cazador de silencios. ¿Qué es el silencio?

A. Fernández Mallo. Es una construcción, es un concepto ilustrado por la Ilustración. Es un horizonte metafísico. El silencio, obviamente, no existe y es algo que ansiamos pero que nunca hemos palpado. El silencio es una especie de divinidad, está ahí como un horizonte al que no podemos llegar.

W. Manrique. ¿Cómo el futuro?

A. Fernández Mallo. Efectivamente, como ese futuro utópico. Ahora bien, yo calculo o pienso que si experimentáramos ese hecho real del silencio nos volveríamos locos. El silencio real tiene que ser el vacío absoluto; es vaciarte, porque incluso los astronautas que están ahí en la estratosfera dicen que oyen ruidos. Su propio corazón o la maquinaria del cuerpo. El silencio no existe. El silencio es un concepto ilustrado para que las masas creamos que existe esa excelencia.

W. Manrique. ¿Usted escribe con música, ruido ambiente o en silencio?

A. Fernández Mallo. Escribo con ruido ambiente porque a mí los ruidos no me molestan, pero nunca con música porque me despista y me lleva a otro lugar.

W. Manrique.Borges asoma en la novela. Por ejemplo, en la idea de que nunca morimos mientras alguien nos recuerde, mientras estemos en alguna memoria. La teoría de que los vivos pasan, pero los muertos se quedan adheridos.

A. Fernández Mallo. Es una de las ideas que se plantean. La red social más grande que existe no es la del internauta, sino la que une los vivos y los muertos. Me interesaba pensar esta idea o que los personajes pensaran que los muertos nunca están muertos del todo, pero es que los vivos tampoco estamos nunca vivos del todo. Empezar a vivir es empezar a morir. A mí lo que me interesa no es el mundo lírico ni surrealista; me interesa un mundo ligeramente desenfocado, uno que te hace cuestionar las cosas y si lo giras un poco ves otra cosa. Cuando fui a isla de San Simón experimenté una serie de sensaciones.

En lo que más gastamos energía, desde que nacemos hasta que morimos, es en encontrar el amor. Es muy curioso cómo el amor es en la vida nuestro trabajo, nos desvela...

W. Manrique. Allí están Tiempo y silencio. Hay otro tema capital en la novela, el amor. Y precisamente el amor como punto de unión de esos dos conceptos cuando, por ejemplo, escribe: "Me detuve entonces, tomé aliento y sentí que ese sonido solamente podía ser el amor en estado puro". Es lo más buscado por todos, el amor.

A. Fernández Mallo.Tucker, uno de los personajes, dice que en lo que más gastamos energía, desde que nacemos hasta que morimos, es en encontrar el amor. Es muy curioso cómo el amor es en la vida nuestro trabajo, nos desvela... Y desde que nacemos hasta que morimos buscamos ese amor, ese concepto que no sabemos qué es y que está ahí. La energía que gastamos en intentar encontrarlo es una cosa muy rara, muy sorprendente y tratar de seleccionar a una persona en el mundo es la gran apuesta.

W. Manrique. Todo esto se junta en una escena e imagen muy sugerente y trascendente en la parte de la costa de Normandía: una mujer en una noria, y lo que simboliza mientras ve cosas.

A. Fernández Mallo.Hay un momento en que ella está en la noria y ve algo, ve una playa... Y luego la noria baja y ya no la ve más, al rato la vuelve a ver, se incorpora y aparece, es cuando ella dice un pensamiento importante sobre que en esa playa murieron casi cien mil varones hombres, que no mujeres, y quiere ver a una mujer cuando pisa un lugar donde murieron cien mil varones.

W. Manrique. Huesos de varones, de palos y perros. Es estremecedor.

A. Fernández Mallo.Ahí se abre una vía, una especie de reflexión de cómo es posible una autoviolencia de género. Es lo que plantea el personaje, porque quince varones lanzan a la muerte a cien mil varones por el hecho de ser hombres. Ella abre esa vía.

W. Manrique. Lo dice en un territorio clave del destino del mundo y Europa, un continente con una bella anomalía por su bienestar general alcanzado después de aquello y siempre atravesado por millones de pisadas, incluso hoy con los refugiados, ¿de dónde viene esa imagen?

A. Fernández Mallo.Todo lo mío viene de imágenes analógicas, metafóricas. Viene de la primera página del libro, aunque yo no sabía que iba a terminar escribiendo eso, pero viene de la imagen cuando digo que África se quema, en África hay un fuego permanente...

Y ese fuego lo traslado a Europa, es la interacción; ese fuego que se mueve por toda Europa de un modo que daría una imagen extraña... de movimientos humanos que van y vienen... Para mí es interesante porque, al final, la mujer llega a la playa de Normandía. Es de noche y ve cómo emergen unos cuerpos del agua como si fueran zombis, pero no son zombis, son inmigrantes... Es como otro desembarco de Normandía.

Los europeos no nos hemos dado cuenta de que Europa, como decías, es una anomalía, un oasis. El resto del planeta es más peligroso que Europa. Entonces, por qué tenemos esa ansia en destruir lo que hemos construido

W. Manrique. Trilogía de la guerra es una novela de ideas, hay política, filosofía, sociología, ciencia...

A. Fernández Mallo.La idea principal es por qué demonios nos estamos cargando Europa. Ha costado siglos construirse para llegar a un periodo de setenta años sin sangre. La pregunta es por qué queremos romperla, atomizarla, porque los nacionalismos... Esa es la gran pregunta, y es algo que me preocupa. Me preocupa, porque los europeos no nos hemos dado cuenta de que Europa, como decías, es una anomalía, un oasis. El resto del planeta es más peligroso que Europa. Entonces, por qué tenemos esa ansia en destruir lo que hemos construido, quizá porque las generaciones no tenemos memoria de la barbarie.

Presente, pasado y futuro... Un solo tiempo. Circular, acaso.

Y Trilogía de la guerra es toda la vida de Fernández Mallo, aunque fuera escrita en cinco años. El escritor sigue en la búsqueda de explorar la literatura. Cree que ya lo hizo involuntariamente con el Proyecto Nocilla. "No escribo lo que quiero, yo escribo lo que puedo. No sé pensar de otra manera, es lo que me sale".

Esta novela es la suma de todas sus obras, como si la hubiera estado escribiendo toda su vida, construyendo en su cabeza todo este tiempo. Desde aquella idea, a los 17 o 18 años, del cuarto astronauta que llegó a la Luna en el Apolo 11 y no sale en la foto pero es el que ve todo. "Es una idea que tenía ya de joven. Solo que no había encontrado el momento que eso encajara". Hasta ahora.

Este artículo se publicó originalmente en la web de WMagazín, la revista literaria online dirigida por el periodista Winston Manrique Sabogal, un espacio para conversar con sosiego sobre literatura, donde él es cronista de encuentros, reportajes y entrevistas a ambos lados del Atlántico, y los lectores son los coautores, con sus lecturas y comentarios

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