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'Historias auténticas by Viña Pomal': anécdotas de artistas en restaurantes de Madrid

12/03/2015 08:09 CET | Actualizado 12/03/2015 10:25 CET

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Ay, si las paredes hablasen… Si las paredes hablasen la Historia probablemente se hubiese escrito de otra manera. Si las paredes hablasen muchos líos de familia hubiesen tenido otro desenlace y, probablemente, muchos secretos de alcoba hubiesen dejado de ser secretos.

Pero las paredes llevan años y años calladas y no parecen tener intención de romper su silencio. Por eso, mientras no obre el milagro, sólo queda confiar en protagonistas y testigos de momentos reseñables para conocer esas historias.

El libro Historias Auténticas by Viña Pomal, que sale a la venta este mes de marzo en las librerías de Madrid y en la web de Viña Pomal, pretende desempolvar muchas de esas anécdotas que corrían el riesgo de acabar desapareciendo.

Todos esos momentos que recoge el libro sucedieron en Madrid y todos tienen como escenario un restaurante de la capital o alrededores. La gran mayoría cuenta con célebres protagonistas conocidos tanto a nivel nacional e internacional. Algunas tienen repercusión política, como el nacimiento de la Constitución del 78 en el restaurante José Luis del Bernabéu, o histórica, como la conversión del Embassy en una agencia de viajes clandestina desde la que miles de judíos europeos partieron a Portugal en tiempos de la II Guerra Mundial. Son un total de cien pequeños relatos, de los cuales hemos seleccionado nueve con protagonistas del cine y de la música. Esto es lo que ocurre cuando los artistas se sientan a la mesa.

  • Las lentejas de Joaquín Sabina
  • En el restaurante Arce son famosas las lentejas. O al menos para el cantante Joaquín Sabina, quien cada vez que se sienta a la mesa pide este plato. Pero su pasión va mucho más allá, porque cuando su hija va a comer al restaurante, el dueño del Arce le prepara una ración para que se la lleve a su padre. Las favoritas del cantante son las de faisán.

  • La paella de Hemingway
  • Lo normal en los restaurantes es que sean los cocineros quienes preparen el menú, pero si ese restaurante es el más antiguo del mundo (según el libro Guinness de los Récords), el asunto cambia. Casa Botín ha sido testigo de episodios únicos como el de Ava Gardner, la musa castiza, subida en una mesa bailando. O el día que Ernest Hemingway entró en la cocina para aprender a hacer paella de la mano de Emilio, entonces dueño del local y abuelo de los ahora propietarios. Uno y otro descubrieron rápido que el estadounidense tenía habilidades con las letras pero no en la cocina.

  • Marchando un sol y sombra para De Niro
  • Habían reservado sitio Al Pacino y Robert de Niro. Un día estos dos comensales de película se sentaron a la mesa de El Landó para disfrutar de una cena compuesta de jamón ibérico, pan con tomate, huevos estrellados y solomillo. Pero eso no fue lo importante de la cita, lo llamativo llegaría después. Al terminar de cenar, De Niro pidió una copa que por lo menos hacía quince años que nadie había pedido en El Landó: un sol y sombra. Por lo visto el actor es un loco de esta bebida y aquella noche no fue sólo una copa lo que bebió.

  • Y Tarantino se fumó un habano
  • Durante una semana, Quentin Tarantino, Samuel L. Jackson y Sofia Coppola estuvieron yendo a comer al restaurante Alkalde. El equipo estaba promocionando en Madrid la película Kill Bill y el local les cautivó hasta el punto de que repitieron y repitieron. Además, el camarero no los reconoció y eso jugó a favor de las estrellas que se sentían como unos turistas más. El ultimo día el camarero quiso obsequiar a Tarantino con un habano. Pidió permiso al dueño, Gregorio, quien se lo dio encantado y se despidió a "los turistas" deseándolos buen regreso. Al llegar a casa, le contó a su hijo que unos extranjeros, uno de ellos llamado "Tirintino", habían comido toda la semana en el local. El hijo lo captó la instante: "Es Tarantino, Quentin Tarantino". Tras conocer la identidad, el Alkalde se puso en contacto con el director, que precisamente cumplió 50 años el mismo día que el Alkalde celebró su medio siglo de vida.

  • El día que Jerry Lewis comió serpientes
  • No fue exactamente así, pero eso fue lo que pensó el cómico norteamericano cuando visitó el restaurante La Trainera. Le dijeron que las angulas era una de sus especialidades y le sirvieron una cazuela, pero ¡oh, sorpresa! Lewis las confundió con diminutas serpientes, quizás incluso crías de serpientes, cocinadas y servidas, que en ese momento lo miraban fijamente esperando a ser devoradas. La especialidad no le acabó cautivando.

  • Melocotón en almíbar para los Héroes del Silencio
  • Cuenta el dueño de El Nuevo Porche que el día que los miembros de Héroes del Silencio llegaron a su restaurante no le gustó demasiado su aspecto. Por eso, cuando vio llegar a esos cuatro hombres con aire siniestro, chupas de cuero, melenas despeinadas y botas de tacón evitó que entrasen al local alegando que estaba lleno. Su mujer no daba crédito al enterarse y fue quien le pidió que les admitiese: "¡Déjales entrar! ¡Son Héroes del Silencio!" Para enmendar el error pidió perdón y los invitó a pasar. Al final todos terminaron bebiendo cerveza y Paco les agasajó con frascos de melocotón en almíbar de Navarra.

  • Música para Buñuel
  • No es que en Casa Pedro pusiesen banda sonora especial para el director de cine Luis Buñuel, lo que tuvo lugar aquí fue una confidencia. Buñuel le contó al dueño del restaurante una curiosa anécdota. Un día, un señor al que no conocía se interesó por la música de su película Viridiana, le dijo que le fascinaba y quería saber quién la había compuesto. ¿Y quién había sido? Pues nadie en concreto. Porque Buñuel miró el hombre y no dudó en confesarle que esa música que tanto le gustaba era el ruido metálico y repetitivo de una cisterna de váter.

  • La confusión de Plácido
  • El restaurante La Paloma está lleno de cuadros que le dan un aire bohemio e intelectual al local. Un día el tenor Plácido Domingo acudió allí y se quedó mirando uno de ellos. "¡Oh! El Liceo de Barcelona", dijo convencido. A lo que el dueño le contestó: "Don Plácido, la Scala de Milán". La respuesta del cantante fue lo mejor de la historia. De forma tan acertada como educada le dijo: "No se extrañe si me equivoque, tenga en cuenta que yo siempre veo los teatros desde la perspectiva contraria".

  • El Cigala: jamón, vino y palmas
  • A veces lo que más desea un artista es pasar desapercibido cuando entra en un local. Diego El Cigala lo estaba consiguiendo cuando visitó con dos amigos La Taberna de Mr. Pinkleton. La oscuridad de local y un público volcado en el escenario eran los aliados perfectos hasta que un turista americano lo reconoció y lo identificó. El cantaor respondió de la mejor manera posible: uniéndose a la fiesta y ofreciendo un espectáculo improvisado. Al terminar se relajó bebiendo un vino del 82 y comiendo jamón de Los Pedroches.

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