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Resacón en la cama: ¿puede evitarse?

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Para muchos el año comienza el 2 de enero, ya que el día posterior a Nochevieja transcurre entre las neblinas de la resaca. Aunque no es común que los síntomas alcancen el nivel de la amnesia total de los protagonistas de la saga Resacón en Las Vegas, el malestar suele obligar a muchos a pasar el primer día del año confinados en la cama, en lo que se conoce popularmente como dormir la mona.

La resaca es la huella que perdura en el organismo una vez que la presencia de alcohol ha desaparecido de la sangre. Desde hace décadas, los científicos han identificado una serie de síntomas comunes en los humanos que aparecen también en los animales de experimentación con posterioridad a la intoxicación por alcohol, en el período de abstinencia. Los dolores de cabeza, náuseas, temblores, insomnio, fatiga, diarrea, sed, boca seca, mareos y disfunción cognitiva son los síntomas más evidentes, pero por debajo de todo esto corre un mar de fondo de alteraciones fisiológicas, incluyendo cambios en los niveles de hormonas como la aldosterona, la renina, el cortisol o la epinefrina. En los hombres se reduce la testosterona, motivo por el cual a menudo alcohol y sexo son incompatibles.

UN FENÓMENO CASI DESCONOCIDO

Y a pesar de todo lo anterior, los expertos reconocen que la resaca es todavía un fenómeno bastante desconocido: una revisión del año pasado afirmaba que aún “hay relativamente poca investigación”. Los estudios sugieren que en ella podrían jugar un papel no solo la abstinencia, sino el efecto tóxico del propio alcohol etílico y de otras sustancias que lo acompañan; son los llamados congéneres, como otros alcoholes, el acetaldehído, la acetona o los taninos, que dan olor, color y sabor a las bebidas.

Algunos investigadores sugieren que los licores con mayor cantidad de estas sustancias, como el bourbon, podrían empeorar las resacas respecto a otras bebidas sin apenas contenido en ellas, como el vodka.

Los síntomas pueden agravarse por otros factores como el tabaco y la falta de sueño, y también existen importantes diferencias individuales posiblemente debidas a un componente genético: aproximadamente un 23% de la población parece ser inmune a la resaca.

Pero entrando en materia práctica, ¿puede prevenirse o combatirse? “La búsqueda de curas para la resaca del alcohol es tan vieja como el alcohol mismo”, escribe el farmacólogo Joris Verster de la Universidad de Utrecht (Holanda), uno de los mayores expertos mundiales en la resaca y la cabeza visible del Alcohol Hangover Research Group (Grupo de Investigación de la Resaca del Alcohol), un consorcio internacional de investigadores dedicados al estudio de este trastorno.

LOS REMEDIOS CASEROS, SIN PRUEBAS CIENTÍFICAS

Los consejos y remedios caseros son abundantes, pero Verster y otros expertos advierten: según su revisión de estudios sobre tratamientos contra la resaca, publicada en 2005 en la revista British Medical Journal, “no hay pruebas concluyentes de que ninguna intervención convencional o complementaria sea eficaz para el tratamiento o la prevención de la resaca del alcohol”.

Los investigadores analizaron ensayos previos que estudiaban la eficacia de fármacos como el propranolol, el tropisetrón o el ácido tolfenámico, suplementos como la fructosa o la glucosa, y productos de herbolario como la borraja (Borago officinalis), la alcachofa (Cynara scolymus), la chumbera (Opuntia ficus-indica) o un preparado de levadura. Ninguno de ellos demostró una eficacia real y consistente en los estudios clínicos rigurosos. Como conclusión, los autores recomendaban la única manera segura de evitar los síntomas: “abstinencia o moderación”.

Verster afirma que “faltan pruebas científicas de la eficacia de muchas curas y formas de prevención”, y que estos remedios pueden paliar algunos de los síntomas, como las náuseas o el dolor de cabeza, pero no otros como el mareo o la fatiga, por lo que “no reducen significativamente la gravedad general de la resaca”.

Aunque la conclusión es que hoy no existe una cura universal eficaz, entre los agentes más prometedores se encuentran los inhibidores de la síntesis de prostaglandinas, grasas con actividad biológica parecida a la de las hormonas y que están relacionadas con factores inmunitarios.

LA DESHIDRATACIÓN NO ES LA CAUSA

A menudo suele citarse la deshidratación como una de las principales causas de la resaca, y la rehidratación como uno de sus tratamientos y métodos de prevención. El especialista en medicina del sueño Michael Breus incluye, entre sus consejos para mantener una buena higiene del sueño durante las fiestas, la recomendación de “beber un vaso de agua por cada vaso de bebida alcohólica” como ayuda para prevenir la deshidratación de la resaca. “La hidratación está directamente relacionada con las náuseas”, precisa Breus a El Huffington Post.

Sin embargo, Verster aclara que no se ha probado la implicación de la deshidratación como principal causante de la resaca. El experto no niega que este factor sea responsable de la boca seca y la sed asociadas a este trastorno, pero sostiene que se trata de un fenómeno paralelo, no causante del resto de síntomas; el caso es similar, dice Verster, a lo que ocurre con la falta de sueño que normalmente acompaña a una borrachera: el no dormir no provoca la resaca, pero la hace más insoportable.

Para Verster, el factor clave es probablemente más complejo de lo que tradicionalmente se ha asumido, motivo por el cual la resaca es todavía hoy un “fenómeno desconcertante”: su hipótesis apunta a la interacción entre el sistema inmunitario y el sistema nervioso central como principal desencadenante. Según el experto, varios estudios han demostrado la implicación de agentes inmunológicos denominados citoquinas en la aparición de la resaca y de sus síntomas principales.

En resumen, la ciencia actual concluye que aún hay mucha investigación por delante, y que por tanto poco se puede añadir a las recomendaciones clásicas que ayudan a mitigar los síntomas y a pasar ese neblinoso período de la manera menos mala posible: beber agua y zumos, evitar las comidas pesadas o grasientas (frutas como los plátanos o los kiwis ayudan a recuperar el potasio perdido por el efecto diurético del alcohol), algún analgésico para el dolor de cabeza y, por supuesto, rechazar la tentación de darle al cuerpo más alcohol, algo que no hace sino agravar la resaca o aplazarla para el día siguiente.

Breus aconseja evitar la noche en blanco, “tratar de levantarse dentro de un margen de una hora respecto a lo habitual, beber uno o dos vasos de agua y hacer ejercicio ligero”. ¿Es pedir demasiado? Entonces, simplemente paciencia, una buena dosis de sueño y a disfrutar del año nuevo, aunque sea el día 2.

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