INTERNACIONAL

Gibraltar no serán nuestras Malvinas

¿Tienen los británicos razones para estar nerviosos sobre el futuro del Peñón?

20/04/2017 19:23 CEST | Actualizado 03/05/2017 07:38 CEST
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Apenas comenzado el proceso de salida británica de la UE – los negociadores no se han reunido todavía – la palabra guerra ya ha sonado en el debate público británico, en relación a Gibraltar y España. No es nostalgia, ni retórica vacía de los libros de historia: la UE se creó para armar la paz y no se deberían desestimar los riesgos de desmontar el gran entramado que la ha hecho posible. Pero, ¿tienen los británicos razones para estar nerviosos sobre el futuro del Peñón?

El ex líder de los conservadores británicos, Michael Howard, tiró la primera piedra al sugerir que al igual que Margaret Thatcher mandó a la marina británica a defender las Islas Malvinas en 1982, Theresa May debería hacer lo propio ahora con Gibraltar. La prensa ultra y amarilla, The Sun, Daily Mail y compañía, sacó sus garras, en una mezcla de ataques racistas y surrealistas contra las tapas, el vino Rioja y sugerencias de que los españoles son unos "follaburros". El calentón patriotero de algunos sectores ingleses no corresponde con la realidad – España no planea invasión alguna – pero el Brexit sí ha cambiado las reglas del juego.

Gibraltar ha sido el primer baño de realidad sobre las consecuencias reales de salir de la Unión Europea, más allá de la inflada retórica del "queremos recuperar el control" que animó a muchos británicos a dar el portazo a Europa. Una alta fuente comunitaria resume lo que ha cambiado desde que Theresa May hizo oficial la decisión de salir de la UE. "Hay dos Estados [España y Reino Unido] que se disputan un territorio. La UE ha dejado de ser neutral porque sólo uno de esos dos Estados será miembro del club en dos años".

Tengo la impresión de que muchos políticos británicos no entienden lo que significa dejar la Unión Europea.Manfred Weber (Partido Popular Europeo)

A diferencia de lo ocurrido hasta ahora, España cuenta con el apoyo del resto de miembros de la UE en relación a Gibraltar. Prueba de ello fue la inclusión del tema en las directivas que fijan la posición europea en las negociaciones, donde se cita explícitamente que en Gibraltar no será de aplicación el futuro acuerdo entre la UE y Reino unido sin el consentimiento de España. Theresa May no mencionó el tema en su famosa carta de seis páginas, pero el Ministro de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis, sí logró que la UE lo incluyera en su respuesta.

Tras esa victoria diplomática – que pilló con el pie cambiado a los británicos – hubo una segunda en el Parlamento Europeo. A la hora de fijar su posición sobre las negociaciones – a diferencia del parlamento británico, la Eurocámara sí tendrá que aprobar el acuerdo de separación entre europeos y británicos – varias enmiendas que trataban de corregir la decisión de singularizar el tema de Gibraltar fueron descartadas por una gran mayoría. El líder del Partido Popular Europeo, Manfred Weber, resume el nuevo clima: "Me sorprende que Londres critique que la Unión Europea defienda el interés de España en Gibraltar. Tengo la impresión de que muchos políticos británicos no entienden lo que significa dejar la Unión Europea".

De poco sirve el lamento del ministro principal de Gibraltar, Fabian Picardo, que ha asegurado al Financial Times que "la Unión Europea debería plantarse frente a los intimidadores y no darles cobijo", en relación a la jugada diplomática española. El día que el Reino Unido deje de ser miembro de la UE (cuya fecha probable será el 30 de marzo de 2019), el territorio de Gibraltar saldrá también y dejará de ser parte del mercado único. González Pons, jefe de los populares españoles en Bruselas, advierte: "Es posible que muchos negocios que hay en Gibraltar se vayan a otros lugares".

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El puzle de Gibraltar da una idea de lo complicado que será el Brexit. Pertenece a Reino Unido desde 1713, pero España reivindica su soberanía desde entonces. En una consulta en 2002 sobre la posibilidad de que Reino Unido compartiera su soberanía con España, sólo 187 personas se mostraron de acuerdo con ello (más del 98% se opuso). En otra consulta anterior, en 1967, los habitantes de Gibraltar mostraron su preferencia con similar rotundidad. Pero el Brexit podría matizar sus deseos: el año pasado, el 96% de los habitantes del peñón votaron a favor de que Reino Unido permanezca en la Unión Europea.

La cosoberanía podría ser ahora una fórmula beneficiosa para las tres partes, sostiene Peter Hain, ex Ministro de Asuntos Europeos británico. Hain negoció en 2002 con el gobierno español esta fórmula – que según cuenta en un artículo publicado en The Guardian fue rechazada a última hora por el presidente Aznar y también por los habitantes del peñón en el citado referéndum. La cosoberanía supondría poner la bandera española junto con la británica. "Eso sería la única concesión que tendrían que hacer los gibraltareños. Su apreciada ciudadanía británica, tradiciones, modo de vida... Las pintas seguirían siendo servidas en pubs de estilo británico. Mantendrían sus instituciones, asamblea, autogobierno....", argumenta Hain.

No habrá negociación alguna sobre la soberanía de Gibraltar sin el consentimiento de su gente.

El anterior Ministro de Exteriores, José Manuel García Margalló, planteó de nuevo esta fórmula tras el referéndum del brexit del año pasado. Ello facilitaría que las leyes de la Unión Europea se sigan aplicando en Gibraltar tras el Brexit. Pero el gobierno británico nunca se mostró dispuesto a negociar esta oferta. El gobierno español cree que ahora Theresa May no tendrá más remedio que reconsiderarla porque el actual estatus – que le permite disfrutar de una bajísima fiscalidad, entre otras ventajas - será insostenible dada la decisión británica de salir de la UE. El jefe de los socialistas españoles en la Eurocámara, Ramón Jáuregui, coincide en señalar un nuevo tiempo: "Esta no es una guerra de soberanía, pero no se puede admitir que haya una colonia en Europa en pleno siglo XXI".

Por el momento los británicos no mueven ficha. Tras el encuentro producido entre Theresa May y Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, una portavoz del gobierno británico ha sostenido que la postura de su país no ha cambiado, "Reino Unido perseguirá el mejor acuerdo posible para Gibraltar mientras abandone la UE y no habrá negociación alguna sobre la soberanía de Gibraltar sin el consentimiento de su gente". Los dos años de negociación serán largos e intensos. Gibraltar es sólo la primera roca en el camino del Brexit.

Gibraltar, el peñón de la discordia

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