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Una belleza de golpe de Estado

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¿Qué imagen te viene a la cabeza si escuchas el término "Golpe de Estado"? A mí me vienen imágenes de tanques por las calles, algunos disparos y militares reunidos en salones de palacios presidenciales o reales.

Esta es la imagen clásica que se corresponde con los golpes de los años 50 y 60. En la actualidad hay algunos que no son así.

Egipto ha vivido cuatro golpes de Estado en su época contemporánea. El primero, siguiendo el modelo clásico, fue en 1952 y se convirtió con los años en una revolución. El segundo lo dio Sadat en mayo de 1971 contra los hombres de Nasser para poder alcanzar el poder absoluto. El tercero fue el 11 de febrero de 2011, cuando la cúpula militar obligó a Mubarak a dimitir junto a sus colaboradores cercanos y asumió el poder. Fue un intento de hacer lo contrario a lo ocurrido en el 52, pasar de una revolución a un golpe.

¿Y el cuarto? Es el que está en marcha en la actualidad y desde hace solo unos días, para consolidar el tercero, prolongar el poder militar y cerrar la posibilidad de un cambio real de régimen.

Es una belleza de golpe de Estado, sin disparos. Merecería ser enseñado a los niños en los colegios bajo el título: "Niños, así se dan los golpes de Estado suaves". Y a esto voy, a los pasos principales que se han dado en este caso:

Primer paso: El presidente del colegio de jueces, en una rueda de prensa, ataca al Parlamento y su proyecto de independencia judicial y declara: "Al que se acerque a los jueces le rompemos las piernas, no vamos a poner en marcha leyes que salgan de este Parlamento".

Segundo paso: Mientras transcurre la campaña electoral de las presidenciales, empiezan a surgir declaraciones, como las pronunciadas por el candidato del régimen, que dicen que los Hermanos Musulmanes tenían armas el día de "la batalla de los camellos y de los caballos" (2 de febrero 2011) y son ellos los que asesinaron a los manifestantes, sin presentar ninguna prueba al respecto. El pánico y la falta de confianza aumentan, el ciudadano que está en su casa siente que todos le engañan y que la revolución ha sido una obra de teatro. Todo esto, acompañado con problemas de la vida diaria, campañas contrarrevolucionarias y rumores de todo tipo, principalmente aquellos que dicen que Egipto está en peligro. Además de una campaña de anuncios en la televisión pública, pidiendo la colaboración ciudadana, advirtiendo de que el país está lleno de espías y cualquier extranjero o chico de estilo "moderno" que te hable en un café puede ser un espía.

Tercer paso: El ministro de Justicia promulga una orden que otorga el derecho a los oficiales de la policía militar y a los servicios de espionaje militar a detener a cualquier ciudadano, interrogarlo y llevarlo ante la justicia militar. Entre los motivos para ser detenido: criticar o despreciar al presidente.

Cuarto paso: El Tribunal Constitucional, dos días antes de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, disuelve el Parlamento y declara inconstitucional la ley que impide a los hombres de Mubarak ocupar cargos públicos. La policía ocupa el Parlamento y no permite la entrada a ningún diputado. Anteriormente, la jueza Tahany Al Gebaly, miembro de ese tribunal, estrella televisiva y cercana al consejo militar, le dice sonriendo a un diputado en un debate televisado: "Cuidado, te tengo sujeto entre mis dientes".

Quinto paso: Se celebra la segunda vuelta de las elecciones y justo cuando comienza el recuento de votos, la junta militar anuncia una declaración constitucional a través de la cual recupera todos los poderes, incluso el legislativo, extiende su presencia en el poder, cancela la fecha del traspaso de poder anunciada anteriormente como el 30 de junio, hace que el presidente electo sea un muñeco sin ningún tipo de poder, salvo el protocolario, diseña una nueva hoja de ruta distinta a la presentada en el llamado "periodo de transición", blinda a la cúpula militar y al ejército ante cualquier tipo de control o cuestionamiento y se asegura el 40% de la economía egipcia que está en sus manos. Y lo más importante, otorga a los militares el derecho de formar la asamblea constituyente y de rechazar cualquier artículo que no les guste.

Sexto paso: Los dos candidatos presidenciales discuten sobre las irregularidades que han cometido cada uno de ellos y ambos se proclaman vencedores.

Séptimo paso: La junta militar promulga una nueva ley relativa a la constitución del Consejo Superior de Seguridad Nacional -que concentra todos los poderes en temas claves que afectan a la nación- que queda formado por 11 militares y 6 civiles, entre ellos el presidente de la República, pero con solo un voto de los 17.

Octavo paso: Crear el pánico. El país está en peligro, Al Qaeda actúa en el Sinaí, Israel nos va a atacar. ¡Mubarak murió, Mubarak no murió!

Noveno paso, pero no último: "Queridos ciudadanos, no os preocupéis, en cualquier caso el próximo presidente, si es que llega a ocupar su cargo, tendrá un mandato de solo nueve meses". El comité electoral retrasa el anuncio de los resultados, los islamistas salen a las plazas mientras sus dirigentes negocian con la cúpula militar, y los tanques salen de nuevo a las calles.

¡Este es el post-modernismo en el terreno de los golpes de Estado! Pero, todavía faltan los capítulos sangrientos.