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Las claves de la semana: Donde dije Pedro, ya digo Susana

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EFE
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También esto pasará. En poco tiempo. Antes de lo que desearía Pedro Sánchez y después de lo que querrían otros. Pero se irá. De hecho, ya se está yendo. Poco a poco. El PSOE volverá a ser el PSOE, y con el PSC dentro, de otra manera, pero dentro. Atrás quedarán las palabras gruesas, las amenazas de ruptura, los silencios y los desplantes. No será amor, sino conveniencia. De nuevo, lo orgánico por encima de lo político. Pero ya se ve todo de otro modo: que el PSE ha cerrado un pacto de gobierno con un partido que defiende el repudiado derecho a decidir, pues es que ha primado la estabilidad y el ejemplo del nacionalismo moderado; que Idoia Mendia defiende una nación vasca, pues es que se ha guiado por la definición del Consejo de Europa.

Ni épica ni belleza

Como en las mejores novelas, los socialistas intercalan como nadie el desgarro y la mesura, el miedo y el deseo, la desolación y el gozo. Y, aunque no haya un ápice de épica ni de belleza en el relato de la más profunda de sus crisis, en el fondo todos saben que aquellos a los que han amado no pueden desaparecer sin más de su historia ni de su proyecto, mucho menos de sus cálculos orgánicos.

Díaz coordinó con Fernández la visita de Iceta

Mes y medio después de aquél Comité Federal de infausto recuerdo que acabó con la salida de Pedro Sánchez por la puerta del garaje de Ferraz, apenas quedan "sanchistas" y todo el mundo se resitúa en torno a Susana Díaz, la aspirante más esperada de cuantas haya habido en la historia de la política reciente. Hasta Miquel Iceta, el más firme apoyo orgánico con el que contó el exsecretario general del PSOE, ha viajado a Sevilla en busca de clemencia. El propio Iceta informó a Javier Fernández que tenía intención de entrevistarse con algunos barones para explicar la posición del PSC en esta crisis y la andaluza coordinó el encuentro con el presidente de la gestora. El primer secretario del PSC seguirá la ronda con Guillermo Fernández Vara y Emiliano García Page, los tres secretarios generales más críticos con el socialismo catalán y más decididos a revisar el protocolo de relaciones que une a ambos partidos desde 1978.

iceta

Tres horas de larga conversación con Susana Díaz el jueves por la noche, y apenas hay ya diferencias entre el socialismo catalán y el andaluz. La Declaración de Granada vuelve a ser el punto de encuentro, aunque cada uno haga de ellas diferentes lecturas. Cosas veredes, amigo Sancho, después de lo escuchado a unos y a otros.

Próxima parada, Bruselas

El caso es que en esta semana que acaba, el PSOE ya es otro PSOE. La inflamación ha bajado y seguirá bajando porque la de Triana ya dice que todo lo escuchado a Iceta encaja en Granada, y el de la calle Guatemala promete ser neutral en unas futuras primarias si es que finalmente las hubiera. Que lo suyo con Sánchez -añade- fue porque era secretario general, y no porque se llamara Sánchez. Ahí es nada.

Todo vuelve a ser una fiesta en el impostado socialismo, después de que a Díaz alguien le haya convencido de que no le conviene para su estrategia que los socialistas catalanes salgan del censo que pueda votar en las próximas primarias.

Ya saben: si no puedes con tu enemigo, alíate con él. Y eso es lo que está haciendo, además de codearse en Madrid con algunos sectores estratégicos para la izquierda. Un día con el mundo de la cultura, otro con los de la LGTB... A todos deja impresionados con su poderío. La siguiente parada será Bruselas, donde desplegará una agenda mixta entre lo institucional como presidenta de Andalucía y lo político como dirigente socialista, incluido un mitin en la agrupación socialista de la capital belga.

Xirivella y Manolita Chen

Donde dije Pedro, ya digo Susana. La secretaria general de los socialistas andaluces quiere el camino expedito y para ello le hacen de cicerones en Madrid algunos de sus antes enemigos. La entrega a Díaz es absoluta mientras se diluye el "sanchismo" y el ex secretario general del PSOE ha tenido que ampliar su plataforma a los simpatizantes porque entre los militantes ya no encuentra el apoyo esperado.

Hoy reaparece en Xirivella (Valencia) que, como dice un socialista de colmillo retorcido, suena a un acto del teatro chino de Manolita Chen, aquella compañía de teatro español que tan bien combinó a mitad del siglo pasado el circo, la revista musical y el espectáculo de variedades. Le acompañarán Odon Elorza y José Antonio Pérez Tapias, pero ninguno de los siete secretarios generales con cuyo apoyo dice contar. De ahí sus dudas. Parece que Sánchez no tiene ahora claro que esté en condiciones para la reconquista. Y es que el clima ya no es el mismo.

Rita y la división en el PP

Así ha virado el socialismo en una semana en la que la muerte repentina de Rita Barberá sorprendió a propios y extraños el hizo otra vez de Podemos el protagonista de la escena política al salirse del hemiciclo en el momento en que la Cámara Baja guardaba un minuto de silencio por el fallecimiento de la exalcaldesa de Valencia.

48 horas de debate sobre la diferencia entre un homenaje y un gesto de respeto y recogimiento en el momento de la muerte le llegue a quien le llegue, por muchas sombras que tuviera su trayectoria política. Si en la política de hoy no son capaces de entender esto es que quizá se esté perdiendo algo más que el sentido común. Justo el que abandonó el portavoz popular, Rafael Hernando, al relacionar torticeramente el papel de la prensa con la muerte de la senadora valenciana. La familia de Barberá puso los puntos sobre las "iíes" al sentenciar que la exalcadesa había muerto de pena y la más fundamental era la que le causaron los suyos.

rita barberá

Barberá, que rozó la gloria política y social, nunca entendió el repudio de los suyos, que cuando aún con su excompañera de cuerpo presente corrieron a lavar su mala conciencia por haberla forzado a dejar la militancia y a trasladarse al Grupo Mixto en el Senado. Ni Levy, ni Casado, ni Maillo, ni Maroto... A la senadora se la apartó porque convenía al PP en su conjunto, y no porque una nueva generación de políticos populares que no habían nacido cuando Barberá se afilió al partido, defendiera en conciencia que era lo justo y necesario.