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Estoy atrapada en Alepo y temo por la seguridad de mi futuro hijo

Publicado: Actualizado:
ALEPPO
Abdalrhman Ismail / Reuters
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Soy directora de una guardería dirigida por la ONG internacional SOS-Kinderdorf (Aldeas Infantiles SOS) y mi trabajo consiste en ayudar a mantener la seguridad de los niños. Pero estoy atrapada en Alepo y temo por la seguridad de mi futuro hijo.

Me preocupa todos los días. ¿Daré a luz en una ciudad en la que se bombardean los hospitales? Incluso aunque consiguiera ir a una clínica decente, los cortes de electricidad son muy frecuentes y eso podría poner en riesgo de la vida de mi hijo. Muchos recién nacidos ya han muerto en la incubadora por culpa de esos cortes de electricidad.

Aunque mi hijo naciera sin problemas, no podría darle una vida normal. ¿Dónde compraría los pañales y la comida? Aunque tuviera acceso a ellos, lo más probable es que no pudiera permitírmelos.

A día de hoy todavía puedo permitirme comprar fruta y verdura. Pero es muy difícil y caro ingerir la suficiente cantidad de vitaminas y minerales.

Los estridentes sonidos de la guerra me hacen temblar. Las sirenas de las ambulancias me recuerdan lo fácil que es morir en Alepo.

Vivo a un kilómetro y medio del centro de la ciudad. No bombardean esta zona a menudo, pero sigo viviendo con miedo. En julio, mi marido y yo estuvimos a punto de morir porque decidimos ir a un supermercado al que alcanzó un proyectil ese mismo día.

Si hubiéramos entrado en el supermercado unos minutos antes, habríamos muerto.

Ya no nos sentimos seguros. Pero las cosas son así: estamos atrapados en Alepo y tenemos que lidiar con ello.

Encontrar agua potable es una de las mayores dificultades de nuestro día a día.

El agua de la que disponemos en Alepo actualmente no es potable y provoca sarpullidos y dolores estomacales, especialmente a los niños.

Y yo me pregunto: si ni siquiera puedo tener acceso a agua potable, ¿cómo voy a poder darle a mi hijo todo lo que necesita?

Podría estar enfermo ya. No dejo de escuchar que están utilizando gases venenosos en Alepo. No sé si es verdad, pero vivo con el miedo de que ese gas haya llegado a los pulmones de mi futuro hijo.

No quiero que mi niño sea un hijo de la guerra, quiero que tenga una oportunidad de vivir una vida normal.

No dejamos de escuchar bombardeos y disparos, de día y de noche. Hace dos semanas llegó un cartucho hasta mi habitación. Noté que el bebé se movía dentro de mí y di las gracias porque supe que seguía vivo.

Los estridentes sonidos de la guerra me hacen temblar. Las sirenas de las ambulancias me recuerdan lo fácil que es morir en Alepo.

Quiero que mi hijo nazca sano y fuera de Alepo. No quiero que sea un hijo de la guerra, quiero que tenga una oportunidad de vivir una vida normal.

Llevo 12 años trabajando en el proyecto de ayuda de Aldeas Infantiles SOS, desde que tenía 18 años. Me he esforzado por proteger los derechos de los niños y también quiero garantizarle esos derechos a mi hijo. Quiero que crezca feliz y a salvo, ¡eso es lo único que importa!

Este artículo fue publicado originalmente en la edición alemana de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Irene de Andrés Armenteros.