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Austria, ¿la situación es seria o catastrófica?

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Foto: EFE

El filósofo Slavoj Zizek cuenta una anécdota de la Primera Guerra Mundial que probablemente es una leyenda urbana. El cuartel general alemán envió un cable a su homólogo austriaco con el texto: "En nuestra parte del frente la situación es seria pero no es catastrófica". A lo que los austriacos respondieron: "Aquí la situación es catastrófica, pero no es seria". Digamos que en este caso podríamos cambiar la situación, y donde dice Alemania, poner Unión Europea.

Durante unas horas, toda Europa estuvo pendiente de los resultados de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del pasado 22 de mayo en Austria ante la posible victoria del candidato de la extrema derecha, el vicepresidente del Partido Liberal (FPÖ, Freiheitliche Partei Österreichs) Norbert Hofer, a falta del recuento de los 70.000 votos por correo. Contados éstos, la balanza se inclinó, por poco, por apenas 31.000 votos, del lado del candidato verde Alexander van der Bellen. Un resultado que causó alivio en la mayor parte de las cancillerías europeas ante la posibilidad de que Austria fuera presidida por el dirigente de un partido euroescéptico que ha pedido la salida de su país de la eurozona, que sostiene que hoy no entrarían en la Unión Europea si tuvieran que hacerlo y que rechaza que los austriacos contribuyan a los fondos para los refugiados o para "el saco sin fondo del sur", sobre todo Grecia, de la que piden su salida de la UE.

Pese a no haber logrado la presidencia, tanto por el 36,4 por 100 de los votos logrados en la primera vuelta y el 49,8 por 100 obtenidos en la segunda, sumados al 32,3 por 100 obtenidos en las municipales de Viena de octubre de 2015, se puede decir que el FPÖ ha logrado una gran victoria, teniendo en cuenta los resultados obtenidos en unas elecciones marcadas por una elevada participación: el 72,7 por 100.

Ya abordamos en El Huffington Post, después de aquellas municipales vienesas de octubre de 2015, en el texto titulado Viena 'la roja' pierde color, las raíces históricas, políticas y culturales austriacas que explicaban el ascenso del FPÖ. Hoy, ante su consolidación, abordaremos algunas de las razones sociopolíticas más recientes que le han llevado a obtener tales resultados en las presidenciales.

Es curioso que en el barrio vienés de Simmering, tradicional bastión socialista, se haya impuesto el FPÖ con el 42,9 por 100 de los votos.

En primer lugar, la razón del éxito del FPÖ se debe a su cambio de imagen. La moderación, no tanto de sus postulados como de la forma de exponerlos, ha hecho que para una gran parte del electorado, casi la mitad de los austriacos, el FPÖ haya dejado de ser un peligro, marcado por el estigma de la demonización que arrastró durante muchos años, cuando fue fundado en 1955 por antiguos nazis, o cuando se hizo con el liderazgo en los años noventa Jörg Haider, que mostraba sus respetos por los SS.

Además de la moderación, ha influido la situación sociopolítica. Aunque el paro no es elevado, el 4,8 por 100, la economía está estancada, lo que hace que crezca la incertidumbre y el miedo entre las capas más humildes de la sociedad. Como ocurre en otros países, la extrema derecha se ha convertido en Austria en el partido de los obreros. Una clase social que se siente abandonada por una izquierda tradicional cada vez más alejada de sus problemas, que acepta la austeridad económica impuesta desde Bruselas (o Berlín) tras la crisis económica de 2008, y una globalización galopante que sólo conlleva la desregulación empresarial y las privatizaciones. Una situación que sólo les lleva a la incertidumbre y a temer la pérdida de los derechos adquiridos y su Estado de bienestar. Es curioso que en el barrio vienés de Simmering, tradicional bastión socialista, se haya impuesto el FPÖ con el 42,9 por 100 de los votos. Y lo llamativo es que en este barrio de clases humildes no sólo han logrado el voto de obrero local, sino también, paradójicamente, el de algunos inmigrantes que también ven amenazada su estabilidad económica y seguridad por la llegada de otros emigrantes.

Precisamente la cuestión de los emigrantes ha sido una de las grandes bazas de esta campaña. Los trabajadores ven en ellos un serio competidor que puede abaratar el mercado laboral en un momento económicamente incierto. El resto de los votantes del FPÖ, como una fuente de gastos sociales que reduce el destinado a los autóctonos, sumado a una supuesta inseguridad ciudadana que se atribuye a los inmigrantes sin datos fiables, aunque varios robos y violaciones recogidos por los medios han ayudado a ello; y, por supuesto, también está el miedo al terrorismo islámico después de los atentados de Bruselas y París.

Austria está en el centro geográfico de la crisis de los emigrantes y se convirtió en uno de los países de acogida de la Unión Europea: con una población de 8,7 millones de habitantes recibió 90.000 demandas de asilo 2015, frente a las 28.000 de 2014, "más del número de nacimientos", en palabras no de los militantes del FPÖ sino del dirigente socialista Heinz Fischer. En septiembre del año pasado, cruzaron la frontera desde Hungría 200.000 refugiados.

Otra cuestión que ha influido en el resultado obtenido por el FPÖ ha sido el factor protesta contra los partidos que tradicionalmente han gobernado desde el final de la Segunda Guerra Mundial, conservadores y socialistas. Cansados por la falta de medidas de ambas fuerzas políticas ante la cuestión migratoria y la carencia de ideas y el inmovilismo para relanzar la economía tras la crisis de 2008, el voto obrero, como ya hemos visto, y el de una amplia capa de la juventud que ve el futuro con cierta incertidumbre se han ido al FPÖ. Tanto socialdemócratas como conservadores quedaron barridos en la primera vuelta, con apenas un 11 por 100 de los votos, lo que provocó la dimisión del primer ministro socialista Werner Faymann. Desde 2007, el voto es a partir de los dieciséis años, y ya al año siguiente, el FPÖ se hizo con el 40 por 100 del voto juvenil. Para mantenerlo, no han dudado en presentarse como un partido moderno y joven, y que su líder, Heinz-Christian Strache, grabase un videoclip con música rap que superó el millón de visitas en Youtube.

Se ha apuntado que parte del éxito se ha debido al aspecto amable del candidato a presidente, Norbert Hafer, pero lo cierto es que aunque lleva veintidós años en el FPÖ, era prácticamente un total desconocido en Austria antes de que se iniciase la campaña electoral, lo que implica que el éxito se debe más al peso que ha cogido el partido que a la presencia de un líder carismático como en su día Jörg Haider, muerto en accidente en 2008. Este ingeniero aeronáutico de 45 años, vicepresidente del parlamento desde 2013, es más moderado que algunos de los anteriores líderes del FPÖ que, como Barbara Rosenkranz mantenía ciertas ambigüedades con respecto al nazismo, o Andreas Mölzer , que en las elecciones europeas de 2014 manifestó que la Unión Europea era un "conglomerado de negros".

En la campaña de las presidenciales, el FPÖ se ha presentado como centrista, equiparable a los demócratas estadounidenses. Incluso dio gracias de que en Austria no hubiera un partido como los neonazis griegos de Amanecer Dorado y se permitió el lujo de llamar "fascista verde" a su rival Van der Bellen. Según Der Kurier, Hafer es "la cara amable del FPÖ", si bien, como matizó el periódico Osterreich, "defiende las mismas ideas de Strache [líder del FPÖ] pero con piel de cordero". Van der Bellen había avisado del peligro de que una victoria del FPÖ terminara convirtiendo a Austria en una "república autoritaria".

Norbert Hafer ha representado la renovación del partido. Según una encuesta de Public Opinion Srategies, el 30 por 100 de su electorado le votó por ser "joven y dinámico" frente a los demás candidatos que les resultaban "muy viejos". Ha manifestado que lleva una pistola Glock para "protegerse" según manifestó al Telegraph.

Austria ya ha pasado a formar parte del club de países como Hungría, Polonia, Finlandia, Dinamarca o Eslovaquia, en los que la derecha radical o extrema, ha tocado o acaricia el poder.

El cargo presidencial es más protocolario que político, pero tiene algunas competencias como la de disolver el Parlamento, lo que prometió hacer, de haber ganado las elecciones si no endurecía las políticas con respecto a la inmigración. Ya que su objetivo es que se atienda "primero a los austriacos". Nacionalista y preocupado por el futuro de la identidad austriaca, mantiene que a este ritmo de recibir inmigrantes, en 2050 la mitad de los niños austriacos serán musulmanes y que no quiere que Austria sea "un país de mayoría musulmana".

Los resultados del FPO han sido aplaudidos por sus homólogos franceses del Frente Nacional de Marine Le Pen, holandeses del Partido de la Libertad de Geert Wilders y los alemanes de Alternativa para Alemania. Austria ya ha pasado a formar parte del club de países como Hungría, Polonia, Finlandia, Dinamarca o Eslovaquia, en los que la derecha radical o extrema, ha tocado o acaricia el poder. El FPÖ no ha parado de crecer en la última década. Actualmente es la tercera fuerza política en el Parlamento. Su objetivo ahora es la cancillería en las legislativas de 2018, y a día de hoy, son los favoritos en las encuestas. Van der Bellen ya ha anunciado que no nombraría canciller al candidato del FPÖ, Heinz-Christian Strache, si gana las elecciones. El FPÖ, en la época de Jörg Haider, ya llegó al Gobierno en 1999 al lograr el 26,9 por 100 de los votos. Entonces, la Unión Europea le impuso a Austria una serie de sanciones que se levantaron a los pocos meses. No creemos que hoy se vaya a repetir aquella reacción europea. Quizá porque aún no sepamos diferenciar si la situación es catastrófica o es seria.