Consiste en aplicar restricciones sobre la extracción de dinero mantenido en las cuentas en el banco, cuyo objetivo es evitar la salida en masa de depósitos del sistema que pueda llevar a la quiebra de las entidades bancarias. No es inocuo, ya que limita el gasto y funcionamiento normal de familias y empresas.
A diferencia de Chipre, Argentina buscó proteger a sus entidades financieras, más allá de las arduas discusiones entre los banqueros y las autoridades. Dos de los principales del país estaban en serias dificultades. Otros, antes de cerrarse por insolvencia, fueron adquiridos o absorbidos por sus competidores.
Me temo que los líderes europeos y del FMI han podido empezar una fuga de depósitos que puede tener un efecto incalculable, y no sólo para Chipre sino para el resto de la Unión por el posible efecto contagio. Estuve Bruselas hace unos días y no deja de sorprenderme la pasividad que se observa al hablar con líderes europeos y académicos.
Mientras buscan el modo de solucionar el lío de Chipre, a los funcionarios europeos les vendría bien recordar constantemente una realidad que, sospecho, no es en absoluto exclusiva de España: pese a toda la alegría que se desprende del descenso de los déficits y de la reducción de los diferenciales de crédito soberano, los ciudadanos todavía no observan una mejora notable en su nivel de vida, actual o futuro. Y cuanto más persista dicha situación, más complicado será encontrar el tipo de reformas políticas necesarias para evitar de manera tajante más años de dificultades económicas.