Le iría mucho mejor a la izquierda europea si pusiera su atención en líderes de izquierda sensatos, que también los hay en América Latina, como Lula o Velasco, y menos en Chávez y sus cantos de sirena.
De momento la política de Estados Unidos con Venezuela será de observación, indirectas promesas de ayuda y de ignorar las impertinencias verbales que vengan de Maduro. El único cambio sustancial puede derivarse si la seguridad nacional fuese amenazada.
Una de las muchas comparaciones históricas que se están haciendo estos días sobre la figura de Chávez es con Juan Domingo Perón, el tres veces presidente argentino que dio nombre a una de las corrientes políticas más longevas -e informes- de su país. Sin embargo, más que a él, esta situación a mí me recuerda a ella, a su mujer, a Eva Duarte de Perón.
Una renta petrolera anual estimada en 150 mil millones de dólares lo transformó en un personaje económico decisivo para sus vecinos latinoamericanos y hasta para España. En Venezuela repartió 61 mil millones de dólares en beneficios sociales. Sin embargo, generó más déficit fiscal y más deuda.
Como buen caudillo, conocía las preferencias de sus gobernados y sabía endulzarles el oído. En folclóricas alocuciones, expropiaba empresas, con la misma facilidad con que hablaba de su vida sexual; o insultaba presidentes con el mismo tono que ordenaba el envío de tanques a la frontera con Colombia o cerrar medios de comunicación.
Chávez encajaba, sin duda, en el perfil de caudillo latinoamericano. Al igual que el expresidente colombiano Álvaro Uribe, que siempre disfrutó del tratamiento de un mandatario "serio" en los grandes medios europeos y norteamericanos. Pero, más allá de esta guerra de etiquetas, lo importante es que la mayoría de los venezolanos, sobre todo los más pobres, apoyaban de manera inquebrantable a Chávez en las elecciones.
Huguito es corajudo y bravucón. Para unos, Huguito es un búfalo desatado, un gorila rojo, pura sangre brava. Para otros, un militarote, un populista, un histrión. Todos, sin embargo, coinciden en que Huguito es socialista, feo y libertador.
Muchos gobernantes de peso estaban pendientes de las elecciones presidenciales en Venezuela. Por primera vez, la posibilidad de un tercer mandato de Hugo Chávez corría peligro. Y con ello, los lazos comerciales tanto privados como públicos con el tercer PIB de América del Sur.
Por primera vez en sus catorce años de liderazgo, Chávez se enfrenta a un rival, Capriles Radonsky, al que ha ninguneado, incluso a veces irrespetado y siempre descargado su verbo feroz y directo. Capriles Radonsky se ha apoderado del rol de David.