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El país que quiero

27/12/2014 10:14 CET | Actualizado 25/02/2015 11:12 CET

El país que quiero debe ser el país en el que todos los ciudadanos tengan acceso a la justicia y defender tus derechos no te salga tan caro que te desanime a la hora de defenderlos. Quiero un país que pague impuestos -pero progresivos, no igualitarios como el IVA- para que tengamos una sanidad pública que se ocupe de nuestra salud con dignidad y que incluso pueda ayudarnos a morir dignamente, si ese es nuestro deseo. Quiero una educación pública y de calidad, sin aulas masificadas y con suficientes profesores de apoyo, una educación que no separe por sexos y que enseñe Educación para la ciudadanía, una asignatura con la que los jóvenes aprendan los valores cívicos de una sociedad democrática y abierta. Quiero una Universidad sin endogamia en la que los méritos profesionales y académicos sean los únicos requisitos para trabajar en ella. Quiero un país en el que paguen más los que más tienen, sobre todo las enormes empresas que ganan cientos de millones en este país, y que sin embargo apenas sí aportan a la caja común.

Quiero un país que tenga como una de sus prioridades la defensa de los derechos humanos y en el que los que no pueden valerse por sí mismos -ancianos, discapacitados, enfermos y personas sin recursos- reciban la ayuda del Estado para que puedan llevar una vida digna.

Quiero un país ecológico y respetuoso con los animales, nuestros iguales, donde se los defienda de los maltratadores. Quiero vivir en una sociedad en la que los animales tengan derecho a no ser explotados cruelmente como si no tuviéramos nada que ver con ellos. Quiero un país que ayude a encontrar trabajo a los que no lo tienen a través de un INEM que sea de verdad eso, y no lo que es ahora. Quiero un Ministerio de Cultura que apoye la cultura, con ayudas dignas a la creación, con un ministro que ame y apoye la cultura, no como Wert, el ministro de la anticultura, el ministro del lado oscuro de la fuerza. Quiero una ciencia respaldada por el Estado, cuyos beneficios reviertan en la sociedad y suficientemente apoyada como para que nuestros científicos no tengan que marcharse fuera. Quiero un país abierto, generoso y respetuoso..., y una sociedad que no sea un campo de batalla en la que impere la ley del más fuerte, del más agresivo. No quiero una sociedad en la que gane más el más macho, el más violento, el que está dispuesto a pisar más cabezas, y todo con el único fin de acumular más dinero, tener un coche más grande y vestir ropa exclusiva.

Quiero un país en el que todo el mundo viva dignamente, una sociedad sin mendigos, sin gente rebuscando en la basura y sin personas que no tengan un techo bajo el que refugiarse. Quiero una sociedad que no pase frío porque no puede pagar el recibo de la luz y que no pase hambre porque no tiene dinero para la cesta de la compra. Quiero una sociedad con lo bueno de esta, pero mejorada. Una sociedad distinta en la que todo el mundo tenga las mismas oportunidades, sin que por tu apellido o tu origen estés predestinado a ser o a no ser. Quiero un país en el que el dinero no ocupe el lugar de la ley, ni el poder usurpe el lugar de la democracia. Un país en el que todos los ciudadanos sean escuchados y sean iguales, de verdad, ante la ley. Un país en el que el cuerpo de las mujeres sea de verdad suyo, no del Estado, sin violencia de género y en el que las personas LGTB sean respetadas. Un país en el que los crímenes de odio nunca queden impunes. Quiero un país en el que las personas pobres o discapacitadas no dependan de la caridad o de la suerte para vivir y comer, sino que la solidaridad sea el motor que nos mueva. Quiero un país en el que el ejército y la policía estén al servicio del ciudadano, no al servicio de aquellos que maltratan a los ciudadanos y les impiden manifestarse o decir lo que piensan de forma pacífica.

Quiero un país en el que la religión sea algo privado y espiritual, no una multinacional ni una cuestión de Estado y que en España el Estado Vaticano no trate de imponer su doctrina, ni cómo tiene que ser las vidas de millones de ciudadanos. Quiero una desamortización que nos devuelva todo lo que El Vaticano nos ha robado (inmatriculado) durante los últimos años y confío en que la Iglesia pague impuestos por todos los bienes muebles e inmuebles que tiene y por todo el dinero que recauda. Quiero un país en el que la codicia no sea el mal más extendido. Un país en el que la felicidad y el bienestar de todas las personas sea el principal objetivo de todos. Un país en el que los que nos representan sean como nosotros, no unos nuevos ricos dispuestos a chuparnos la sangre para enriquecerse lo antes posible a nuestra costa. Quiero unos políticos que no pongan por delante de nuestros intereses los suyos o los de los empresarios.

Quiero una Familia Real, que sea una familia real. Quiero una religión real, una sanidad real, una educación real, una ciencia real, una cultura real, unos políticos reales... una vida real compartida con gente real. Y estoy convencido de que con el esfuerzo de todos podemos conseguir todos estos objetivos.