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06/06/2012 13:06 CEST | Actualizado 07/06/2012 09:14 CEST

Así espantaban a los 'vampiros' de la Edad Media

Afp

Un equipo internacional de arqueólogos ha hallado en Bulgaria dos esqueletos de la Edad Media que fueron enterrados con el pecho perforado por barras de hierro para evitar que se convirtieran en 'no-muertos', según ha publicado 'Arqueological News'.

Se trataba de una práctica habitual en Europa occidental y central cuando sospechaban que una persona era un 'vampiro'. Según el director del Museo Nacional de Historia de Bulgaria, Bozhidar Dimitrov, en los últimos años, se han descubierto más de 100 personas enterradas en Bulgaria de esta forma y, en su mayoría eran "aristócratas y clérigos". En este sentido, ha apuntado que "no hay mujeres entre ellos". "No tenían miedo de las brujas", ha indicado.

La tumba hallada ahora, que data de hace 800 años, está cerca de un monasterio en la ciudad búlgara de Sozopol, en la costa del Mar Negro. El ha explicado que "estos dos esqueletos apuñalados con barras ilustran una práctica que era común en algunos pueblos de Bulgaria hasta la primera década del siglo 20".

De acuerdo con las creencias paganas, las personas que se consideraba que habían sido malas durante su vida podrían convertirse en vampiros después de la muerte a menos que se les propinara una puñalada en el tórax con una varilla de hierro o de madera antes de ser enterrados. La barra 'fijaba' el cadáver en su tumba y evitaba que el no-muerto se levantara a medianoche para aterrorizar a los vivos.

Los historiadores explican que la sucesión de plagas que asolaron Europa entre los años 1300 y 1700 fomentó la creencia en los vampiros debido, principalmente, a que la descomposición de los cadáveres no se comprendía bien. Cuando los sepultureros reabrían las fosas comunes veían cuerpos hinchados por el gas, con el pelo largo y con sangre manando de la boca, lo que les hacía creer que estaban vivos.

A esto se le unía que las mortajas usadas para cubrir los rostros de los muertos a menudo se deshacían por las bacterias de la boca, revelando los dientes del cadáver. "A los vampiros se les conocía como los comedores de mortajas", ha explicado Dimitrov. Así, según textos medievales médicos y religiosos, el "muerto viviente" chupaba la "vida útil" de los cadáveres que le acompañaban en la fosa hasta que adquiría la fuerza necesaria para regresar a las calles.

Por este motivo, también ha habido casos en los que se han encontrado cadáveres con objetos en la boca, como los hallados en Venecia hace años. Se trata de un cuerpo del siglo XVI en el que el esqueleto porta un ladrillo en la boca con el objetivo de que no pueda 'chupar' la vida del resto de muertos de la fosa. "Para matar un vampiro había que quitar la mortaja de su boca, que era su alimento, y poner algo incomible", ha explicado el historiador.