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27/11/2012 16:34 CET | Actualizado 27/11/2012 16:34 CET

Prueba: Porsche 911 Carrera 4S Cabrio

Después de un buen puñado de paseos con las diversas versiones de la nueva generación 991 del Porsche 911 en los últimos 18 meses, hemos concluido en varias ocasiones que, dado su perfil de "Gran Turismo" más que de deportivo "puro y duro", a este coche probablemente le encajaba mejor un sistema de tracción total.

Pues bien, nos ha tocado, por fin, poner las manos encima de un Carrera 4S, con tracción total, un buen puñado de caballos, y en el caso del modelo de las imágenes, con el techo descubierto.

Lo cierto es que Porsche nos preparó un programa muy ajustado para probar sus nuevos modelos de tracción total, ya que teníamos para probar de todo: desde los cupé 4 "normales" al 4S cabrioleto hasta arriba de equipamiento y con cambio PDK.

Barato el aparato no es (147.863€ para un Carrera 4S Cabrio, opciones a parte). Espacioso tampoco, ya que es un estricto dos plazas más "una". Y no es porque tenga una sola plaza detrás... Apuesta por dos asientos, pero más de un ser humano no cabe en ese hueco, menos si le tienes algo de aprecio personal al individuo que allí se aposente...

Contaba Porsche en su interminable presentación previa a la conducción que desde que en 1989 se lanzó la opción de la tracción total, esta se ha convertido en un 41% del total de ventas. Y es que se convierte con ella el 911 en un coche mucho más "apto" para todas las circunstancias y todos los niveles de "manos al volante".

Una carretera sucia, húmeda y con niebla baja nos recibió entre el frío de la jornada para probar el coche. Vale, en cualquier otra circunstancia, con un deportivo como el 911, podríamos tener esas mariposillas estomacales que anticipan momentos de adrenalina extrema mientras intentamos domar la bestia. Pero la realidad es bien distinta. A los mandos de este aparato, con control de tracción, control vectorial de la guiñada, autoblocante, y tracción total la carretera parecía estar seca y los neumáticos calientes. Y es que el agarre, el nivel de tracción, es tan elevado gracias al cuidado trabajo de la electrónica que llega a costar creérselo.

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