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21/03/2014 10:28 CET | Actualizado 21/03/2014 10:28 CET

Los humanos podemos distinguir más de un billón de olores

Zach Veilleux / The Rockefeller University

Relegado al rincón de los sentidos, el olfato ha resultado ser el más complejo y variado de los cinco que tienen los seres humanos. La capacidad para distinguir aromas es muy superior a la de captar colores o sonidos. Si de estos diferenciamos unos cuantos millones como mucho, de aquéllos, se pueden distinguir un billón y tirando muy por lo bajo.

Investigadores de Estados Unidos querían comprobar si lo que venía aceptando la ciencia era cierto. En los años 20 del siglo pasado se había calculado que el ser humano podía distinguir 6.561 olores. La cifra subió luego a los 10.000 y se convirtió en una verdad aceptada.

Esto colocaba al olfato muy por detrás de otros sentidos en capacidad de discriminación y riqueza sensorial. Por comparar, las personas pueden diferenciar de media unos 340.000 tonos. En cuanto a los colores, los más recientes estudios revelan que la capacidad humana para distinguirlos va desde los 2,3 millones hasta los 7,5 millones para los que tenga mejor vista.

“Nuestro estudio muestra que la capacidad humana para discriminar olores es mucho mayor de lo que nadie podría haber imaginado”, dice Leslie Vosshall, del Instituto Médico Howard Hughes, y coautora del estudio publicado en la revista científica Science. En concreto, ellos estiman que los humanos pueden diferenciar un mínimo de un billón de olores, cifra que, como se verá más abajo, es muy conservadora.

Los científicos recopilaron 128 moléculas olorosas y tras igualarlas en intensidad, realizaron una serie de mezclas en combinaciones de 10, 20 o 30 moléculas para conseguir olores poco habituales. No quisieron hacerlas con más para no complicar en exceso el trabajo a la treintena de voluntarios que tuvieron que olerlas. En cada experimento, los sujetos tenían que llevarse a la nariz tres viales diferentes. Dos de ellos contenían la misma mezcla pero con proporciones desiguales de sus componentes y un tercero contenía una mezcla diferente. En total, cada voluntario tuvo que realizar 268 comparaciones.

Obtuvieron algunos resultados interesantes. Así, cuanto más se solapaban los componentes de un par de mezclas, más difícil les resultaba distinguirlas. Mientras la mitad pudieron diferenciar entre dos combinaciones que compartían hasta el 75% de moléculas odoríferas, sólo hubo unos cuantos que pudieron hacerlo cuando el porcentaje de igualdad en la composición llegaba al 90% y, por encima de ahí, nadie pudo diferenciar las mezclas. Pero todos lograron diferenciarlas cuando sólo compartían la mitad de las moléculas.

Pero lo impresionante es la cantidad de olores que los humanos pueden distinguir. Es evidente que no hicieron oler el billón de aromas a los voluntarios y una sencilla operación muestra que 268 comparaciones por 28 personas que participaron en el estudio no dan esa cifra. ¿Como han llegado a esta cifra? Aquí es donde el olfato muestra una complejidad muy superior a la de vista o el oído.

Mucho más complejo que el color

“Usemos los colores producidos por la luz a diferentes longitudes de onda como ejemplo”, explica Andreas Keller, del Laboratorio de Neurogenética y Conducta de la Universidad Rockefeller y principal autor del estudio. “Pongamos que hacemos un experimento psicofísico para determinar la diferencia más pequeña de la longitud de onda que aún puede ser distinguida por los humanos. Supongamos que descubres que, de media, los humanos pueden discriminar la luz cuando esta difiere en 0,0001 nanómetros (nm). Está demostrado que podemos ver la luz con una longitud de onda entre los 400 y los 700 nm. Por lo que se puede concluir que los humanos pueden discriminar entre 3 millones de colores diferentes. Puedes empezar en los 400 nm y su luz será distinguible de la de los 400,0001 nm, que se podrá diferenciar de la de los 400,0002 nm y así. Puedes dar tres millones de pasos desde los 400 nm a los 700 nm”, razona Keller.

Sin embargo, con el olfato todo se complica. Aquí no hay una escala única como es la longitud de onda. También, frente a los tres colores básicos, los límites del olor no están definidos. Para hacerse una idea, el de la rosa está formado por 275 componentes y aún así no todas huelen igual. Además, aunque usaron una gran cantidad de moléculas odoríferas, aún hay otras muchas. Y lo que es peor, su combinación da lugar a una enorme cantidad de aromas.

En el caso de su experimento, se puede calcular cuantas mezclas había en total: 1,72 × 10*12 que sean distinguibles por la mayoría de los humanos y sólo usando 30 componentes de la colección y descartando la mita de las mezclas porque alguno de los voluntarios no las sabía diferenciar. A diferencia del color, donde sólo hay una dimensión, aquí había 128 dimensiones. Lo demás es echar mano de la calculadora y hacer muchos números.

Lo paradójico de todo esto es que el olfato (y el gusto, que es una prolongación de él) ha quedado relegado a la categoría de sentido menor. Una prueba de ello es que todo el mundo sabe lo que es un ciego o un sordo, pero casi nadie acertaría a definir lo que es la anosmia (incapacidad de oler) o hiposmia (disminución de la habilidad olfativa) y menos aún ver a los que la sufren como discapacitados. Hasta Keller lo tiene claro: “preferiría ser anósmico que ciego”.

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