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16/07/2014 22:11 CEST | Actualizado 17/07/2014 12:32 CEST

Antony Hegarty: "Los humanos somos un virus para el planeta"

Clive Osbourne

Basta con haber pasado cinco minutos con Curro para entender el salto al estrellato de Antony Hegarty. El alma de Antony and the Johnsons, al que en los años 90 se podía ver en Nueva York con calzones de seda, botas militares y un "jódete" pintado en la frente, pasó de ser un artista alternativo a un adorado icono de grandes minorías. Todo gracias al álbum I'm a bird now (Ahora soy un pájaro, 2005). Es ahí donde se incluye Hope there's someone (Espero que haya alguien), su mayor éxito y una de sus canciones más personales.

Curro es un loro. Un loro verde, majestuoso y enorme, y un viejo colega suyo, que conoció hace dos años cuando participó en Vida y Muerte de Marina Abramović, una de las grandes apuestas operísticas del fallecido director artístico del Teatro Real, Gerard Mortier.

Antony, como se conoce al artista, espera a El HuffPost solo, con un té en una amplia y luminosa estancia de un hotel madrileño. Este viernes y durante cuatro días ofrecerá en el Teatro Real su aclamado y sinfónico espectáculo Swanlights, sólo representado antes en Nueva York (EEUU), Melbourne (Australia) y Londres (Reino Unido). Mira con una gran sonrisa, casi infantil, a un Curro que ni siente ni padece, pero que interrumpirá más adelante la conversación reclamando atención. Por momentos, Antony parece un activista de Greenpeace. Otros, una mujer en la lucha por la emancipación política. Siempre, alguien que reflexiona continuamente sobre la vida y la muerte. Pero tras sus ojos azules claros, sus dedos gordos y su estética de adolescente gótico se encuentra una persona "normal", promete. Normal, pero a la que Lou Reed definió como un "ángel".

— ¿Qué es España para usted?

Recuerdo cuando comencé mi gira y vi todos esos edificios abandonados al lado de edificios nuevos. Luego me di cuenta de que en España hay una sensación de vida y muerte por todas partes. En el norte [de Europa] y en América, la idea de la muerte se ha suprimido. No se habla de ella. Tratas de deshacerte de ella tan pronto como es posible, incluso en la arquitectura. Cuando un edificio comienza a deteriorarse, lo tiras y pones uno nuevo. Esa fue mi primera impresión. En España se ve el espectro completo y ustedes están cómodos en él. Lo segundo que descubrí fue la manera de divertirse, de celebrar la vida, algo que se ve en la música tradicional de España. La pasión. España es muy particular. Pasión directa al corazón.

— Su particular voz aguda, su presencia, su definición como transgénero (Antony no se siente plenamente realizado como hombre ni como mujer) entusiasma a algunos, pero asusta a otros. Hay quien lo considera hasta demasiado gay, si es que eso tiene algún sentido.

Lo primero, no tengo una voz aguda. ¿Le gusta James Blake? ¿Marvin Gaye? Ellos tienen voces más agudas que la mía. Hay personas con una extraña ansiedad, pero tengo una voz normal de tenor. La gente dice que es muy aguda por su aspecto femenino, pero es algo que no es exacto musicalmente. El que hace esa canción "Happy". ¿Cuál es su nombre?

— Pharrell Williams.

Él canta más agudo, pero nadie le pregunta por su voz dolorosamente aguda, ¿verdad? Creo que es un extraño miedo a la feminidad.

— ¿Ser una persona transgénero hace que le juzguen mal como músico?

No creo que todo el mundo piense que mi voz es así porque soy transgénero o gay. Sam Smith canta mucho más agudo que yo. Quizás el residuo emocional es femenino y por eso lo identifican así. Pero es mi voz natural, de siempre.

— ¿Se considera un ejemplo para las personas transgénero? ¿Se trata de una losa que no ha pedido?

No represento a ningún grupo de personas. Soy una persona con una voz, expresando mi experiencia. Entiendo que haya gente que pueda pensarlo, pero no puedo asumir esa representación. En EEUU hay ahora una explosión de las personas transgénero en la televisión, sobre todo gracias a Laverne Cox, de Orange is the new black, pero también a Janet Mock. Hasta ahora no se le habían hecho preguntas dignas sobre el tema y se está produciendo una emancipación a la que yo creo haber contribuido con mi espectáculo Turning.

— Hace años que proclama el feminismo del futuro. Que tenemos que reorientar nuestro mundo hacia la feminidad, que dios es una mujer. ¿Cómo va el empeño?

A veces pongo un ejemplo extremo. Las mujeres han sido esclavas de los hombres durante al menos 2.000 años reducidas a máquinas que cumplían un servicio. Va a haber una emancipación, no sólo de las mujeres sino dentro de los hombres. Los arquetipos de los hombres tienen que cambiar para crear una nueva gobernanza y un mundo sostenible. Pero es todavía un sueño. Estamos en un sistema tan opresor, con una jerarquía masculina que para que emerja un nuevo sistema no podemos hacer ajustes sutiles. El sistema tiene que ser nuevo, está por inventar. Y es una cuestión de supervivencia.

— Algo que tiene que ver con la destrucción del medio ambiente.

Durante 2.000 años hemos creado una civilización masculina que está acabando con la naturaleza. La temperatura está cambiando rápidamente, eso es algo que cualquier persona te dirá en la calle.

— Con un pensamiento femenino, el cambio climático no hubiera existido.

Exacto. No cagas donde comes. No destruyes la tierra de la que te sirves. El arquetipo masuclino nos ha separado de la naturaleza para explotar recursos naturales al servicio de un estilo de vida muy alejado de la naturaleza. Y se ha conectado a una religión que nos divorcia de ella. Que se proyecta en un paraíso situado en un cielo en alguna parte. Pero este es el sitio.

— ¿Por qué las mujeres lo tienen más claro?

No se trata estrictamente de hombres y mujeres, sino del lado femenino de los seres humanos. Siempre he pensado que antes de que un país considere ir a la guerra debería preguntar a las mujeres. Ninguna mujer o colectivo de mujeres va a estar de acuerdo con una guerra que masacrará a los hijos de las mujeres del otro bando. Son madres, lo entienden.

— ¿No habría guerra en Gaza?

Sí. Si decidieran las mujeres, acabarían poniéndose de acuerdo. Tendremos que tener la humildad como hombres de dirigirnos al punto de vista femenino Preguntémosles a ellas. Cambiemos por un día a los líderes por sus mujeres. A todos los hombres que toman todas esas decisiones y matan a toda esa gente, bombardean escuelas y hospitales, pregúnteles qué piensan sus mujeres. En algún momento pudo funcionar ser tribus guerreras, pero eso se acabó.

— El sistema se agota y, según usted, el planeta también.

En los 80 construimos armas de destrucción masiva que podían destruir el mundo 40 veces. Eso es el climax del sueño masculino basado en la testosterona. La manera masculina de ver el mundo es como un virus que amenaza al cuerpo, a la especie misma, a toda la diversidad y al planeta. Los gays sabemos lo que un virus puede hacer a un cuerpo: destrozarlo en unos meses. Pues bien: los humanos somos un virus para el planeta. Es sorprendente, porque jamás habíamos tenido la posibilidad de destruir el planeta. Nunca nos habíamos enfrentado a eso como especie. Es algo que sólo es posible en los últimos 50 años. Siempre habíamos fantaseado con el apocalipsis, pero a través de religiones que buscaban tener ese poder en su mano.

— El apocalipsis es real y ecológico.

Si la biodiversidad se acaba, si el 90% de las formas de vida se erradican como consecuencia del calentamiento global, si el planeta se acaba, habremos cumplido el sueño de la testosterona. Estamos destrozando millones de años de recursos en tan solo unos cuantos. Pero hay otros sueños, podemos cambiar nuestra dirección o al menos soñar con hacerlo. Mi obligación como artista es provocar. Tengo que proponer que seamos creativos. Mi naturaleza como transgénero me da un lugar privilegiado para esa conversación con lo femenino.

(Sigue leyendo tras el vídeo)

— Nació en el Reino Unido, pero fue a partir de los 19 años, cuando llegó a un Nueva York transgresor, cuando se formó realmente en la música. Ha dicho que en Nueva York ya no hay esa "subcultura". ¿Qué es hoy Nueva York?

Sí hay subcultura, pero Nueva York ya no la atrae. Puede haberla en cualquier sitio. Alguien en Papúa Nueva Guinea puede tener un acceso similar a la subcultura. Internet lo ha cambiado todo.

— ¿Hay demasiado ruido y más dificultad para encontrar contenido con significado?

El acceso es total, pero hemos criado a una generación a través de las aplicaciones para móviles. El consumo es mucho más rápido y artificial. En vez de leer un periódico durante 45 minutos se revisan 45 fuentes de información en 10 minutos. Tanta información reduce las posibilidades de que algo tenga un impacto. Mucha gente ya escucha sólo un cuarto de una canción.

— Por eso es tan importante el teatro.

Sí. Y es un vestigio de una antiguedad: la atención prolongada que antes teníamos para la cultura. Espero que el teatro resista a la presión y la cultura rápida de internet. Hay algo acerca de las experiencias en directo, es mucho más vivo, se comparte una emoción. Y la gente necesita un respiro. ¡Yo lo necesito! La tecnología me controla, organiza mi vida y no al revés. Y asusta. ¿Queremos darle tanto poder a las grandes empresas?

— ¿Qué tienen que ver?

Es el gran problema del capitalismo de libre mercado. Siempre entierran parte de la historia cuando muestran la otra. Cuando apareció el teléfono, las grandes empresas hicieron estudios sobre cómo afectaría a la cultura y la forma en la que vivimos. Vendieron lo bueno y escondieron cuanto pudieron lo malo. Con la actual revolución tecnológica, hemos reorganizado por completo el funcionamiento del cerebro de las tres próximas generaciones. Apple ha desarrollado la mente de mis sobrinos. Imagínese en siete generaciones. Todo sin que como especie hayamos podido decidir nada. El capitalismo lo ha decidido. ¿Cómo se llega a que un sistema cuyo objetivo es hacer dinero decida cosas tan importantes?

— Todo el mundo conoce Hope there's someone (Espero que haya alguien), una reflexión sobre la muerte y la existencia. ¿Le persigue como una canción demasiado grande, con una sombra demasiado alargada?

Soy afortunado porque la canción que se convirtió en más famosa es también una de las más personales. No es una canción de plástico.

— Pero usted no hace canciones de plástico, ¿no?

[Ríe] Puede que haya hecho alguna… Cuando la compuse me dije que nunca podría cantarla en directo, que era demasiado personal. Cuando la escribí, me asustó.

— Muy personal y, al mismo tiempo, masiva. Mucha gente ha vivido a través de esa canción momentos importantes.

Cuando te apartas de falsas doctrinas, religiones institucionales… cuando percibes la muerte como es y no has decidido de antemano qué hay ahí, vives a la intemperie en un lugar ambiguo. Lo he visto con mi padre, que acaba de morir. No tuvo una idea muy clara de lo que le pasaría en la muerte. No tenía una creencia inquebrantable, pero tenía curiosidad, agitación y esperanza en su entrada en la muerte. Un sentido de misterio.

— Lou Reed lo describió como un "ángel".

Cuando eres un artista te vienes arriba. Es más un gesto que algo sobre una persona. Soy tan ángel como usted o como alguien del público. Es una verdad muy simple.

— No se siente especial.

No, en absoluto. Soy normal.

— Debe de ser la primera estrella internacional que dice eso.

Pregúntele a mis amigos. Soy normal, me preocupan cosas normales, tengo mis pequeños demonios. El hecho de que haya 500 personas en el escenario mirando a través de los ojos de su esperanza e ilusión crea un espacio secreto en el que me muevo. Es mágico. Sólo tomo prestado eso de la gente. No se trata de mí, sólo en una pequeña proporción. Pero no soy genial, sólo lo normal.

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