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17/01/2018 08:08 CET | Actualizado 17/01/2018 15:53 CET

Siete singulares motivos por los que nunca deberías viajar a Extremadura

Esta comunidad autónoma se consolida como destino turístico emergente en 2018.

Plaza Mayor de Trujillo, en Cáceres.
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Plaza Mayor de Trujillo, en Cáceres.

Por primera vez, España ha superado a Estados Unidos en número de llegadas de turistas. En el ranking mundial de 2017, nuestro país se sitúa en la segunda posición, solo por detrás de Francia.

Según datos de Turespaña y las estadísticas que aportan las encuestas FRONTUR y EGATUR del Instituto Nacional de Estadística (INE), España recibió el año pasado 82 millones de visitantes, lo que supone un incremento del 8,9% respecto a 2016.

Cataluña, Baleares y Canarias son las comunidades que más visitantes recibieron pero la que experimentó un aumento más llamativo fue Extremadura (un 50%).

Es obvio que el buen tiempo y las playas son factores decisivos a la hora de que nuestro país se convierta en uno de los principales destinos turísticos pero... ¿y Extremadura? ¿Qué ofrece para que se haya hecho un hueco en esta lista?

Las ruinas romanas de Mérida, el casco medieval de Cáceres, el valle del Jerte, el vino de pitarra o la fiesta de Los Empalaos en Valverde de la Vera son algunos de los reclamos turísticos más conocidos de la región. Dicen que Extremadura es mucho más... pero aquí ofrecemos siete desconocidos motivos por los que viajar allí puede llegar a ser la peor mejor experiencia.

1. La peor infraestrutura ferroviaria

Es verdad que Extremadura no cuenta con una buena red de comunicaciones, en general. Pero lejos de ser un problema, puede ser una virtud pues obliga al viajero a un trayecto relajado por sus carreteras que le deparará muchas sorpresas.

Por ejemplo, tomando la EX-204 y las numerosas carreteras secundarias que salen de ella se recorren Las Hurdes, la comarca del norte de Cáceres que durante siglos permaneció aislada. Entre hermosos parajes naturales y pequeñas y genuinas poblaciones se descubre una tierra a la que siempre han rodeado leyendas y misteriosas historias.

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2. Huele muchísimo a queso

Sí, además de ser una de las principales zonas productoras de jamón ibérico —y de embutidos ibéricos en general—, Extremadura presume de uno de los mejores quesos del mundo, la Torta del Casar. Se trata de un queso de oveja, cremoso, para untar, muy apreciado por los cocineros de dentro y fuera de España.

Tal es la importancia del queso en el lugar que en la plaza mayor de Trujillo se celebra una de las ferias de quesos más importantes del mundo. La cita es a finales de abril o principios de mayo.

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3. Presumen de una playa en un pantano

Sí, es verdad que es una región de interior, pero es la que más kilómetros de costa de agua dulce tiene de España. Más de 1.500, entre ríos, gargantas, arroyos o pantanos.

Entre ellos, la playa del embalse de Orellana, en Badajoz, distinguida con bandera azul desde 2010 (la única en España). Es una perfecta zona de baño en la que también se pueden practicar numerosos deportes acuáticos. Además, tiene socorristas, chiringuito y todo lo que se pueda encontrar en cualquiera de las mejores playas de nuestro país.

TURISMO DE EXTREMADURA

4. Tanto pájaro suelto no puede ser bueno

El Parque Nacional de Monfragüe y el Parque Natural Tajo Internacional son los dos grandes escenarios naturales de Extremadura, aunque lo cierto es el patrimonio ecológico de esta comunidad autónoma es inmenso.

La región se ha convertido en uno de los principales destinos de Europa de turismo ornitológico —el dedicado a la observación de aves—. Durante todo el año, merece la pena recorrerla de norte a sur y de este a oeste en busca de las casi 350 especies de aves que allí habitan, entre ellas algunas de las más amenazadas del continente, como la cigüeña negra, el águila imperial ibérica o el milano real.

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5. Su gente es muy persuasiva

Miles de personas —entre ellos, sus vecinos— han considerado que Guadalupe se haga con el título de El pueblo más bello y bueno de España en la cuarta edición del concurso que convoca cada año una conocida marca de bombones. La localidad cacereña se impuso a su competidora, Combarro (Pontevedra), con el 54% de los apoyos.

Lo cierto es que Guadalupe, que junto a Mérida y Cáceres forman el triángulo de ciudades Patrimonio de la Humanidad, siempre aparece en los primeros puestos de las listas de pueblos más bonitos de España. A ello contribuye, sin duda, su imponente monasterio mudéjar, su plaza mayor porticada y sus calles adornadas con coquetos balcones.

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6. Todo está hecho una ruina

Además del valorado patrimonio que se conserva en su capital, Mérida, Extremadura es una de las regiones que más y mejor mantienen el legado romano.

En su extenso catálogo (teatros y anfiteatros, poblados y fortalezas, termas, puentes, acueductos y monumentos funerarios) destacan especialmente el puente de Alcántara sobre el río Tajo, que es una de las obras de ingeniería romana más alabadas del mundo; la ciudad de Cáparra, cerca de Plasencia, presidida por el célebre arco; las termas del balneario de Alange y el teatro de la ciudad pacense de Medellín, estos últimos en excelente estado de conservación.

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7. Quieren copiar a Japón

Durante la floración de los cerezos, los japoneses se echan a la calle para disfrutar en parques y jardines de la serenidad y la belleza del momento; es lo que se conoce como hanami. Un fenómeno parecido acontece en España entre marzo y abril, cuando el Valle del Jerte se llena de miles de visitantes asombrados por el blanco espectáculo. Pero en este enclave aguardan muchas más sorpresas: iglesias, plazas, cascadas, gargantas, miradores...

Por cierto, cerca de él, se extienden otros dos encantadores valles, el del Ambroz y el de la Vera, que, al igual que el Jerte, son una verdadera explosión de naturaleza y un valioso catálogo de bellos pueblecitos.

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