INTERNACIONAL
13/03/2018 21:50 CET | Actualizado 13/03/2018 21:53 CET

El papa Francisco cumple cinco años de mandato con los pobres como prioridad

No ha habido revolución, pero sí proceso; no ha habido cisma, pero sí seísmo; muchos gestos y muchos primeros pasos.

"¡Este papa sí, este papa sí!". Lo gritaba un palestino de Belén (Cisjordania), mientras miraba extasiado al Papa Francisco entrando en la Plaza de la Natividad. El hombre lloraba, además, de pura alegría, convencido de que Jorge Mario Bergoglio era el hombre llamado a traer la paz a su tierra y al mundo. Era mayo de 2014. Hoy, cuando se cumplen cinco años del cónclave que, por primera vez, elevó a la silla de Pedro a un latinoamericano, toca hacer balance de aquel hombre que tanta esperanza arrastraba: no ha habido revolución, pero sí proceso; no ha habido cisma, pero sí seísmo; ha habido muchos gestos y primeros pasos que, al final, inclinan la balanza hacia el aprobado. Con nota, dicen los vaticanistas.

El papa argentino y jesuita (la fumata blanca tras la quinta votación trajo doble novedad) ha centrado su labor en los pobres y desfavorecidos, se ha abierto a los católicos rechazados por su propia Iglesia y ha tejido lazos de entendimiento insólitos con otras confesiones. Pero debería haber profundizado más en el problema de los abusos sexuales (más allá de pedir perdón repetidamente) y sigue relegando a la mujer, que pide paso.

El 266º pontífice empezó sacudiendo la adormecida estructura en la que iba a mandar con decisiones de gran simbolismo: tomó un nombre de santo y no de papa, no de uno cualquiera sino de Francisco, pobre entre los pobres, con los que se identifica y a los que tan bien conoce de sus años en los peores agujeros de Buenos Aires. "Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres", dijo en su primera comparecencia. Rechazó los lujos del Palacio Apostólico y vive en una habitación de la Residencia Santa Marta. Se olvidó de los zapatos rojos de su antecesor, el dimitido Benedicto XVI. Este martes, a los cinco años de su llegada a Roma, no ha habido actos especiales tampoco.

En su sobria agenda, los refugiados, los sin techo, los presos, los enfermos, los indígenas, "la periferia", como dice la prensa local, han estado siempre en un lugar preferente. El experto Marco Politi ha señalado a Europa Press que uno de sus mayores méritos ha sido convertirse en "una voz con autoridad a nivel internacional, también en ambientes no católicos" que ha puesto el foco en temas de calado que necesitan atención preferente. Cita, más concretamente, "la inmigración, de la que ha sabido entender que es un fenómeno propio de esta época; la teoría de que existe una tercera guerra mundial que se está desarrollando a pedazos en la que la solución no puede ser unilateral; la ecología y su influencia directa en la sociedad y la lucha contra la esclavitud y la desigualdad". En 2016, al visitar en Grecia el campo de refugiados de Moria, acabó llevándose a Roma a una docena de sirios.

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Stringer / Reuters
El papa Francisco reza en el muro de separación impuesto por Israel a su paso por la ciudad palestina de Belén (Cisjordania), en mayo de 2014.

Junto a ese foco reorientado, Politi añade que una de las características más relevantes de Francisco ha sido además su capacidad para "desacralizar" el pontificado, que ya no es "algo imperial o monárquico", a su juicio. "El papa se presenta como obispo de Roma y tiene una visión de la Iglesia que no es una aduana en la que se decide quién está dentro y se queda fuera, sino un hospital de campaña", según dijo el lunes en la sede de la Prensa Extranjera de la capital vaticana.

Aunque califica su mandato como "rico de innovación", reconoce que Bergoglio nunca ha intervenido "en la doctrina" o en "el catequismo", elementos altamente sensibles que las voces más transformadoras de la Iglesia abogan por hacer avanzar. De ahí que unos digan que el papa es el hombre moderno que el momento necesita y, otros, que apenas es un populista. Las reformas llevadas a cabo en la Curia Romana, dice este experto, se centran sobre todo en una nueva concepción basada en que "ya no manda un súperpoder por encima de las Iglesias locales", sino que se trata de otro órgano de gobierno colegial.

Además, el periodista italiano destaca que Francisco ha logrado que temas como el control de la natalidad o los anticonceptivos ya no sean "una obsesión" en el Vaticano y aplaude la relación "fraternal, no sólo formar" tejida con otras religiones, poniendo en valor el "patrimonio común". "Ha roto la idea de que cada confesión es un clan distinto de otro", resume.

La biógrafa del papa, Elisabetta Piqué, quien le conoce desde que era arzobispo de Buenos Aires y que hace un balance "extraordinario" de estos sus primeros años, sostiene que lo más importante es que ha puesto en marcha "un cambio de mentalidad" en la Iglesia. "Al pontífice no le preocupa el cambio estructural de la Curia romana, sino más bien el cambio de mentalidad", ha señalado. Así, ha manifestado que con su estilo cercano ha acercado "la gente a la Iglesia como ningún otro papa".

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Osservatore Romano / Reuters
Francisco lava los pies a reclusos de la prisión de Paliano, en Italia, el pasado abril.

En la misma rueda de prensa de Politi, ha considerado que Francisco pone en valor "una Iglesia en salida que no condena, sino que acompaña" que "vuelve a la esencia del Evangelio y pone en el centro la justicia social". Para la periodista argentina, su mensaje va más allá de la Iglesia católica ya que "le escuchan más en ambientes no religiosos", en parte porque "es un gran comunicador". "Un ejemplo son las misas de Santa Marta en las que el Papa habla del Evangelio y lo conecta con la realidad actual", manifiesta.

Realidad local y mundial, destacan los expertos y su propio secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, quien, además de calificar este lustro como "el papado de la alegría", ha resaltado en una entrevista con el diario italiano La Repubblica el papel de Francisco en el plano internacional. Ha mediado en conflictos como el del Gobierno de Colombia con las FARC, logró el acercamiento de Cuba y EEUU, ha viajado a Tierra Santa y ha rezado en Roma con líderes de Israel y Palestina...

Descongelando el Concilio

El vaticanista español José Manuel Vidal, director del portal Religión Digital, ha escrito una tribuna en El Mundo en la que afirma que el líder de los católicos "no se contenta con seguir la línea de sus inmediatos predecesores con algunos retoques, sino que quiere que la Iglesia vuelva al espíritu conciliar a tope. Está descongelando el Concilio, que sus predecesores habían metido en el congelador del miedo, lo está volviendo a sembrar y lo está abonando, para que florezca de nuevo. Y ya se ven los brotes verdes", sostiene.

Cuando hace balance de gestión, insiste en que Francisco abre un proceso, dentro de ese concepto de "una Iglesia en salida" muy repetido estos días. El hombre que es, hoy, el líder mundial más querido, como recuerda Vidal, está "activando" este programa inspirado en el Concilio Vaticano II, considerado el más revolucionario y aperturista de la historia y casi enterrado por sus últimos predecesores. Busca "democratizar" la institución y acabar con el modelo piramidal de hoy y con la "corte". Entre las bondades de estos años de papado, el experto señala igualmente su "misericordia" como ley, la preocupación por el medio ambiente y su entendimiento de esos católicos no reconocidos en el seno de su fe. Y es que Bergoglio ha abierto la puerta de los sacramentos a los divorciados ("Son parte de la Iglesia") y ha rechazado la discriminación contra los homosexuales ("Si una persona es gay y busca a Dios y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo?"). Han sido, sin duda, dos de sus grandes hitos.

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POOL New / Reuters
El papa saluda a refugiados en el campo de Moria (Grecia), en 2016.

Problemas y resistencias

Obviamente, quien se enfrente a una estructura anquilosada como la de la Iglesia católica, acaba provocando roces, malestares, disgustos. "El impulso reformador que ha puesto en marcha Francisco", señala Politi,"ha generado oposiciones y resistencias". A su juicio, es algo normal porque la Iglesia es "un órgano que está vivo". Es actual es, por ello, un pontificado "dramático", porque "hay cardenales que creen que el Papa es un hereje y ateos que le apoyan y creen que está realizando el mensaje evangélico". "En tiempos recientes no se había visto esta oposición", explica, aunque subraya la importancia de que Francisco sea "una persona que planta semillas, que abre procesos".

Piqué, por contra, ha restado importancia a la oposición que generan las reformas de Francisco al señalar que "todos los papas la han tenido". "La diferencia es que hoy estamos en la época de las redes sociales y esto hace mucho ruido", ha destacado. Al inquilino vaticano "no le preocupan las oposiciones", ahonda, sino que le gustan porque ello denota que hay movimiento, "porque significa que hay libertad". "Hay discusión y eso significa que hay una Iglesia viva. Ha desmitificado la idea del Papa infalible", concluye.

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Vidal, por su parte, reconoce que ha habido "cardos entre las flores" en este tiempo. "Quizás, a veces, se deja llevar por sus prontos. (...) También se fía en exceso de algunos de sus colaboradores, que, después, se comprueba que le salen ranas", dice, reconociendo que encuentra pocos defectos que sacarle. "Eso sí, la gran asignatura pendiente de la Iglesia y del papa Francisco es la revolución femenina. La actual situación de la mujer en la institución clama al cielo, es un pecado, un atentado contra los derechos humanos, y la sociedad ya le está pidiendo cuentas por ello", escribe.

Entre las declaraciones más polémicas que ha tenido el papa más recientemente, destacan dos relacionadas con la pederastia y los rohingyas. En enero, en su viaje a Chile y Perú y ante las quejas de las víctimas de abusos sexuales por parte de miembros de la Iglesia, el papa exigió "pruebas" a los denunciantes porque sólo había habido "calumnias" hasta entonces. Lo dijo de sopetón, a preguntas de la prensa. En el vuelo de vuelta, Francisco pidió perdón a las víctimas por haber usado la palabra "pruebas", la sustituyó por "evidencias" e insistió en la inocencia de personajes como el obispo chileno Juan Barros, acusado por las víctimas de abusos de haber encubierto violaciones contra menores de edad. Antes, en noviembre, en su viaje a Myanmar, no pronunció la palabra "rohingyas" ante las autoridades locales, cuando es la acción de ese Gobierno la que ha obligado a escapar a cientos de miles de personas pertenecientes a esta minoría musulmana, refugiadas ahora en pésimas condiciones en Bangladesh dejando atrás asesinatos en masa. Días después, visitando también Bangladesh, sí se reunió con refugiados de este grupo y dijo: "En nombre de quienes os han perseguido, os pido perdón".

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Tony Gentile / Reuters
Jorge Bergoglio accede al altar en el que dio la misa principal de su visita a CUba, en septiembre de 2015, ante el retrato del Che Guevara y en la Plaza de la Revolución de La Habana.

Cómo se le ve en España

"El Papa no tiene pelos en la lengua. Y si tenía alguno, ya se los ha tragado para decir lo que quiere decir. Sabe decir las cosas sin ofender, no lo hace con descaro". Así es el balance que hace de Francisco el presidente de la Conferencia Episcopal Española, el cardenal Ricardo Blázquez. "En la Iglesia estamos encantados con él y le pedimos al Señor que pueda continuar con su servicio durante muchos años", según ha dicho en una entrevista televisiva. "Francisco quiere introducir en una renovación de orden espiritual y moral tanto a la Iglesia como a la sociedad", ha añadido, destacando además que "durante su pontificado ha puesto el foco en lugares candentes con su presencia y con su palabra. Allí donde hay una persona doliente, Francisco abraza a la persona en su fragilidad y debilidad". Momento de palabras elogiosas, aunque la ortodoxia de la curia española no está casando demasiado bien con los nuevos aires del argentino.

Entre los ciudadanos, Francisco gana de calle: siete de cada diez españoles se irían de cañas con el papa (66,5%), según el estudio de opinión pública de NC Report para la revista Vida Nueva. El porcentaje que aumenta si se pregunta a los más jóvenes: 8 de cada 10 millennials –esto es, chicos de 18 a 29 años– también se tomarían una cerveza con el pontífice (78,6%), un número similar al del grupo de los adultos de 30 a 44 años (81,8%). Aunque la mayoría se iría de cañas con él, la cifra mayor es la de los católicos (68,6%), seguidos por los ateos (62%) y el resto de confesiones (47,5%), indica la revista.

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