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20/05/2018 17:58 CEST | Actualizado 20/05/2018 17:58 CEST

La acción vecinal obliga a recular a los narcotraficantes en El Raval

Las protestas consiguen devolver la tranquilidad a las calles más afectadas, pero los residentes temen otro “verano caliente”.

Pol Pareja

Jacinto regenta desde hace más de 50 años el Bar Gironda, situado en el corazón del Raval. A través de la ventana de este pequeño local observa desde hace décadas lo que ocurre en la calle Roig, un pasaje estrecho que une dos calles transitadas por turistas y vecinos de todo tipo. Desde la barra de su bar ha sido testigo de robos y tirones, ha visto transeúntes caminando con cuchillos clavados en la pierna y ha presenciado agrias peleas. "En este barrio se permite todo", admite resignado mientras limpia unos vasos. "Pero lo que vimos el verano pasado no había pasado nunca, ni siquiera en los 80".

Jacinto se refiere al momento en que la calle Roig se convirtió en uno de los epicentros del consumo de droga en Barcelona. A escasos 200 metros de La Rambla, desde la ventana del bar empezó a ver a diario una procesión de consumidores que acudía a comprar y consumir speedball, una mezcla de cocaína y heroína que se vende a entre tres y seis euros la dosis. "De la noche a la mañana se degradó la calle", sostiene. En pocas semanas, los portales de la calle Roig se llenaron de defecaciones y orines, había personas moribundas en las esquinas y las jeringuillas en el suelo pasaron a ser parte del paisaje habitual.

"Afortunadamente hemos recuperado cierta tranquilidad", añade Carlos González, vecino de la misma calle y portavoz de la asociación RPR (acrónimo de las calles Roig, Picalquers i Robadors). "Los traficantes y los consumidores saben que aquí somos bravos. Ya no se acercan".

Asociación de vecinos RPR

La presión vecinal ha hecho recular a los traficantes en el Raval. La situación está lejos de ser ideal pero se calcula que los pisos donde se vende droga se han reducido un 50% desde el verano pasado. A pesar de las reiteradas amenazas de los traficantes, los residentes se organizaron para visibilizar un fenómeno que las autoridades ignoraban. Su insistencia acabó con algunos puntos de venta, consiguió que aumentara la presencia policial en las calles más conflictivas y que el Ayuntamiento dedicara más recursos a la zona.

Tras un invierno relativamente tranquilo, en el Raval temen que la droga vuelva a sobrevolar el barrio este verano. Los vecinos cuentan que todavía hay unos 30 pisos en los que se vende heroína. El Ayuntamiento tiene identificados 10. "Volvemos a ver gente rara de nuevo, buscando otra vez pisos vacíos", sentencia González, "nos da miedo otro verano caliente".

Asociación de vecinos RPR

"Inteligencia vecinal"

La lucha vecinal para expulsar a los traficantes tuvo tres ejes. Por un lado, 70 noches seguidas de caceroladas y una manifestación que unió a casi todos los vecinos de las zonas más castigadas del Raval. Por otro, los residentes se organizaron para identificar y documentar todos los movimientos en los pisos en los que se vendía droga. Una suerte de "inteligencia vecinal", en palabras de los vecinos, para recabar información sobre cómo actuaban los llamados "narcopisos". La asociación Acció Raval, por su parte, elaboró un protocolo de actuación para obtener información sobre estos puntos y denunciarlos a la policía.

El otro eje de la protesta fue una agresiva campaña de aparición en los medios que ha generado controversia entre los vecinos. La asociación RPR organizó los llamados "narcotours", en los que guiaron a una sesentena de periodistas y cámaras de televisión por los lugares más sórdidos del barrio. Les mostraron las escaleras en peor estado, los residuos que dejaban los adictos y las jeringuillas en las esquinas de la calle.

"Promover esa estigmatización del barrio es muy perjudicial para los vecinos de toda la vida", opina Ángel Cordero, de la asociación Acció Raval y vecino del barrio desde hace 40 años. "Aquí hay gente maravillosa y cosas muy bonitas". Carlos, de la asociación RPR, responde así: "Sé que la medida fue polémica pero tuvimos a 60 periodistas y los narcopisos dieron la vuelta al mundo".

Ambas asociaciones, que empezaron juntas a luchar contra los narcopisos, están actualmente divididas por la manera que tienen de enfocar el problema. En RPR consideran que Acció Raval está más centrada en la lucha contra la especulación. En esta asociación, en cambio, creen que todos los problemas que afectan al barrio están relacionados. Según ellos, especulación inmobiliaria, turismo y narcopisos son síntomas de un mismo problema. "Hay pisos vacíos porque se especula", sostiene Ángel Cordero. "Y hay narcopisos porque hay pisos vacíos".

Asociación de vecinos RPR

¿Por qué el Raval?

Por la Rambla, una de las calles más icónicas de Barcelona, transitan unos 100 millones de personas cada año. La asociación de comerciantes calcula que el 81% son turistas. ¿Como puede ser que a escasos 200 metros se encuentre el principal punto de distribución de heroína de la ciudad?

Ayuntamiento, vecinos y técnicos de la Agencia de Salud Pública de Barcelona (ASPB) coinciden en señalar una tormenta perfecta. "La venta de droga es un fenómeno complejo que no tiene una única explicación", señalan fuentes oficiales del consistorio. "Pero sí que tenemos identificados una serie de factores que han coincidido".

Por un lado, el desmantelamiento de zonas tradicionales de venta de heroína -como podía ser Nou Barris o Can Tunis- ha trasladado la venta a otros puntos. Por otro, la existencia de más de 360 pisos vacíos en el barrio, la mayoría de ellos en muy mal estado, ha facilitado que se instalen los traficantes y ofrezcan un lugar en el que comprar y consumir al momento. "A los consumidores les resulta cómodo comprar y tomarla ahí mismo", explica una trabajadora de la ASPB en los aledaños de la sala de venopunción Baluard, un espacio en el Raval para que los consumidores puedan inyectarse en condiciones de seguridad. "Además aquí cerramos a las 10 de la noche y hasta las 7 de la mañana no abrimos otra vez".

El 31% de estos pisos vacíos pertenecen a entidades bancarias que en muchas ocasiones ni son conscientes de que les han ocupado su piso. Otro 26% pertenece a empresas mientras que solo el 28% de los domicilios vacíos está en manos de propietarios particulares, según datos del Ayuntamiento. "Los bancos permiten que se trafique porque así se degrada más el barrio y podrán comprar los bloques a un menor precio", opina el dueño del Bar Gironda.

Asociación de vecinos RPR

La politización de los narcopisos

El impacto que generan imágenes de consumidores de heroína por el centro de la ciudad combinado con la cercanía de las elecciones municipales ha trasladado el asunto a la arena política. Miembros de todos los partidos han empezado a dejarse ver por el Raval y el pasado 27 de abril PP, C's, PSC y PdeCAT reprobaron en el pleno del Ayuntamiento al equipo de Ada Colau por su "fracaso" a la hora de abordar el problema. Este viernes, PDeCAT y BComú han anunciado un acuerdo para poner en marcha un "plan de choque" de 5 millones para luchar contra la problemática.

Al mismo tiempo, las asociaciones de vecinos que luchan contra los narcopisos se acusan mutuamente de estar politizadas y de tener una agenda oculta detrás de sus acciones. A RPR se le acusa de estar vinculada con C's y con grupos de la oposición. A Acció Raval, en cambio, se la vincula con el Ayuntamiento de Colau. Ambas niegan este tipo de relaciones.

Lo que es evidente es que el mensaje y la solución que proponen los vecinos son distintos. Desde RPR insisten continuamente en lo mal que está el barrio y defienden "un operativo policial a gran escala contra el tráfico de drogas". Los miembros consultados de Acció Raval, en cambio, creen que esto no va a solucionar el problema y luchan para evitar la estigmatización de su barrio. "Sabemos que la línea entre el buenismo y la estigmatización es muy fina pero tratamos de no caer en ninguna de las dos", señala Ángel Cordero, cuya asociación ha llegado a ocupar narcopisos una vez desalojados, para evitar que volvieran los traficantes.

Asociación de vecinos RPR

Por su parte, el Ayuntamiento de Barcelona trata de que la normalidad vuelva a las calles del barrio. El consistorio puso en marcha a mediados de 2017 un plan de casi dos millones de euros para combatir la situación el Raval. El plan incluye un equipo de detección de pisos vacíos, horas extra para patrullas policiales así como un refuerzo en el servicio de limpieza y de recogida de jeringuillas en la calle.

También han aumentado las operaciones policiales en los pisos vacíos: en 2017 hubo 33 entradas en domicilios. En lo que llevamos de año ya superan las 32. "Hacemos todo lo que está en nuestras manos", señalan desde el distrito de Ciutat Vella. "Pero el narcotráfico no es un asunto que se pueda abordar únicamente desde un Ayuntamiento".

Mientras aguardan a los nuevos movimientos de los traficantes, los activistas vecinales mantienen los ojos abiertos ante cualquier repunte de la actividad y prometen que no se van a rendir. No tienen miedo y están dispuestos a seguir peleando. "A mi la mara salvatrucha me expulsó de El Salvador", asegura Carlos González. "¿Cómo voy a tener miedo de unos traficantes?"