POLÍTICA
14/06/2018 11:23 CEST | Actualizado 19/06/2018 12:04 CEST

Escribe una carta a su compañera asesinada: "Que no sea una más, por favor"

Una mujer escribe una carta sobre su compañera asesinada criticando que no se contemple en las cifras de violencia de género.

Carlos Pina /El HuffPost

Ana Belén fue asesinada el pasado 4 de junio a manos del exmarido de su hermana, que fue a buscar a su esposa y al no encontrarla, mató a su cuñada. No contará como víctima de violencia de género en las cifras oficiales, al no tratarse el asesino de su pareja o expareja. Una compañera suya de clase de italiano, Angélica Guzmán Miralles, ha hecho todo lo posible para que su nombre no se quede en el olvido. "Que no sea una asesinada más, por favor", pide.

A Angélica se le rompe la voz al recordar por teléfono lo compartido con Ana Belén y contar el momento en el que recibió la noticia y la vio "envuelta entre sábanas". Iban juntas a clase de Italiano. "Quiero que siga ahí para quitarme el asiento del autobús, por ejemplo", cuenta. Le desespera ver tantas mujeres asesinadas al año: "¿Y si fuesen ellos? Todo esto me hace pensar cosas horribles".

Por eso, ha escrito una carta a los medios de comunicación para "que la gente le pusiera cara a este número que ni siquiera entrará a formar parte de las estadísticas de la violencia de género".

El pasado día cuatro de junio, una mujer fue asesinada (no murió, ni falleció ni ninguna de los tibios eufemismos tras los que se esconden estas miserias en los medios de comunicación) a manos del exmarido de su hermana. Han leído bien DEL EXMARIDO DE SU HERMANA. Lo escribo con mayúsculas por si no les ha quedado lo suficientemente claro la primera vez.

El verdadero objetivo de este malnacido era su antigua pareja, pero, al no encontrarla, se ensañó con el pariente más cercano y más vulnerable, porque no tenía protección. ¡Un aplauso para este cobarde! Porque eso es lo que es, una alimaña. Pero, ustedes, quienes no consideran a Ana Belén una víctima de la violencia de género no son mucho mejores. No quieren estropear sus estadísticas, esa ya de por sí penosa ristra de cifras que reemplaza los nombres por dígitos, que es de lo que va: votos, muertos, sueldos, lectores, electores, visitantes, militantes, productores, consumidores... Números.

Pues lamento comunicarles que somos mucho más. Detrás de cada símbolo hay una persona, una vida, un alma que siente, piensa, padece, se relaciona, se comunica, tiene cara y deja un hueco, como el de Ana Belén. Pónganle nombre, señores, a ver si así consiguen comprenderlo mejor, aunque lo dudo porque de donde no hay, no se puede sacar.

Ana y yo no éramos las mejores amigas; era una compañera de italiano, y se sentaba dos sillas al lado de la mía. Era muy reservada, pronunciaba las erres de una manera peculiar, pensaba que la entrada de España en el mercado común europeo fue un acierto y le gustaba mucho bordar (gracias a ella aprendí este verbo, ricamare, que no olvidaré jamás) Qué cosas, ¿verdad? Les parecerá una tontería, pero esto es parte de Ana, nuestra Ana. La Ana que perdurará en nuestras memorias, siempre joven porque así permitieron ustedes que se fijara para los restos.

Les guste o no Ana es una víctima, no sólo de un loco violento al que se le cruzaron los cables sino de sus políticas de mierda y de sus mamoneos; de su falta de sensibilidad y de sus recortes; en pocas palabras, de su desvergüenza.

Hay que ser desalmado para decir que esta mujer no es una damnificada de la violencia de género. Sepan que Ana Belén era mucho más que una posición en un listado, que unas iniciales en un diario o que el bulto envuelto en una sábana blanca al que nos quieren reducir.

En El HuffPost, llevamos una cuenta de las víctimas de violencia de género paralela a las cifras oficiales, que sólo contemplan —por el momento— a aquellas mujeres asesinadas por su pareja o expareja, sino a todas aquellas mujeres que han sido asesinadas por violencia machista, ya sea en el ámbito de la pareja, familiar o social.

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