INTERNACIONAL
26/07/2018 11:01 CEST | Actualizado 26/07/2018 11:08 CEST

La bonita idea de dos mujeres para que los niños migrantes se sientan menos solos

"Me aterroriza pensar que los niños están siendo arrebatados de los brazos de sus padres. Pero consuela saber que pueden leer un libro".

2000 Libros
Algunos de los libros donados que han enviado a los niños inmigrantes separados de sus padres en la frontera de EE UU.

Más de 2.500 niños inmigrantes esperan que el Gobierno de Estados Unidos los reúna con sus familias tras separarlos a la fuerza en la frontera suroeste con México y enviarlos a refugios que hay por todo el país. En respuesta a la crisis, dos mujeres han comenzado en Washington una campaña para enviar libros a los niños detenidos. Admiten que no es mucha ayuda, pero esperan que les dé algo de consuelo a los jóvenes.

En abril, la administración de Donald Trump empezó a aplicar una política de tolerancia cero para la gente indocumentada que entraba en el país. Con las administraciones anteriores, las familias que cruzaban la frontera sin autorización se mantenían unidas, pero con la nueva política, se detuvo a todos los adultos para su enjuiciamiento penal y se mandó a los menores a centros de detención o refugios, algunos de los cuales han sido criticados por las lamentables condiciones de vida.

Tras el revuelo nacional e internacional, Trump firmó una orden ejecutiva en junio para detener la separación de las familias de inmigrantes indocumentados en la frontera. Varios de los niños más pequeños se han reunido ya con sus padres, pero se desconoce cuándo lo hará el resto.

A medida que las noticias sobre la política de separación y sus consecuencias sacudían el país, Elizabeth Ballou y Kristin Stadum, las impulsoras de esta iniciativa solidaria, recurrieron a su amor por la literatura en busca de inspiración para poder ayudar.

En julio, fundaron la organización benéfica 2.000 Libros para recopilar libros para los niños inmigrantes de los refugios.

"Los libros siempre me han ofrecido consuelo", afirma Ballou. "Nos animan. Nos transportan a un mundo completamente diferente, tienen magia".

Antes de lanzar 2.000 Libros, Ballou buscó organizaciones que enviaran libros a niños inmigrantes detenidos y, al no encontrar ninguna, se dispuso a crearla. Cuando se dio cuenta de que no tenía suficiente experiencia para asumir el esfuerzo sola, contactó con Stadum, voluntaria y miembro de la junta directiva de DC Books to Prisons, un grupo sin ánimo de lucro que envía libros gratis a personas encarceladas en 34 estados. A los pocos minutos, las dos se pusieron manos a la obra para resolver cómo hacer realidad la idea.

"Elizabeth ya tenía gran parte del trabajo hecha", comenta Stadum. Ballou había contactado con varias instalaciones de detención de niños inmigrantes para ver si estaban interesados en recibir donaciones.

2000 Libros
Los primeros cargamentos que '2.000 Libros' envió a los refugios para niños migrantes separados de sus familias.

"La junta de DC Books to Prison acordó enseguida respaldar este esfuerzo", añade Stadum. "Se sumó a nuestra misión; estos niños están presos".

En colaboración con varias librerías independientes de todo Washington, las mujeres anunciaron su campaña hace unos días, animando a la gente a que donara libros nuevos o usados para niños. Dado que muchas de las familias inmigrantes separadas provienen de Centroamérica, las mujeres solicitaron que se entregaran libros en español o en inglés y español.

Las mujeres calculan que han recaudado más de 500 libros hasta el momento. Entre los títulos se encuentran libros ilustrados como Lucha libre, versiones en español de sagas famosas como Capitán Calzoncillos y Las crónicas de Narnia, traducciones al español de clásicos como El principito y algunos libros de Harry Potter.

Me aterroriza pensar que los niños están siendo arrebatados de los brazos de sus padres. Pero consuela saber que un niño está leyendo un libro.

Stadum y Ballou enviaron los primeros libros el 14 de julio a dos refugios: Crittenton Services for Children and Families, en California, y Southwest Key, en Texas.

Ellas saben que las condiciones de vida y las posibles repercusiones psicológicas a las que se enfrentan los niños en los centros de detención no se van con un libro, pero esperan que este acto de bondad les haga que vivan, al menos, un momento de su infancia.

"Me aterroriza pensar que los niños están siendo arrebatados de los brazos de sus padres", lamenta Stadum. "Pero consuela saber que un niño está leyendo un libro".

Ballou y Stadum reconocen que, debido a los horarios limitados que manejan, puede que el proyecto no continúe a largo plazo. Aunque no tienen una fecha de finalización, de momento seguirán recaudando tantos libros como sea posible.

"Este no es un proyecto sostenible para nosotras, porque se necesita mucho tiempo y recursos para coordinarlo", apunta Ballou. "Aunque nosotras (una de ellas va a hacer un posgrado y otra tiene trabajo a tiempo completo) no podamos mantener esta campaña durante años, vamos a seguir trabajando como voluntarias y ayudando de cualquier manera posible una vez que las aguas se calmen".

Este artículo fue publicado originalmente en el 'HuffPost' EEUU y ha sido traducido del inglés por Lucía Manchón Mora