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05/02/2019 15:44 CET | Actualizado 05/02/2019 17:11 CET

Lo que nadie cuenta del éxito de 'Campeones': el esfuerzo de los familiares tras los protagonistas

Mercedes, madre de José de Luna: "En cuanto vi la película por primera vez supe que iba a cambiar el concepto que tiene la gente sobre la discapacidad".

AFP
José de Luna, uno de los protagonistas de 'Campeones' agradece el premio Goya a la Mejor película.

Conquistaron a los espectadores que convirtieron aCampeones en un éxito de taquilla, después se ganaron a la crítica y, finalmente, a todos los académicos que le otorgaron este sábado a la historia de Javier Fesser el premio Goya a Mejor película.

Pasada la resaca, llega el momento de mirar un poco más atrás, a la segunda fila. Al lugar en el que esperan pacientes todas aquellas personas que, en silencio y de forma incansable, han acompañado a los diez protagonistas con discapacidad por la vorágine de eventos, festivales de cines y entregas de premios a los que han acudido desde el estreno, en abril de 2018.

Para ellos todo empezó un año antes, con el rodaje, al que los padres y madres e incluso hermanos de cada campeón acudieron día tras día durante tres meses para esperar a que los protagonistas concluyesen las 12 horas de trabajo diario. Ellos siempre han estado ahí, sin hacer nada, mirando cómo sus retoños superaban las barreras que la vida les puso al nacer. Bostezando cuando Fesser, un director muy detallista, mandaba repetir una y otra vez la secuencia que estuviesen grabando hasta que quedase perfecta; mirando el reloj y contando los minutos que quedaban para irse a casa.

Detrás de José de Luna, el actor que interpreta a Juanma —el personaje que tiene fobia al agua— y que este sábado no dejó pasar la oportunidad de agarrar el micrófono para agradecer el premio, se encuentra su madre, Mercedes de Diego Peralta, quien no se ha separado en ningún momento de él, solo cuando alguno de sus otros dos hijos se han ofrecido para sustituirla. El 70% de discapacidad convierte a José, de 33 años, en una persona completamente dependiente desde que nació.

Cansancio y emoción

Mercedes reconoce que después de un año de viajes, comidas, reuniones, entrevistas y otro tipo de acontecimientos está agotada. "Y no solo yo, todos los padres. Porque estamos yendo a 50.000 cosas. Nos hemos tenido que desplazar por toda España y en cierto modo ya tenemos ganas de que acabe, o al menos, de que baje el ritmo. Porque los padres de un par de chicos son jóvenes, pero el resto estamos jubilados y los años también pesan", cuenta a El HuffPost.

Sin embargo, a pesar del cansancio, también admite que ha sido todo muy emocionante. "En cuanto vi la película por primera vez supe que iba a cambiar el concepto que tiene la gente sobre la discapacidad. Y así ha sido. Ahora veo que los ciudadanos, en general, han cambiado por completo su actitud frente a las personas con discapacidad. Y eso ha sido gracias a la película", afirma y cuenta que ella lo ha experimentado con su hijo: "Había mucha gente a la que le daba apuro o reparo acercarse a él y ahora veo que se les ha perdido el miedo a estos chicos".

Aunque Mercedes es consciente que aún queda mucho camino por recorrer, se da por satisfecha con la repercusión que ha tenido la película en cuanto a la inclusión y la visibilidad. "Además, ver a mi hijo tan feliz, viviendo las experiencias que está viviendo y conociendo a toda la gente que admira... Ellos nunca hubieran hecho todo esto de no ser por Campeones", afirma.

Siempre le dije que lo disfrutase, pero que cuando se acabase, se acabó y punto

Contacto con la realidad

Sin embargo, Mercedes siempre ha mantenido los pies en el suelo. Por eso, desde que empezó todo este periplo, ella misma se ha encargado de mentalizar a José de que esto sería pasajero, de que algún día terminaría y de que no se debía sentir decepcionado por ello: "Siempre le dije que lo disfrutase, pero que cuando se acabase, se acabó y punto". "El otro día, sin ir más lejos, le dije: 'José, que aunque todavía queden algunas cosas, esto ya está finiquitado y tienes que centrarte en tus cosas. Que sale algo, se hace y ya está, pero si no, no pasa nada", afirma.

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José de Luna junto a Javier Fesser durante la promoción de la película.

Ella ha hecho todo lo posible para que su hijo no abandonase sus rutinas y asegura que por eso él lo ha vivido todo con mucha naturalidad. "Él está feliz, pero no es del todo consciente de la repercusión que está teniendo. Solo ve que la gente le para por la calle, que le saludan, le piden fotos... pero luego su día a día es como ha sido siempre. Va por las mañanas a Aspadir, el centro ocupacional, a sus clases de música, de informática, de baile... Ahora ha estado haciendo otras cosas que antes no hacía, pero todo lo demás, es como ha sido siempre".

Él está feliz, pero no es del todo consciente de la repercusión que está teniendo. Solo ve que la gente le para por la calle, que le saludan, le piden fotos...

A raíz de la película, a José le han salido otros proyectos en el mundo audiovisual —algunos anuncios, un corto y está pendiente de hacer otra película—. "Pero tampoco quiero que se haga muchas ilusiones, que luego la que tiene que recogerlo y levantarle el ánimo soy yo", cuenta.

Las ayudas, otro cantar

María Ángeles Trujillo, directora del centro de atención temprana de Aspadir, el lugar al que acude José cada mañana, admite que la película les ha dado mucha popularidad porque "él habla de nosotros allá adonde va". Ahora acude más gente a sus eventos y se habla más de ellos, pero nada más. Trujillo lamenta que esa popularidad no se haya traducido ni en más ayudas ni en más subvenciones a los centros, algo que se lleva años reclamando a las administraciones. "En ese sentido, todo sigue igual, siendo escaso e insuficiente", se queja.

El coste de la plaza es mucho más elevado de lo que la Administración está aportando

Trujillo explica que ellos, que son una asociación de padres y madres, dan las plazas en el centro ocupacional de forma gratuita y que eso se nutre, en parte, del concierto que tienen con la Comunidad de Madrid. "Pero el coste de la plaza es mucho más elevado de lo que la Administración está aportando. Nosotros cubrimos la diferencia con los fondos de la Fundación, que es lo que ponen los padres y madres de la asociación", cuenta.

Además de aumentar los recursos en los centros, Trujillo también insiste en la necesidad de ayudar más a las familias. Porque, aunque es cierto que todos tienen una pensión en función del grado de discapacidad, Trujillo asegura que no es proporcional a la atención que necesitan.

"Nosotros les damos todo lo que necesitan en el centro, pero aquí solo están por la mañana. Todo lo que hagan después es a costa de su familia. Y eso ya depende de lo que las familias se puedan permitir. En el caso de José, su madre está jubilada y puede atenderlo, pero eso no ocurre en todos los casos", concluye.

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