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08/06/2012 16:11 CEST | Actualizado 08/08/2012 11:12 CEST

La Venganza Del Cervatillo

2012-06-09-eurocopa.jpg El campo de fútbol es un reino animal donde ocurren cosas importantes al margen de las conocidas y rígidas leyes de este deporte.

La última Eurocopa se saldó con un espectáculo cinegético que valió un título: Xavi pasa al agujero, y un lobo llamado Torres acosa al cervatillo Lahm, primero por un flanco, después por el otro. Sus zancadas son de impresión y pronto los ojos del alemán reflejan pánico y certeza; sus augurios se cumplen: el depredador no tiene problemas para hacerse con su presa y supera al portero alemán. En otra dimensión, Félix Rodríguez de la Fuente lo celebra con saltitos de satisfacción.

Un cuatrienio después, los mismos protagonistas se citan en el mismo escenario. Xavi acumula 15 títulos más que el día que el atormentado Luis Aragonés logró algo de paz. Torres llega de una temporada horrenda que ha salvado con el milagro del Chelsea; a última hora sus sprints han vuelto a parecerse a los que eran. Y Lahm ha perdido otras dos finalísimas europeas desde entonces. Ese cervatillo gafe, capitán de cervatillos, tratará de lamerse las heridas al frente de una Mannschaft que aparece como el principal rival de España. Los alemanes tienen una extraordinaria generación de jugadores y el escudo que lucen les acredita como herederos de Beckenbauer; está por ver si podrán con las saciadas bestias de Del Bosque.

Ese será el gran drama de la Eurocopa. Pero aquí observaremos los estratos inferiores de la cadena trófica y a sus principales antihéroes: los futbolistas que rompen el fuera de juego, los que no evitan la tragedia nacional por un milímetro, los que quedan inmortalizados como víctimas de las filigranas, los que fallan solos ante el portero. En definitiva, a los que tras el naufragio llegan al vestuario preguntándose por las barbas postizas que Floyd Patterson solía llevar a sus combates para escabullirse en caso de derrota.

En efecto, el campo de fútbol es un reino animal donde ocurren cosas más mucho más importantes al margen de las conocidas y rígidas leyes de este deporte, a saber: 1) Los buenos suelen ganar, 2) La suerte resulta invencible y 3) Nadie en su sano juicio puede saber a qué demonios juega Polonia. En las regiones inhóspitas del campo conviene atender al silencioso espectáculo que ofrecen los gandules que se creen fuera de plano, los malandros que han amanecido sin ganas de correr y los aspirantes a presidiarios con ganas de bulla. A ellos dedicaremos nuestra atención. A fin de cuentas, de ellos está lleno el Reino del Señor.

Bienvenidos a la selva.

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