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16/12/2012 10:04 CET | Actualizado 14/02/2013 11:12 CET

¿Es un sueño la igualdad? Se dispara la pobreza en EEUU

No ser pobre no es tener un empleo, comprar electrodomésticos, tener vacaciones, o poder sufragar un euro por receta, sino vivir de igual a igual ante cualquiera porque cada individuo debe disfrutar de plena libertad para desarrollar su vida.

El proyecto de igualdad surge para dar respuesta al desafío de la justicia distributiva, es decir, a la cuestión sobre qué distribución de beneficios y cargas dentro de la sociedad es la más justa. Para el marxismo clásico, la igualdad es inevitable como efecto de la abundancia material que se logrará mediante la evolución técnica, lo que eliminará la escasez. Para el liberalismo igualitario, la igualdad ha de preservarse para todos excepto allí donde la desigualdad beneficie a los peor situados en la sociedad. Para el cristianismo, los dos anteriores están equivocados, e indica que para lograr la igualdad no es suficiente alcanzar la abundancia ni aplicar la política democrática, además se necesitará una revolución moral. Personalmente, me inclino a pensar que, para que pueda existir una justicia distributiva, es necesario que existan reglas justas fijadas en una estructura derivada de éstas, pero que también debe ejercerse una justa opción personal. Y a la vez critico la posición igualitarista liberal y la visión rawlsiana que admiten que la justicia y la injusticia distributiva son características de la reglas del orden público. Para hacer esta crítica, paso a analizar el nivel de pobreza en la primera economía del mundo, y cómo se fija el umbral que permite separar a los pobres de la Sociedad Opulenta.

En un paradigmático informe de la Oficina del Censo de EEUU publicado en septiembre, se ha cuantificado que en 2011 había ya 46,2 millones de estadounidenses por debajo del umbral de la pobreza (el 15% de su población, el más alto desde los 60'), lo que equivale a que una familia de cuatro personas tiene una renta anual de menos de 23.021 dólares o que una persona sobrevive con menos de 11.484 dólares al año (Además, se estima que hay 48 millones sin seguro médico). Pese a todo, David Johnson, director de la Oficina del Censo, considera que la tendencia es "buena" gracias a la ampliación de la cobertura por desempleo que ha impedido que otros 1,6 millones hayan caído también en la pobreza.

Para fijar quiénes están por debajo del umbral se miden los ingresos antes de impuestos, no se cuantifican ni el valor de una vivienda en propiedad, ni las ganancias de capital, ni

los subsidios públicos (cartillas de comida, becas o desgravaciones). Ahora bien, es la propia Oficina del Censo (página 19 del informe) quien advierte de que el cálculo del umbral se ha mantenido invariable en 40 años. Es imperfecto porque no tiene en cuenta aspectos como el ajuste de la subida en los seguros médicos, la subida de las matrículas de la educación superior universitaria, los costes de escolarización (libros, comedor, guarderías), la subida en el coste del transporte o el ajuste al coste de la vida por zona geográfica.

Ésta es la versión oficial de la realidad, sombría y todavía imprecisa en sus conclusiones. Veamos ahora la versión crítica que representa la hipótesis defendida por Cornel West -profesor de filosofía política en Princeton y Harvard- y Tavis Smiley -periodista de PBS-, recogida en su libro The Rich and the Rest of US. Estos autores diagnostican una situación social con cerca de 150 millones de personas pobres o susceptibles de serlo, dado que las personas que ingresan entre 23.100 y 35.000 dólares para una familia de 4 personas están privadas de tener acceso real a los derechos que garantizan lo que antes denominamos como reglas justas de la justicia distributiva, ya que en los percentiles de renta baja por debajo de la renta media (53.000 dólares) hay cerca de 104 millones de personas. Para West y Smiley, la pauperización de la clase media estadounidense sigue imparable: el 60% de los puestos de trabajo destruidos desde el inicio de la recesión corresponden a salarios medios, mientras que el 73% de los puestos creados desde la recuperación iniciada en 2010 corresponden a salarios bajos o muy bajos. La cuestión de fondo para Obama es si, con la renta media, una familia estadounidense tiene suficiente para que todos sus miembros accedan a una educación superior de calidad y a un seguro médico integral.

Traslademos ahora el foco a nuestro país. El INE en 2012 ha fijado que el umbral de la pobreza en España es de 15.400 euros por hogar de cuatro personas , mientras que el promedio de renta de una familia es de 24.600 euros al año. Resultado: el 21% de los españoles (9,8 millones de personas) son pobres. A simple vista parece que el promedio y el umbral no están muy alejados, pero lo más significativo sería tomar a las familias con renta situada entre los 15.400 y los 24.600 euros y preguntarles si sus recursos son suficientes y si se sienten de clase pobre, baja o media. El siguiente paso sería comprobar cómo las reglas justas diferencian positivamente a esos 9,8 millones por un lado, y cómo afectan a las rentas superiores a 24.600 euros por otro. Considero que analizando la economía real de los umbrales más superiores de renta se podría comprobar si la distribución de la igualdad, que administran las actuales reglas justas, está siendo efectiva para elevar a los umbrales inferiores. No ser pobre no es tener un empleo, comprar electrodomésticos, tener vacaciones, o poder sufragar un euro por receta, sino vivir de igual a igual ante cualquiera porque cada individuo debe disfrutar de plena libertad para desarrollar su vida.

No podemos conformarnos en abdicar en las reglas del igualitarismo liberal porque es la manera de asimilar que la desigualdad es inevitable estructuralmente, aunque el contrato que ofrecen ese tipo de reglas justas garanticen que los que peor están puedan sobrellevar su posición con dignidad ¿Qué ocurre si la posición inferior de los más desfavorecidos se prolonga indefinidamente como resultado de continuas elecciones económicas egoístas practicadas por aquellos que mejor están? Algunos argumentan, en defensa de las actuales reglas justas, que los situados en una posición inferior podrían tener una situación todavía peor debido al ilimitado egoísmo económico. Si no se puede transformar el incentivo egoísta, entonces, presidente Obama: ¿Es un sueño la igualdad?

Biblioteca pública de Boston. Foto: AGP

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