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15/03/2019 14:21 CET | Actualizado 15/03/2019 14:22 CET

Días temibles: entre el cuerpo y la conciencia

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Aunque el nombre de Amy M. Homes, al menos en su forma abreviada A. M. Homes, no resulta desconocido en la esfera lectora española, quizá no goce aún de todas las atenciones que se merece por parte de los lectores: su nuevo libro Días temibles, recién editado en España por Anagrama (traducido por Andrés Barba), es otra de sus certeras exhibiciones literarias, cargadas todas ellas de agudeza sociológica, de ritmo narrativo y de caustico humor. Este libro es una colección de doce relatos que oscilan entre dos elementos predominantes: la conciencia personal y sus terrenos de penumbra, por un lado, y las aspiraciones individuales a la imagen definitiva, al cuerpo perfecto, a la pose esperada de nosotros por los demás.

Días temibles es otra de sus certeras exhibiciones literarias, cargadas todas ellas de agudeza sociológica, de ritmo narrativo y de caustico humor. Una de las características más notables de la obra de A. M. Homes, tanto en sus libros anteriores como en este, es su capacidad para desnudar y contemplar en su mediocridad el esnobismo y la falta de cercanía hacia la realidad, hacia los problemas reales del mundo, de todas esas personas que se preocupan por asuntos realmente banales, fruto de su situación acomodada y que termina por resultar aislacionista, como no comer más de diez calorías en la cena o cambiar la pigmentación de los ojos, como sucede en el relato Hola a todos.

La gran pregunta es: ¿en qué consisten las obligaciones de la conciencia? ¿Es posible educarnos para hacer las cosas de otro modo?

En estas historias el cuerpo se transforma en un espacio que hay que intervenir y adulterar en mayor o menor medida para cumplir con los dogmas de las sociedades contemporáneas, de consumo e imagen, y en los que esta atención materialista repercute en la desatención de la mente, de la razón, de la conciencia, de uno mismo: lo más brillante de Homes es que te acerca a ello sin caer en estereotipos que disminuyan la calidad literaria. Y eso no es poco.

En uno de los relatos más destacados, titulado Días de ira, la protagonista dice: La gran pregunta es: ¿en qué consisten las obligaciones de la conciencia? ¿Es posible educarnos para hacer las cosas de otro modo? Y estas dos preguntas son la constante del libro, porque los personajes son básicamente receptáculos aislados en entornos consumistas y superficiales, perfilados hábilmente desde la distancia, que rumian sus propias neurosis hasta la saciedad, acumuladas durante más o menos tiempo, y que son incapaces todos ellos de dar salida a sus frustraciones o de aceptarse tal y como son, de conocerse y cuestionarse a sí mismos para hacer las cosas de otro modo. El rechazo, la incomunicación y la desorientación están presentes en este libro, un libro que es hoy importante y que el lector agradecerá: porque es literatura crítica que no nos miente. Es decir, porque nos da herramientas válidas para enjuiciar afiladamente nuestro entorno.

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