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14/02/2019 07:22 CET | Actualizado 14/02/2019 07:22 CET

'Jauría', la sobrecogedora obra sobre La Manada

Cartel promocional de la obra 'Jauría'.
Cartel promocional de la obra 'Jauría'.

Hace un par de semanas estuve en Granada para ver la obra de teatro sobre el caso de La Manada. Jauría se basa en el juicio y por tanto trata de reconstruir el relato de la víctima, así como mostrar la (despiadada) defensa de los violadores o la interpretación de los jueces. Esta obra de teatro documental no ha dejado nada fuera: las protestas en las calles, las conversaciones de Whatsapp... o la comisión de hombres para revisar los delitos sexuales en el código penal (aquí callan quienes se han reído una y otra vez del concepto de patriarcado).

La obra me pareció espeluznante y sobrecogedora. Si me resisto a hacer una crítica sobre Jauría o a usar más adjetivos calificativos sobre la función es porque existe una falta de objetividad evidente. No me refiero a que ya tuviera mi opinión formada, que también, sino al hecho de que uno de los actores es primo mío. Algunos lectores podrían pensar que mis elogios carecen de rigor. Bien, que lo piensen, pero que vean la obra, que se sometan a esa experiencia tormentosa que consiste en tomar distancia en un caso donde no parece posible tal cosa.

Si bien es cierto que se puede hablar de un cierto populismo punitivo (no solo en este caso, sino en muchos otros, algunos muy recientes), quienes esgrimen ese argumento a menudo suelen ser pseudoexpertos que de repente nos quieren ilustrar sobre la noción de "prevalimiento". Estos autoproclamados juristas me recuerdan, una vez más, a la paradoja de defender a las mujeres con una comisión formada exclusivamente por hombres.

Ojalá Jauría fuera solamente fruto de la imaginación de algún dramaturgo.

Ojalá hubiera sido una obra de teatro no documental.

Ojalá la ficción se hubiera adelantado a la realidad.

Puestos a desear, ojalá la ficción hubiera prevenido y evitado el horror del caso real.

No ha sido así. Por otro lado, no sería deseable que las obras de teatro, el cine o la literatura fueran siempre complacientes. Necesitamos experimentar el horror y adelantarnos a la banalidad del mal. De lo contrario, las reacciones irán desde el populismo punitivo más reaccionario al autismo emocional más repulsivo.

Jauría estará en el teatro en marzo y abril, en Sevilla y en Madrid, pero espero que esta obra, u otras igual de valientes, termine llegando a Barcelona, a Valencia, a Valladolid o a Málaga.

Huelga decir que podemos evitarnos este mal trago, pero si una representación nos parece insoportable y embota nuestro juicio, ¿qué será de nuestra comprensión moral cuando tengamos que salir a enfrentarnos a una jauría humana de verdad?

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