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10/06/2015 07:36 CEST | Actualizado 09/06/2016 11:12 CEST

Cinco reproches que nos tenemos que comer tras el Triplete

barcelona Durante esta temporada triunfal, también ha habido momentos para la crítica y la sospecha. Como buen club autodestructivo, el Barcelona ha dudado mucho durante el curso, pero tras el final feliz, es hora de recordar aquellos elementos que fueron juzgados o censurados demasiado pronto.

Durante esta temporada triunfal, también ha habido momentos para la crítica y la sospecha. Como buen club autodestructivo, el Barcelona ha dudado mucho durante el curso, pero tras el final feliz, es hora de recordar aquellos elementos que fueron juzgados o censurados demasiado pronto.

Suárez: Su rendimiento a corto plazo aborreció a más de uno. Debutó en el Bernabéu y el equipo perdió su primer partido en la Liga. Su aportación fue escasa en los primeros meses y, los goles, puntuales, consecuencia de su incapacidad técnica para romper desde el extremo. Tras el intercambio de posición con Messi, el impacto de Suárez en el equipo creció exponencialmente y se ha convertido en el auténtico referente ofensivo del equipo. Ofrece salidas en largo y actúa como hombre boya en corto. Su fortaleza fija a la mayoría de centrales rivales y da más espacios al juego de Leo y Neymar. Un auténtico logro el acople del uruguayo, tras los fracasos de Villa, Ibrahimovic y Bojan.

Rakitic: A pesar de los aplausos que su adaptación y despliegue físico levantaron, Rakitic estuvo bajo sospecha por una calidad individual algo más limitada que la de sus compañeros. El croata tomó el papel de jefe de mecánicas que Xavi dejó vacante, y la sombra alargada del catalán, titularidad en las grandes noches incluida, trastocó la evolución del ex del Sevilla. Meses después, se ha convertido en imprescindible por su sacrificio, verticalidad y juego fácil. Iniesta ha acabado siendo el sacrificado antes que él.

Rotaciones: Luis Enrique no repitió un once hasta 29 partidos después. Durante este periodo, el equipo tuvo muchas caras y dibujos, y la gran mayoría no convencieron. Para su justificación, el técnico reivindicaba la importancia de contar con todos los jugadores, algo que ha dado resultado a nivel físico: el equipo titular (en el momento importante de la temporada, salía de memoria) ha llegado fresco al final de curso.

Luis Enrique: Su mezcla de arrogancia y confianza en sí mismo construyó una imagen alejada del tipo de discurso que el Barça había gozado desde el banquillo durante los últimos diez años. Lucho, tocó teclas y teclas sin encontrar la melodía e intentó tratar a las grandes estrellas con la misma mano que la prole. Nada funcionaba. Al final, muchas dudas e incertidumbre después, el asturiano puede pasar las cuentas que quiera. Los números, sus verdaderos argumentos, estarán siempre a su favor.

Messi: El jugador que no entendía de defensas y rompía récord tras récord llevaba un año desaparecido y el cambio de entrenador tampoco pareció despertarle. Alejado de los registros de Cristiano, y sin mostrarse estelarmente decisivo durante el primer trimestre, los culés empezaron a perder la fe en recuperar al mejor de los mejores. El berrido de Ronaldo en el Balón de Oro fue suficiente para devolver a Messi a un nivel, no solo supersónico en cuanto a número de goles, sino fundamental para la comprensión del nuevo modelo de juego. Con una capacidad de creación y asociación, su madurez y generosidad han engrandecido a Neymar, Suárez y el equipo entero.