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16/03/2019 17:08 CET | Actualizado 17/03/2019 11:44 CET

David LaChapelle: “Mis fotografías son un álbum de mi vida”

Sus fotos hablan de un autor histriónico, kitsch, irónico, glamuroso, controvertido, lascivo, exquisito, crítico, imaginativo y lúgubre a veces. David LaChapelle marcó un hito en la fotografía de los años 90 retratando a celebridades de distintos ámbitos del mundo del espectáculo, se sumergió a fondo entre sus redes y se convirtió en un divino imprescindible en las revistas de moda y la publicidad de la época. En un momento dado puso el freno de mano, cambió de rumbo y optó por rescatar su faceta más espiritual y artística. Ahora, instalado entre la isla de Maui en Hawái y Los Ángeles lo ha retomado pero ha aprendido a decir NO. Es alérgico al Photoshop, crea escenografías, pinta a mano los negativos y remata sus obras con una gran labor de post-producción, para dar la voz cantante al color y a la iluminación. Detrás del Pop Art aparentemente ligero que le caracteriza, hay una reflexión mordaz sobre nuestra sociedad. La obra de LaChapelle puede gustar o no, pero sin duda es un artista que sabe mucho de fotografía y que se entrega y disfruta de lo que hace.

LaChapelle, que conoce su mejor ángulo y sabe posar, por algo es un maestro del retrato, cuenta con su mirada todo lo que jamás saldrá de su boca. ©Thomas Canet

Teníamos solo cinco minutos para hacer una entrevista y los retratos a David LaChapelle (Connecticut, EE.UU.,1963). Thomas Canet y yo esperábamos un auténtico milagro. Éramos los últimos de una larguísima fila de periodistas convocados a lo largo del día en el hotel The Westin Palace y esperábamos nuestro turno en una habitación. Al artista, que estaba en Madrid para firmar ejemplares de sus libros Lost + Found Part I y Good News Part II, ambos editados por Taschen, el tiempo se le había echado encima y debía salir corriendo hacia la galería Ivorypress donde una infinidad de fans le esperaban para llevarse alguno o los dos ejemplares dedicados. ¡Ay qué nervios!

Pese a la hora, nos recibió. De nuestros escasos cinco minutos Thomas Canet ocupó al menos ocho, y no porque no fuera solidario con mi sufrimiento (veía que me quedaba sin entrevista), sino porque Johnny, mano derecha del fotógrafo americano, fascinado y entusiasmado con sus encuadres, le pedía que hiciera más y más. Tanto es así que hasta le puso el Claro de Luna de Debussy en su móvil para que LaChapelle, también encantado con los retratos, se metiera a fondo en su papel de modelo y posara bien a gustito. Las fotos que veis lo dicen todo.

Thomas, por su parte, aún sigue sin poder creérselo. Pero se obró el milagro. Yo también pude rescatar una breve pero intensa audiencia.

Desde la mañana hasta por la tarde David LaChapelle estuvo sumergido en una vorágine de entrevistas. ©Thomas Canet

Este hombre de alrededor del metro noventa, con un rostro que recuerda a Marlon Brando, Sal Mineo y Burt Reynolds todos pasados por una minipimer para instalarse como una máscara en su cara, es calmo, diría casi zen, y en lugar de hablar susurra sus respuestas. Desde luego no tiene nada que ver con el personaje que yo imaginaba que era el LaChapelle de los 90 a través de sus fotografías: un ser escuálido, histriónico, histérico, creído y enfundado en calzas de animal print para rematar mis prejuicios. Esa imagen era la que me suscitaban los retratos en los que hacía (y aún sigue haciendo) lo que quería con gente como Elizabeth Taylor, Angelina Jolie, CameronDíaz, David Beckham, Hillary Clinton, Jeff Koons, Britney Spears, Tupac Shakur, Madonna, su musa Amanda Lepore, Keith Richards, Eminem, Michael Jackson, Pamela Anderson, Lady Gaga, Naomi Campbell, Paris Hilton, David Bowie o Leonardo DiCaprio entre infinidad de otros. Y esa estampa también la alimentaba el hecho de que Andy Warhol hubiera sido su descubridor y mentor en los 80, convirtiéndole en el fotógrafo de cabecera de su revista Interview, para retratar al star system de la época. A partir de ahí -y todo empezó cuando tenía unos 17 años- la carrera de LaChapelle despegó, superando con creces los míticos 15 minutos de fama pregonados por el precursor del Pop Art. El propio David se convirtió en una celebridad y en imprescindible para toda revista o campaña de moda que se preciara. Precisamente las imágenes de toda esta etapa en Nueva York son las que recopila Lost + Found Part I; una monumental selección de fotos que nunca antes se habían recopilado en un libro.

Los modelos al igual que el decorado, son fundamentales en los trabajos de este fotógrafo. Podría decirse que son el punto fuerte de cada fotografía. ¿Será por eso que posa tan bien? ©Thomas Canet

David LaChapelle de algún modo se crió al lado de toda la gente que el resto de los mortales solo conocía a través de las revistas, el cine o los conciertos. Eran ídolos e icónos sin maquillaje demasiado de carne y hueso para que él pudiera fantasear. Sin embargo a pesar de la proximidad con las estrellas, el rescató algún que otro héroe: "Hay gente que he fotografiado y que me inspira y me influencia. Una de ellas fue Muhammad Ali, y no es que yo sea un fan del boxeo, hablo de lo que él representa: era el mejor boxeador del mundo y abandonó su profesión porque estaba en contra de la guerra de Vietnam, la consideraba una contienda corrupta y no compartía los objetivos de su país. Él era muy joven, estaba en el comienzo de su carrera y el dinero no le importaba. Le quitaron su el título mundial y la licencia de boxeador por negarse a servir al ejército norteamericano en ese conflicto armado. Pero él fue fiel a sus principios y eso a mí me marcó. Muchísimo más adelante, cuando tuve la oportunidad de fotografiarlo, él ya era una leyenda. Siendo una de las personas más famosas y reconocidas del mundo, me impactó lo absolutamente humilde que era. De todos los personajes que he fotografiado él es uno de los que más me ha impresionado. ¡Guau! era un ser humano increíble".

Miley Cyrus en la portada de 'Lost + Found', editado por Taschen.

Amy Winehouse, Fallen friend on the walk of stars (2007), otra de las fotos incluidas en el libro de Taschen.

Cambio de rumbo

Toda esa vorágine de éxito, en algún momento se topo con un punto de inflexión. Puede que fuera demasiada fama, y que el ego se convirtiera en su peor enemigo, aunque David LaChapelle ahora asegura que pasa de la egolatría: "Cuando estoy trabajando tengo que dejar mi ego de lado, no puede ni debe involucrarse en lo que hago. El resto de las personas del equipo también tienen ideas, son creativos y contribuyen a que el proceso de hacer las fotografías y el proyecto vayan por buen camino. No tiene sentido que yo diga ¡Esta es mi obra! ¡Es mi idea! y me niegue a escuchar lo que puedan aportar los demás. Cuando compartes, la magia sucede, consigues que surjan muchos otros elementos inesperados y espontáneos. Es entonces cuando creces, obtienes muchísimos mejores resultados que yo solo ni siquiera hubiera podido imaginar".

Quizá la superficialidad ya le resultara indigesta o tal vez ya estuviera harto de su propia involución debido al encasillamiento de los encargos que recibía buscando siempre más de lo mismo de su estilo inconfundible. Pero hace más de una década LaChapelle decidió apartarse del mundo de la moda y la publicidad, la parte más comercial de su trabajo, para centrarse en la espiritual y artística. Un cambio que no implica que haya dejado de lado la técnica kitsch y pop que le caracteriza, pero sí ha atravesado un renacimiento creativo con obras en las que él se rinde a la contemplación de la mortalidad y va más allá del mundo material en busca del paraíso, naturalezas muertas o pasajes bíblicos. Trabajos que entre 2006 y 2016, por cierto, conforman la temática del libro Good News, Part II.

We Shine so Brightly (2015), una de las fotografías de Good News Part II, de Taschen.

Una de las naturalezas muertas de David LaChapelle.

Esa sabia decisión le salvó de perder la magia que tanto valora y que muchos profesionales, por quererse demasiado a sí mismos, han perdido. "A mí no me pasará. Mis padres, esencialmente con su ejemplo, me enseñaron a ser una buena persona y el valor de la humildad. Es algo que tengo muy en cuenta y lo pongo en práctica porque creo que todos tenemos nuestros roles y caminos en la vida. Hay algunas personas a las que se las venera, se las recompensa y se las premia, pero todos somos iguales y deberíamos seguir estas enseñanzas porque cada uno de nosotros tenemos algo con lo que contribuir al mundo".

En sus dedos lleva tatuado el nombre Luis: "Fue mi mejor amigo, el director de estudio durante muchos años y murió de SIDA en los 90. Todavía estoy cerca de su familia, su hermano y sobrinos". T.C.

Queridos papis

Y hablando de sus progenitores, fue precisamente su madre la que le despertó el gusanillo por la fotografía cuando David tenía seis años y estaban de vacaciones y ella, que llevaba puesto un bikini blanco y dorado, le pidió a su hijo que le hiciera una foto desde un balcón de un hotel en Puerto Rico, mientras divertida posaba como una modelo de revista. El flechazo fue inevitable, el crío se quedo obsesionado con esta fotografía que había cambiado la realidad en una fantasía llena de elegancia transformado a su mami en una ricachona disfrutando de un veraneo estupendo a pesar de que su familia era de clase media.

Desde luego el amor por las fotos permanece, no así por las instantáneas, LaChapelle ya no las hace, pero advierte: "Siempre incluyo a gente de mi vida en mis fotografías. Cuando las miro pienso "Yo tuve una relación con esta persona"; "este era amigo mío en esta etapa"... De algún modo, a través de las fotos que hago, mis obras son un álbum de mi vida con la gente que me rodea". A pesar de ello, el reconocido artista ha caído en las garras de los móviles, "desde que salió el IPhone es muy fácil hacer fotos, y sí las hago pero solo de momentos, de algo que quiero recordar o de cosas para reírme. Jamás me hago un selfie, por lo general se suelen utilizar para enseñar tu cuerpo de la mejor manera, lo bien que te lo has pasado en tal fiesta o las vacaciones... Y no quieres inspirar envidia en los demás con posesiones o experiencias".

Entre sus últimos trabajos, LaChapelle, quien creó una de las imágenes más icónicas de la carrera de Elton John en su momento, ha fotografiado a Taron Egerton para el póster oficial de Rocketman, una película sobre el músico y la historia de los años en los que se convirtió en una estrella.

"La muerte es una parte inevitable de la vida, pero no es nada que temo porque la vida es más que este plano material". T.C.

Pero... Esto es todo amigos

Los menos de cinco minutos que nos había concedido habían volado hacía siglos. LaChapelle ya no debía ni podía estar ni en el hotel ni más tiempo con nosotros. A la desesperada, yo le soltaba algunas preguntas en plan anzuelo, por si picaban, mientras le acompañábamos hasta la furgoneta que le llevaría a Ivorypress:

La muerte -con distintas características- casi siempre está en tus obras. Tengo entendido que has perdido mucha gente querida en tu camino. ¿Cuál es tu relación con la Parca?

La muerte es una parte inevitable de la vida, pero no es nada que temo porque la vida es más que este plano material

A esta altura de tu vida ¿Lo que necesitas es menos?

Anhelo más equilibrio y soledad. Necesito estar más en la naturaleza.

¿Te hubiera gustado hacer el retrato de...?

Estoy muy satisfecho con el trabajo que he hecho. No vivo en un estado de carencia.

¿Después de todo lo que has vivido puedes decir que ahora eres feliz?

Sí, te puedo decir honestamente que sí.

Nosotros también lo fuimos. La entrevista salió a pesar de que amenazaban oscuros nubarrones.

Bettina, David, Thomas y Johnny en un selfie de los que LaChapelle nunca hace.

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