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30/09/2018 10:38 CEST | Actualizado 30/09/2018 10:39 CEST

El Oktoberfest de Múnich, en 24 horas

DAVID VARELA

Oktoberfest es la fiesta que la ciudad de Múnich celebra cada año a finales de septiembre y principios de octubre. Solo seis marcas pueden servir su cerveza dentro de la feria que tiene lugar en el Theresienwiese o Prado de Teresa. Son aquellas cuya fábrica se encuentra dentro de la ciudad de Múnich y que además cumplen con la ley de pureza alemana. Augustiner, Hacker-Pschorr, Hofbräu, Löwenbräu, Paulaner y Spaten elaboran una cerveza especial llamada Oktoberfestbier para conmemorar el acontecimiento.

A fin de conocer de primera mano el Oktoberfest, un servidor estuvo 24 horas en Múnich. Aterrizar a las doce del mediodía significa llegar a la hora de comer. Comen pronto en Alemania. Reposté en el restaurante Paulaner am Nockherberg, que elabora sus propias cervezas a diario, tres de ellas exclusivas del local. Hay que mencionar una Helles excepcional por su cuerpo untuoso y su magnífico sabor, así como la cerveza de trigo con lúpulo Citra, que le confiere un espectacular aroma a limón. Almorcé asado de buey en salsa con berenjenas. Merece la pena detenerse a comer en este espacio.

BERND WACKERBAUER

Saciado el apetito y con la maleta en el hotel, fui al Oktoberfest por la tarde. Lo que hoy parece un parque de atracciones tiene su origen en el siglo XIX. El germen del Oktoberfest lo encontramos en 1810, en la boda del príncipe Luis de Baviera con Teresa de Sajonia en la ciudad de Múnich. Esta celebración de cinco días se desarrolló fuera de las murallas, en el Theresienwiese. Sin embargo, no fue hasta 1818 cuando la cerveza y las carpas se convirtieron en los ejes del Oktoberfest.

El acceso al recinto es gratuito, pero nadie puede entrar con bolsos ni mochila. Recomiendo dar un paseo por la avenida principal en forma de "U" para ver las fachadas de todas las carpas y atracciones. Cada una de las seis cervecerías de Múnich tiene su propia carpa que monta y desmonta año tras año. En la calle, muchas personas visten el traje folclórico. Los hombres llevan un pantalón de piel de ciervo que alcanza los 1.000 euros, mientras que las mujeres lucen un vestido de tres piezas con bordados. Entre todas las atracciones de la feria, destaca la noria. Desde ella tenemos una vista panorámica del Oktoberfest a un lado y de los Alpes al otro.

BERND WACKERBAUER

Tras una vuelta de reconocimiento ingresé en la carpa Hacker-Festzelt, que alberga 10.000 personas. Las paredes están decoradas con murales de la ciudad, y el techo con motivos celestes. Los asistentes se reparten en las mesas con bancos. Beben la cerveza de Oktoberfest, una variedad especial con 6% de alcohol que cada marca elabora para la fiesta. Solo sirven la cerveza en jarras de litro llamadas Mass. El litro de cerveza oscila los 12€. La jarra llena pesa alrededor de dos kilos y medio. La forma de cogerla para no dañarse la muñeca es introducir la mano dentro del asa con la palma hacia la pared de la jarra. El pabellón consume cada día cerca de 80.000 litros de cerveza, de los que 12.000 litros se gastan durante la primera hora.

Luego cené en la carpa Winzerer Fähndl. Sus 42 cocineros preparan a diario 7.000 codillos, 8.000 salchichas y 4.000 pollos. Las cocinas trabajan a un ritmo frenético. Añoro el codillo de cerdo al que me enfrenté casi en solitario. Lo asan de forma que la piel queda muy crujiente y con burbujas, hasta el punto en que recuerda a los torreznos de Soria. La gastronomía del Oktoberfest se caracteriza por ser contundente, grasa y con abundante salsa, a fin de contrarrestar el consumo abusivo de cerveza.

BERND WACKERBAUER

Hay un elemento del Oktoberfest que llamará la atención de ojos forasteros. Los bávaros esnifan un polvo blanco que colocan sobre el puño. No es cocaína. El personal de las carpas lo vende en pequeñas cantimploras transparentes. Este polvo blanco es una mezcla de azúcar y mentol, que incluso los niños toman. Otra curiosidad del Oktoberfest es la mezcla de refresco de cola y refresco de naranja que los alemanes consumen para combatir la resaca. De hecho, podemos encontrar esta bebida embotellada.

Igual que comen pronto, los alemanes también cenan temprano. Las carpas de Oktoberfest cierran a las once de la noche. Si vamos a regresar en avión al día siguiente, es interesante madrugar para dar una vuelta por el centro de Múnich. Entre todo lo que la capital bávara ofrece al turista, podemos contemplar la fachada gótica del ayuntamiento o visitar la cervecería Hofbräuhaus am Platzl, donde Hitler dio el discurso que fundó el partido nazi.

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