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17/04/2021 10:36 CEST | Actualizado 17/04/2021 10:36 CEST

4-M: votar en defensa propia

La Comunidad de Madrid corre hoy el riesgo de convertirse en la capital de la ultraderecha en nuestro país

NurPhoto via Getty Images
Dos jóvenes durante el Orgullo de 2020 en Madrid.

El colectivo LGTBI+ es tan diverso como las personas que lo integran. Personas con historias, trayectorias y sueños distintos, pero unidos por un hilo invisible de vivencias que nos han marcado en algún momento de nuestra vida. Las cicatrices visibles o invisibles que nos ha dejado el contacto con el odio. El rechazo a uno mismo alentado por un discurso dominante, el insulto de un compañero de clase o trabajo, la paliza al volver a casa de la mano de tu pareja.

El odio que nos marca se expande porque hay quien lo difunde. No crece de la nada, no se sustenta en el vacío. Durante décadas hubo quienes se opusieron a cada conquista de derechos. Quienes afirmaban que éramos ciudadanos de segunda y como tal nos correspondían derechos de segunda. La hemeroteca se empeña en demostrarlo. El problema es que hoy la amenaza no surge de viejos discursos. Se sustenta en partidos nacidos en el siglo XXI que alaban regímenes de hace 80 años. Partidos que dan voz al odio frente a los derechos humanos. La ultraderecha del blanco y negro frente la ciudad arcoíris que idealizaba nuestro querido Pedro Zerolo.

La Comunidad de Madrid corre hoy el riesgo de convertirse en la capital de la ultraderecha en nuestro país

La Comunidad de Madrid corre hoy el riesgo de convertirse en la capital de la ultraderecha en nuestro país. No solo por la posible inclusión de Vox en un hipotético Gobierno de Isabel Díaz Ayuso, sino por la infiltración del discurso ultra en el Partido Popular.

La presidenta regional ya ha afirmado su intención de derogar parte de la ley LGTBI de la Comunidad de Madrid, que se aprobó con el consenso de todas las formaciones políticas hace tan solo cinco años. Populares y ultras ya han juntado sus votos en la capital en contra de impulsar programas de atención a familias LGTBI o para eliminar ayudas directas a históricas organizaciones. Además, el único centro de Madrid que puede prescribir la medicación preventiva contra el VIH está saturado por falta de recursos, con una lista de espera de meses para obtenerla y teniendo que hacer cola en la calle si quieres hacerte una prueba de infecciones de transmisión sexual (ITS).

Según datos del Observatorio Madrileño de la LGTBIfobia, en el año 2019 se produjeron 321 incidentes de odio en la Comunidad de Madrid. Casi uno cada día. Si algo hemos aprendido del paso de Donald Trump por la presidencia de EEUU es que el aumento de los delitos de odio viene precedido por la normalización y la institucionalización de los discursos de odio. No podemos permitirlo. 

El aumento de los delitos de odio viene precedido por la normalización y la institucionalización de los discursos de odio

Ya está pasando. Los derechos del colectivo LGTBI se han convertido en moneda de cambio por el poder en la Región de Murcia, implantando un veto parental que niega a los niños y a las niñas, las personas más vulnerables frente al odio, la posibilidad de ser mucho más que los prejuicios que puedan tener sus padres. Usurpando a los menores LGTBI, independientemente de la educación que reciban en casa, la certeza de saber que son apoyados, queridos y respetados sean quienes sean, amen a quien amen. Este veto parental está también sobre la mesa en Madrid como condición de Vox para llegar a acuerdos con el PP. El mercadeo con nuestras vidas a cambio de poder.

¿Cuánto valen nuestros derechos para la derecha? ¿Es posible llegar a acuerdos con quienes afirman que el matrimonio es solo entre un hombre y una mujer, quienes se preguntan por qué celebramos San Valentín si lo nuestro tan solo es vicio o quienes nos quieren encerrar para ejercer nuestra libertad de ser quienes somos sólo en nuestra casa y en nuestra cama?

¿Cuántas consejerías pueden obtener quienes nos ponen en la diana? La ultraderecha no pedirá la consejería de Economía, pedirá la de Educación o la de Políticas Sociales para hacer política en contra de nuestros derechos, que son, además, derechos humanos.

El 4 de mayo los madrileños tienen el poder de elegir su futuro. La oportunidad de levantar la voz y decir basta. La oportunidad de defendernos pasando a la ofensiva. Por nuestro presente y el de las futuras generaciones. Nos toca votar. Votar en defensa propia. A llenar las urnas, madrileños.  Tenemos que hacerlo por Madrid.

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