POLÍTICA
28/04/2019 22:49 CEST | Actualizado 29/04/2019 01:11 CEST

66 diputados acaban con el sueño infantil de Casado de ser presidente

Con Casado fracasa también el aznarismo, al que el renacimiento no le ha durado ni un telediario.

Reuters
La sede del PP durante el recuento electoral. 

Polín, como llamaba su familia a Pablo Casado de niño, siempre respondía que “presidente” cuando le preguntaban qué iba a ser de mayor. Todavía es joven, pero en esta legislatura su sueño infantil no se cumplirá. El enorme balcón que había montado en la esquina de Génova con la esperanza de poder anunciar una victoria de la derecha en España se desmontará en un rato sin que nadie haya osado asomarse. Él, que acarició la idea de que se repitiera el caso andaluz, tendrá que luchar por conservar un liderazgo interno que ha estado sujeto a resultados desde que se impusiera a Soraya Sáenz de Santamaría en las primarias de hace nueve meses. El préstamo que le hicieron militantes y dirigentes, toca a su fin. Poco más de 200.000 votos le separan de Ciudadanos.

Caras de desolación y shock, de la que Maroto era el ejemplo más visible tras perder su escaño, han acompañado a su líder en tan amargo trance cuando a las 12 de la noche ha comparecido en una sala de prensa abarrotada. Con su sempiterna sonrisa ha felicitado al líder del PSOE y le ha deseado que no tenga que gobernar con los independentistas. Tampoco ha querido minimizar la derrota: “El resultado ha sido muy malo”. En su descarga ha dicho que la semana santa de por medio no ha resultado muy favorable, aunque quizá debería haber hecho una simple reflexión, adoptar el tono y el mensaje de Vox ha espantado a sus votantes. Sin embargo, ha preferido lanzar una invitación a las otras dos derechas para establecer una estrategia conjunta de caras a las municipales y autonómicas de finales de mayo con las que recuperar el terreno perdido. 

Con Casado, fracasa también el aznarismo, al que el renacimiento no le ha durado ni un telediario. Los clásicos de la era del expresidente que han estado asesorando al joven candidato, han visto esfumarse la creencia de que podían recuperar la influencia de antaño. Pilar del Castillo y Daniel Lacalle han sido los únicos dirigentes que a las 23 horas se han acercado a prensa para tratar de apuntalar al líder. “Hay un líder como la copa de un pino y hay un partido como la copa de un pino”, ha señalado la ex ministra de Aznar. A lo que Daniel Lacalle ha asegurado que esto es lo que pasa cuando se divide el voto por tres. 

La desolación y ese silencio absoluto al que se refirió Albert Rivera en el debate, eran lo único que se escuchaba en la sede. Solo un par de votantes, disputados por todos los periodistas para entrevistarles, se distinguían a las puertas de Génova esta noche. Ni tan siquiera ha sido necesario cortar la calle... ¿Para qué?

Casado tendrá difícil incluso volver a repetir como candidato en unas próximas elecciones, pues aun con los apoyos zombies de Aznar y la vieja guardia popular, sería un milagro que otros aspirantes no le devoraran. Desde que Fraga, con una incipiente Alianza Popular en 1979, obtuviera 10 diputados, jamás se volvió a bajar de 105 diputados. Aznar en 1989 tuvo un 25, 79% de votos, es decir 107 diputados cuando perdió ante Zapatero. Entonces eran otros tiempos, cuando el bipartidismo campaba a sus anchas. Aún así, 66 diputados es un resultado que no figuraba ni en el peor de los escenarios. Su cabeza peligra, y la del grupo de jóvenes treintañeros y cuarentañeros que le ha acompañado también.

García Egea, que ha comparecido sin preguntas cuando comenzaba el escrutinio y Gad3 les daba 70 diputados, ha lanzado el mantra al que pensaban agarrarse si los números hubieran sido otros: la “ingobernabilidad de España”. Ojalá pensarán ahora. 

La única que ha pisado calle esta tarde era Isabel García Ayuso, la candidata popular a la Comunidad de Madrid, que ya antes de comenzar el escrutinio aseguraba que les habría gustado repetir las cifras actuales, pero que se conformaba con poder liderar el proyecto de la derecha. Unas horas después se confirma que ni tan siquiera eso será posible. Se entiende ahora que el responsable de prensa que la acompañaba tratara por todos los medios de subirla a la primera planta para que se informara de los resultados antes de seguir contestando pero ella, tan ufana como siempre, empalmaba un micrófono con otro. 

El resto, no ha asomado ni la patita. Toca dar la cara. 

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