'Andalufobia': así es el prejuicio 'involuntario' que aún existe en España

Politólogos analizan el porqué de esos comentarios que a menudo se escuchan sobre esos andaluces que llegan a cuotas de poder.
Imagen de la manifestación de 1977 en la que los andaluces reclamaban su autonomía.
Imagen de la manifestación de 1977 en la que los andaluces reclamaban su autonomía.

“A nivel nacional, hay gente que ve las cosas y que estudia, entonces no nos puede colar estas cosas”. La frase es de la periodista Elisa Beni e iba dirigida a Elías Bendodo, número 3 del Partido Popular. El también consejero de la Junta de Andalucía había defendido que “Feijóo es como Macron” y Beni le criticó aludiendo a su procedencia.

No es la primera vez que sucede algo así. Cuando María Jesús Montero, ministra de Hacienda, era la portavoz del Gobierno de España era habitual que cada viernes, tras el Consejo de Ministros, se hablara de su forma de hablar. Y antes pasó con Susana Díaz. Y todo ello se ha venido a resumir como una “andalufobia” que está intrínseca en la sociedad, especialmente desde Despeñaperros ‘pa’ arriba’.

“No es maldad, no creo que lo sea, pero son comportamientos que se han ido normalizando”, explica Jesús Jurado, politólogo malagueño autor del libro La generación del mollete. Crónica de un nuevo andalucismo.

Pero, ¿qué es la “andalufobia”? Jurado da su definición: “Es una estructura que determinan esa desvalorización de todo aquello que se relacione con Andalucía, sobre todo con el lenguaje, que es nuestra señal de identificación”.

“Hay un cierto desprecio, una voluntad de enunciar estos prejuicios que muchas veces se hacen de forma involuntaria”, añade Jurado, queexplica que no cree que “no creo que Elisa Beni se levantara ese día con el ánimo de ofender a Andalucía” sobre la polémica ya mencionada, aquella que volvió a poner el foco sobre estos comportamientos que “son estructuras que operan al margen de la voluntad”.

Cuando los políticos andaluces llegan a Madrid

La reciente llegada de Elías Bendodo a la primera línea de la política nacional puso de manifiesto ese sentimiento de “andalufobia”. Hasta Teresa Rodríguez, portavoz de Adelante Andalucía y en las antípodas ideológicas de Bendodo, salió a defenderle.

“Cuando llegan a cargos importantes a un vasco, a un gallego o a un catalán no se le dicen “ay mira como habla, mira que gracioso, mira el comentario que hace”. Con los andaluces esas palabras se escuchan a menudo”, explica el también politólogo y presidente del Consejo de la Juventud de Andalucía Dani Valdivia, que dice que ese tipo de reacciones “deja a las claras que es un hecho evidente que cuando se llega ahí esos comentarios brotan”.

Todo se deriva en una idea: al andaluz se le sigue viendo como una persona “que siempre tiene que estar alegre, que tiene que estar contando chistes” y cuando un cargo de responsabilidad a nivel nacional cae en alguno de ellos se espera que sea de una determinada forma y no pueda ser serio e incluso responsable. Coinciden ambos en que no ven “una maldad contra el andaluz” sino es algo “que se ha normalizado”.

Este sentimiento en las próximas elecciones

Con las elecciones andaluzas a las vueltas de la esquina, que se celebrarán el próximo 19 de junio, este debate no se espera que sea principal, pero sí que puede tener un componente más relevante especialmente en los jóvenes, garantes de este sentimiento con mayor ’pasión’. “Es importante ponerle nombre a las cosas y tener mayor conciencia sobre ello”, comenta Jurado, ya que este tipo de comportamientos se tienen en algunos casos sin ser conscientes de ellos. Eso sí, no quiere hablar de una “prepotencia capitalina” sino de hechos “sin maldad”.

Ideológicamente “es un movimiento transversal por esa sensación de cierta rebeldía frente a la andalufobia”, señala Jurado, algo que comparte Valdivia. “Afecta a todos los líderes, Bendodo es el último caso”, comenta, aunque especifica que “la reacción a la andalufobia está más orientada a la izquierda, porque hay más defensa del lenguaje”. Menciona aquí el spot de Adelante Andalucía que lanzó hace un año, cuando Teresa Rodríguez se vistió de ‘chulapa’ para pedir que se hablara más de su tierra en una época en la que todo giraba en torno a Madrid.

Teresa Rodríguez, señala, es la política que más recoge este sentimiento, que está más presente en los jóvenes. Y a Juanma Moreno, presidente de la Junta, “se le ven ciertos movimientos que quizá no son tan visibilizados pero sí se mete en este terreno”.

Para ejemplificar cómo se destaca cuando uno es andaluz para ciertos estereotipos Valdivia cita la tesis doctoral de un compañero en la que pudo demostrar que en las primarias del PSOE en 2017, en la lucha entre Pedro Sánchez y Susana Díaz, “había multitud de menciones de los medios de comunicación a la procedencia de Susana y solo una a la de Sánchez”. Se dijo, por ejemplo, “la gracia de Susana, la alegría de la andaluza, el apelativo la ‘sultana’. Todos calificativos que se unen a la idea de Andalucía”.

El fenómeno Vox en Andalucía

La irrupción con mucha fuerza de Vox en el parlamento andaluz es una de las previsiones en esos próximos comicios autonómicos. Y Vox defiende “esa idea excluyente de lo que es ser español, con una visión determinada de la historia de España -castellano, católico...- y eso está ligado con la forma de menospreciar lo andaluz”, explica Jurado.

Este politólogo recuerda cómo Vox ha presentado a Macarena Olona “llevándola a la feria, vistiéndola de flamenco” utilizando esos estereotipos de Andalucía para fuera. Eso sí, a la vez “rechazan de plano el himno, la bandera, la figura de Blas Infante... existe un profundo odio a esa idea, consiste en vaciar a Andalucía de su contenido simbólico y rellenarlo del españolismo más rancio”.

Valdivia añade a ello que este asunto puede coger fuerza en campaña electoral “por el tema de los señoritos” y así “rivalizar con Olona”. “Hay que defender lo andaluz contra lo exterior sino también contra lo interior”, dice. Y ahí surge otra duda: ¿es posible una andalufobia dentro de Andalucía? Valdivia cree que puede haber andaluces que “hayan desconectado por asociar la autonomía a Sevilla” y cita ejemplos de movimientos provincialistas o aquellos lugares donde la idea andaluza está menos presente. La más clara es Almería, provincia donde menos se votó el Estatuto y donde Vox arrasó en las últimas elecciones generales o autonómicas.

El problema en general es ese “centralismo” que hace “una asociación” en muchos casos lo andaluz “con algo negativo”. Es “presuponer una falta de capacidad para el puesto como ocurre con los políticos andaluces” que llegan a Madrid. Y hace una reflexión: “es impensable ver un anuncio de un coche o un perfume con acento andaluz. Se ve mal”.

“Andalucía ha quedado como lugar de vacaciones, como el sitio de los carnavales, de ir a la feria y acercarse al verano. Todo eso está muy bien, pero eso tiene un trasfondo que ha perjudicado a los andaluces, que nos ven como que estamos dedicados a hacer reír, a estar alegres”, explica Valdivia, que recuerda que a los andaluces “no se nos puede relegar a ese arquetipo de juglar, sino que también podemos ser maestros o ingenieros”.

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