POLÍTICA
21/03/2019 11:29 CET

Àngels Barceló necesita pocas palabras para revelar lo que de verdad se esconde tras los lazos de Torra

Tras la “escenificación de resistencia contra un estado opresor” a la que está jugando el president.

GTRES

La periodista Àngels Barceló ha necesitado muy pocas palabras para desvelar  —en su comentario Un teatro agotador, en la Cadena Ser— la realidad que se esconde tras la “escenificación de resistencia contra un estado opresor” a la que está jugando el president de la Generalitat, Quim Torra, con los lazos y los símbolos. 

“Ante la falta de política, recordemos que el Govern no gobierna y el Parlament está más cerrado que abierto, ante la inexistencia reconocida por los encausados de una república, ante el desmoronamiento de un relato que ya no se sustenta, al independentismo que representan Torra y Puigdemont solo les quedan los símbolos. Los lazos, las banderas y el pulso constante al estado pero siempre hasta el filo de la desobediencia”, ha argumentado Barceló.

Un teatro agotador

Quim Torra ya tiene la cobertura que necesitaba. El Sindic de Greuges, a quien se encomendó para tomar la decisión sobre la retirada de los lazos amarillos y las esteladas de los edificios oficiales, ha recomendado que se retiren estos símbolos, y Torra, que necesita una excusa para obedecer al estado y que no le llamen traidor, ya la tiene.

El problema es que ya la tenía el viernes, porque desde el viernes Quim Torra tiene sobre la mesa el informe del Síndic con la recomendación de la retirada y desde el viernes el president de la Generalitat ha estado escenificando su resistencia ante un estado opresor que no le deja exhibir ni lazos ni esteladas, lo que lleva haciendo desde que llegó a la presidencia. Alimentar una teatralización que cae por su propio peso, como cuando el sábado miles de independentistas se manifestaron con todos sus símbolos en el centro de Madrid y volvieron a casa sin que este estado opresor moviera un dedo.

Ante la falta de política, recordemos que el Govern no gobierna y el Parlament está más cerrado que abierto, ante la inexistencia reconocida por los encausados de una república, ante el desmoronamiento de un relato que ya no se sustenta, al independentismo que representan Torra y Puigdemont solo les quedan los símbolos. Los lazos, las banderas y el pulso constante al estado pero siempre hasta el filo de la desobediencia.

Esta vez la escenificación del pulso con el estado ha sido a cuenta de los símbolos y un requerimiento de la Junta Electoral Central, que es vinculante, y Torra solo obedece al Sindic, cuyo informe no es vinculante, pero así él hace ver que la Junta Electoral que vigila la neutralidad en unos comicios a los que su partido se presenta, por cierto, no tiene ninguna ascendencia sobre él.

Cuál será o a cuenta de qué el próximo pulso, que ya solo alimenta a los suyos, porque para el resto empieza a ser muy agotador.

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