Bares de carretera: razones para no desaprovechar su relato

Gasolineras, polígonos, casetes, platos combinados y Camela: nuevos territorios para ser creativos ante un consumidor moderno que demanda nostalgia.
Camela en un concierto.
Camela en un concierto.

El país que más bares tiene por metro cuadrado desaprovecha la oportunidad de comunicar en lugares donde pasan miles de personas. Las grandes marcas de consumo aún no se han rendido a estos espacios. Aquí, algunas razones por las que confiar más en su potencial para contar historias:

1. Hay un boom del costumbrismo español. En formas de bingos, autocines, verbenas… las formas de ocio y entretenimiento de los 80 y los 90 cada vez están más de moda. Los millennials, los nuevos treintañeros y muy próximos a los 40, tienen un poder adquisitivo más alto y ahora las marcas buscan complacer sus deseos de infancia y juventud gracias a la nostalgia. Recuperación de formatos televisivos antiguos, series míticas, personajes famosos olvidados…Los bares de carretera también pueden funcionar con ese efecto oldies que nos recuerdan a las primeras veces dando la vuelta a las torres de casetes o metiendo las pinzas para coger un juguete barato.

2. Cuentan con un fenómeno musical imparable: la tecno-rumba. Aquí el grupo Camela es el gran embajador de este género. Gracias a este boom de lo vintage español, a partir del 2010, el gusto por Cuando zarpa el amor salió del armario y hoy en día se cantan esta y otras más letras con orgullo y sin complejo. Mucho ha tenido que ver la reivindicación de esta música por parte de famosos más mainstream, como Cristina Pedroche, Alaska, jugadores de fútbol, políticos como Monago e incluso cineastas como Bayona. En 2017 Camela marcó un antes y un después con su aparición en el Sonorama. Si Camela ha vendido más de 7,5 millones de discos y ha permanecido más de 25 años en el mercado, sería muy poco inteligente desaprovechar todo ese potencial para llegar a una gran audiencia.

3. Transmiten valores de cercanía, sencillez y humildad. Da igual como seas, entrarás en el mismo baño, comerás el mismo menú o plato combinado. No hay espacio para lo VIP o el lujo. Quizás, por eso, muchas marcas aspiracionales han rechazado relacionarse con ellos. Pero lo cierto es que los símbolos sencillos que más nos unen e igualan funcionan mejor a la hora de buscar vínculos y llegar a un público masivo.

4. Cuentan con un género cinematográfico propio. En los en los años 50, las road movies se convirtieron muy populares en el star system de Hollywood. En esta fecha o más adelante, películas como Thelma & Louise, Easy Rider o Rebelde sin causa han demostrado que las historias de carretera funcionan bien.

5. Lo raro y escatológico tienen mucho potencial visual y fotografiable. Estamos tan sobresaturados de experiencias únicas y sorprendentes que, a veces, lo simple, lo que ha estado siempre ahí, marginado, puede parecer atractivo. Esto ha hecho que en los últimos años surjan formas de viajar nuevas como el “turismo negro” o “tanoturismo”, la exploración urbana (“urbex”) o rural (“rurex”) en lugares abandonados. A esto se puede sumar una nueva tendencia que podría denominarse “cutrurismo” y que se base en el interés por lugares “cutres”.

Si los rótulos de los comercios históricos se han convertido en huellas de la historia de muchas ciudades, los bares de carretera deben protegerse en un territorio tan diverso y diferente, pero que conserva la misma barra de bar, las mismas navajas y los vasos de café de cristal en todo el país, vayas a donde vayas. De Norte a Sur y de Este a Oeste. Allí están. Han pervivido a través de las décadas, con un poco de más resistencia al cambio que otros negocios, pero siempre ofreciendo un servicio esencial al viajero. Tampoco les ha ido bien en la pandemia. Han sido otros de los olvidados. No deberíamos menospreciar su poder para crear historias.

Caratulas de Camela