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07/06/2019 21:58 CEST | Actualizado 07/06/2019 21:58 CEST

Keep calm

Sánchez intenta demostrar que no hay más camino que el que afirmó tras aceptar el encargo de Felipe VI: o gobierna el PSOE o gobierna el PSOE

REUTERS

Un titular de entrevista, una conversación telefónica, un mensaje de WhatsApp, una comparecencia pública… La política sigue escribiendo palabras para el olvido. Que se lo digan a Pablo Iglesias, que no se explica el desdén de Pedro Sánchez. Un día le sube a los altares y, al siguiente, le ningunea como socio de gobierno. El presidente en funciones ganó las elecciones con un discurso “podemizado” que apeló al miedo a la derecha y, ahora, no solo se desentiende de su principal aliado durante el último año, sino que pareciera que esté dispuesto a explorar otras posibilidades.

Ni una llamada, ni un mensaje… La sensación generalizada en la dirección de Podemos es de desagradecimiento. Nadie hizo más que Iglesias para que saliera adelante una moción de censura en la que no creía ni el propio Sánchez. Y hoy, sin embargo, hay tanto olvido en el presidente como nostalgia por un tiempo pasado en el líder de los morados, que además atraviesa su peor crisis dentro del partido. Iglesias no tiene hoy quien le escriba desde La Moncloa y anda quejándose por los pasillos del Congreso de los Diputados. El tono, el lenguaje no verbal, sus intervenciones… Todo en él suena a abatimiento.

JUAN CARLOS HIDALGO-EFE

Y quizá haya ido demasiado lejos en su órdago a Pedro Sánchez: o Gobierno de coalición o repetición de elecciones. Lo ha dado por hecho, aun a sabiendas de que puede morir en el intento. Una nueva convocatoria electoral no beneficiaría a nadie, pero menos a quienes los electores responsabilizaran de un segundo bloqueo. Ese error ya lo cometió Iglesias una vez y pagó un alto precio. Esto por no hablar de la posibilidad, advierten interlocutores de La Moncloa, de que ante una nueva cita con las urnas, el partido de Errejón presentase candidatura al Congreso de los Diputados y diera el sorpasso a Podemos, como ocurrió en la Comunidad de Madrid el pasado 26 de mayo.

Iglesias sospecha que Sánchez anda buscando aliados en la derecha para pactar con Ciudadanos. Pero no hay nada de eso, sino una estrategia para elevar la presión sobre las principales formaciones políticas mientras pasa el tiempo y se configuran los ayuntamientos y las asambleas regionales. Lo que intenta es demostrar que no hay más camino que el que afirmó en su comparecencia pública, tras aceptar el encargo de Felipe VI para formar Gobierno: o gobierna el PSOE o gobierna el PSOE.

A diferencia de las elecciones de 2015, cuando Rajoy le hizo una cobra al Rey y declinó presentarse a la investidura, hoy no hay alternativa ni aritmética posible que no sea la formación de un gobierno del PSOE con apoyo de Podemos, PNV, Compromis y PRC, ya que Rivera ha hecho suyo el “no es no” que antaño llevó hasta las ultimas consecuencias Sánchez. Así que por mucho que los morados crean que la descortesía del presidente con Iglesias y la presión sobre Rivera pudiera formar parte de la táctica presidencial para cargarse de razones antes de aceptar que Podemos entre en el Gobierno, se equivocan.

EL HUFFPOST

El PSOE mantiene la misma hoja de ruta que antes del 28-A, esto es formar un gobierno en solitario con apoyos externos y ministros independientes que puedan ser del agrado de Podemos, pero también de otras fuerzas políticas. El modelo a seguir es el del Ejecutivo de los últimos diez meses.

Tranquilidad, pues. Lo que se ha visto esta semana que acaba no es más que un juego de niños en fase de tanteo para ver cuáles son las cartas con las que juega cada cual y hasta dónde aguantan la presión. Cuantas más explicaciones se dan, mayores son la contradicciones en las que incurren todos. La lista más votada, los vetos, los cordones sanitarios… Todo forma parte de una escena que no esconde movimientos. Hasta la próxima semana, que Sánchez abrirá una ronda de contactos con Podemos, PP y Ciudadanos -por ese orden-, todo será sobreactuación.

Y, aún después, keep calm, porque antes habrá que despejar escenarios locales y regionales, y La Moncloa no tiene fecha, ni intención de ponerla todavía, para la investidura de Sánchez, que ha decidido además delegar en la comisión negociadora de Ferraz los contactos con los grupos minoritarios del Congreso.

El presidente está tan seguro de que Podemos, PP y Ciudadanos no aguantarían la presión de unas nuevas elecciones que a ninguno le serían favorables, que maneja como pronto la segunda semana de julio para ser investido, pero no descarta que sea incluso la tercera.

MSN

Esto va para largo. Antes se rompe Ciudadanos que Sánchez forma gobierno. Como Begoña Villacís se empeñe en ser alcaldesa -que está en ello- lo será con los votos del PSOE y de Más Madrid. Ninguno le pondrá peros. Con tal de que VOX no determine el rumbo de la política local, lo que sea. La candidata de los naranjas, que antaño fue tentada por la ultraderecha, hoy pasa por moderada en la izquierda y por persona más centrada que un Ignacio Aguado que, en palabras de los socialistas, lo mismo podría militar en el PP que en el partido de Abascal. Ojo a la espantada de Villacis durante la reunión que mantuvo con Martínez-Almeida. En Génova han saltado todas las alarmas y en Ciudadanos no se fían de la ambición de su candidata en el ayuntamiento capitalino.

El escenario navarro empieza a despejarse, y no precisamente para Navarra Suma, la coalición de UPN, PP y Ciudadanos. La socialista María Chivite no negociará con Bildu, como le ha exigido Ferraz, pero someterá a la militancia un pacto para un Gobierno de progreso en la Comunidad Foral, que nadie duda contará con el aval de las bases. El resultado, será respetado por la dirección federal, ya que así lo establecen los estatutos del PSOE.

Cosa distinta será la estabilidad, ya que cualquier decisión pasará durante cuatro años por los abertzales. Pero para entonces Sánchez ya habrá contado con los votos del PNV para ser investido, que le son imprescindibles. La abstención que le había garantizado UPN en el caso de que el PSN dejara gobernar a la lista más votada en Navarra no le es necesaria para ser investido en segunda vuelta. Esto ya solo va de números y de ganar tiempo para que cada cual se retrate. Lo dicho: keep calm. El reloj de la democracia aún no ha echado a andar y el de Sánchez no tiene ninguna prisa.

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