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13/07/2021 07:17 CEST | Actualizado 13/07/2021 07:17 CEST

Cambio de orientación en el cogobierno

Da la sensación que después de la alianza frustrada con Ciudadanos, el presidente del gobierno opta por un giro hacia el centro izquierda.

Más que una remodelación, estamos ante un cambio orgánico, técnico y generacional, centrado en la recuperación económica y la gestión de los fondos europeos, no solo en clave de gobierno sino también de partido, con más partido socialista de la generación presidencial, de orientación gestora y de centro izquierda para afrontar la segunda mitad de legislatura. Cómo es lógico, echo de menos una orientación más de izquierdas, pero también un perfil más político, después del relevo de los pesos pesados como Calvo o Ábalos, sustituidos por una nueva generación con más mujeres y más experiencia gestora municipal y, sin embargo, con la ausencia del necesario equilibrio entre renovación y experiencia. Convencido como estoy de que las próximas elecciones municipales, de ganarse, se ganarán en el terreno y no en la composición del gobierno central.

Una remodelación profunda pero limitada exclusivamente al partido mayoritario de la coalición, el PSOE, algo que confirma una vez más un modelo de gobierno compartido o cogobierno, más que un verdadero gobierno de coalición de dos partidos de izquierdas. Tampoco da una imagen de compromiso con la nueva etapa y tampoco de flexibilidad y disponibilidad de banquillo en el coaligado, sobre todo después de la salida de Pablo Iglesias y su reciente asamblea. Da la impresión de que la facción de gobierno se ha hecho con toda la dirección de Podemos, si es que ya no la tenía. El anuncio de una remodelación futura, de nuevo de parte (esta vez de Unidas Podemos), no puede ser más inquietante. Porque puede basarse en una interpretación sesgada del relevo de Calvo o de Ábalos como triunfo de las posiciones propias de UP con la ley de alquileres o la ley Trans, como si tales contradicciones no estuvieran a nivel de los partidos más que de las personas. Pero sobre todo, por la tentación que supone situarse al margen de la orientación y de la recuperación de la iniciativa del conjunto del gobierno.

Lo siento, pero sigue sin gustarme la imagen de un pretendido gobierno monocolor por parte del PSOE que convive a regañadientes con unos ministerios entendidos como adosados de Unidas Podemos. Puede que a uno le interese mantener la imagen tradicional de monopolio del gobierno y al otro tener un pie dentro y otro fuera: al tiempo gobierno y oposición de izquierdas, pero ambas pulsiones no facilitan el desarrollo de un proyecto y de una acción común de gobierno, que además se da en condiciones de minoría parlamentaria y de una oposición de confrontación por parte de las derechas.

En el cambio se constata que el personalismo, que se acentuó como parte de la identidad de los nuevos partidos populistas, se ha convertido en la seña de identidad del conjunto de los partidos, de la política, y también se refleja en el presidencialismo en general de los gobiernos y de la parte del Ejecutivo de Pedro Sánchez en este nuevo tiempo político.

Un gobierno que nunca es solo la suma de sus partes ni de sus sensibilidades o personalidades, tampoco el resultado de la mera contabilidad de sus equilibrios de género o generacionales, con ser éstos muy importantes. Se trata de un grupo humano con dos partidos y con alianzas parlamentarias de investidura, pero con un proyecto. Por eso, esto de los ministros como material fungible no acaba de convencerme ni para consolidar el grupo en que, por contra, genera inestabilidad, y mucho menos para desarrollar una gestión sólida del proyecto con solo dos años de legislatura por delante.

La remodelación de Sánchez mantiene íntegro el núcleo duro de la economía encabezada por la orientación moderada y europeista de Calviño, así como los ministerios de Estado, junto a la ambigüedad en la política sanitaria y la seguridad social. Sin embargo, no ocurre lo mismo con respecto a la política territorial, el modelo de transportes y comunicaciones, la educación o la investigación, que junto al medio ambiente son vitales para un partido y un gobierno con proyecto de futuro para el país y que, sin embargo, los cambios de unos como Iceta y el perfil de las nuevas ministras parece que han sido tratados con improvisación y adolecen de experiencia. Da la sensación que después de la alianza frustrada con Ciudadanos, el presidente del gobierno opta por un giro hacia el centro izquierda.

El principal problema de lo que resta de legislatura será entonces hacer compatible la nueva orientación gestora de centro izquierda del PSOE con el cierre de filas de Unidas Podemos en torno al programa pactado y a sus ministerios, dentro de un mismo gobierno. Una contradicción que se suma a las vividas hasta ahora en la coalición.

La derecha, con su eterna deslegitimación del gobierno, ha perdido una vez más la oportunidad de rentabilizar la crisis y el desgaste de algunas políticas concretas del gobierno para apuntar de nuevo a su deslegitimación global, cuando no al insulto al presidente, en una moción de censura y campaña electoral permanentes. Es lo que tiene la política populista del todo y para ahora mismo. La simplificación y personificación de los problemas complejos.

En definitiva, mantengo mi deseo de lo mejor para el gobierno de coalición progresista y sigo apoyando su programa de cambio, aunque no me hayan gustado ni la salida primero del vicepresidente de la parte de Unidas Podemos ni ahora la remodelación del presidente de la parte del PSOE. Precisamente, cuando se vislumbra la salida de la pandemia, hubiera sido un buen momento para relanzar el proyecto común y no para resalta la identidad de las partes ni para nuevas contradicciones en la orientación del gobierno. 

DE EXPERTO A EXPERTO