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09/05/2020 10:32 CEST | Actualizado 09/05/2020 10:32 CEST

Carta de una desconocida: María Forteza

Entre 1932 y 1934, la directora, hasta ahora desconocida, realizó una de las primeras películas sonoras de nuestra historia, 'Mallorca'.

Filmoteca Nacional
Captura del documental. 

La historia del cine español está plagada de encuentros fortuitos con nuestro pasado. Se cuentan por decenas las ocasiones en las que alguien descubre un baúl en cuyo interior descansan latas repletas de celuloide desconocido. Maletas que nadie mira en un mercado y que guardan fragmentos de películas dadas por perdidas o jamás catalogadas. Hijos, nietos, bisnietos y descendentes de la más variada naturaleza han sido poseedores de un legado de valor incalculable en lo más recóndito de sus boardillas. 

A esta coyuntura se suman las innumerables quemas que ha sufrido nuestro patrimonio cinematográfico. Kilómetros de celuloide han ardido para dar rienda suelta a la sensación de ingravidez que produce la pérdida irreparable, así como a las conspiraciones más plausibles acerca de cómo se han desvanecido nuestro pasado, nuestro talento y nuestro legado cultural.

Pero sucede que, en ocasiones, la circunstancia es la contraria. Que un encuentro accidental con el azar no solo nos devuelve los objetos perdidos, sino que nos presenta a autores de cuyas obras no teníamos constancia. Este es el caso de María Forteza.

Entre 1932 y 1934 (quizá más tarde, si se atienden a las nuevas hipótesis acerca de la datación), la directora, hasta ahora desconocida, realizó una de las primeras películas sonoras de nuestra historia, Mallorca. Casi una centuria después de ser realizada, somos plenamente conscientes de que la historia también la escribieron diversos nombres de mujer, aunque el olvido o la ignorancia terminaran por apagarlos. 

El proceso que ha seguido la Filmoteca Española para llegar a este hallazgo es digno de una aventura de Howard Carter. Como arqueólogos de nuestro cine, la entidad dirigida por Josetxo Cerdán ha dado con un nitrato inesperado, que enseguida llamó la atención. La película es de una calidad exquisita. Si alguien ha visto El misterio de la Puerta del Sol (1929, Francisco Elías Riquelme), nuestro primer título sonoro, verá que la diferencia entre una y otra es notable.

Forteza elabora una carta de amor a Isaac Albéniz y a Mallorca a través de un montaje poético, con innumerables encadenados y una estética fuertemente influenciada por el cine social de John Grierson, pese a que es probable que la directora jamás hubiera oído hablar del cineasta británico. No obstante, resulta increíble que el comienzo de Mallorca sea tan similar a un pasaje de Drifters, su título más emblemático, con el barco surcando las olas, la maquinaria a pleno rendimiento y los planos generales del mar. 

Filmoteca Nacional
Una captura del documental. 

Coetáneos a Forteza fueron otros grandes documentalistas de la Escuela documental inglesa y, en efecto, hay algo en la directora española que remite a esa configuración de los planos, a su mirada incisiva sobre la realidad, al análisis de las personas que integran el paisaje que propone. Sin embargo, Forteza es más poética y en eso se aleja de Basil Wright, Paul Rotha, John Taylor u otros miembros de la escuela de Grierson. También se extraña de documentalistas como Joris Ivens, más centrados en captar el pulso social, para centrarse en un punto de vista más artístico, casi de retratista, de los espacios.

Otra de las grandes documentalistas coetáneas, Leni Riefenstahl, que realizará en esta etapa obras como El triunfo de la voluntad y Olympia, también destacaba a la hora de captar el espacio, pero Forteza prescinde del enfoque fotográfico y monumental propio de la alemana, para adentrarse en el terreno de la evocación y de lo etéreo.

Hay algo que, con diferencia, me ha sorprendido de Mallorca. Sin duda, es todo menos casual porque, aunque el metraje dura poco más de siete minutos, es un recurso que emplea con profusión, casi como estilema: los innumerables encuadres con composición enmarcada. 

Entre 1932 y 1934, la directora, hasta ahora desconocida, realizó una de las primeras películas sonoras de nuestra historia, ‘Mallorca’.

En realidad, enmarcar el encuadre (o encuadrar dentro del encuadre) es una de las formas más atractivas de composición. En ese sentido, Forteza aprovecha los marcos naturales que le ofrecen pórticos, columnas, árboles y patios interiores para realizar unas tomas profundamente estéticas, que más tarde combina con planos generales diáfanos.

Me es indiferente si María Forteza fue la primera mujer en realizar una cinta sonora en detrimento de El gato montés de Rosario Pi. Personalmente, soy más tendente a sumar que a competir. Lo único que me atrae de este hecho es que España cuente con una directora más, añadida a las innumerables directoras caídas en el olvido como Elena Jordi, Helena Cortesina o la propia Pi. Hemos tenido un gran número de precursoras y, sin embargo, a cada directora que se acerca al espectro cinematográfico parece recubrirle una aureola de pionerismo tan falso como contraproducente. Forman parte de una cadena, no la comienzan.

Por ello debemos celebrar que el nombre de María Forteza haya surgido al fin, y se pueda colocar en el lugar de la historia que le corresponde. Esperemos que no sea la última.

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