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05/01/2020 11:35 CET | Actualizado 05/01/2020 11:35 CET

Casado y sus tropas capitanean el regreso de las dos Españas

El PP y sus tropas -hoy con Vox y Ciudadanos- han utilizado los instintos más básicos, emocionales y tristes para llevarse todos los titulares de la segunda sesión de investidura, en un día en el que no tenían foco. La derecha gritando “libertad, libertad” a representantes de Bildu en tribuna, la puesta en escena del dedo acusador de Casado hacía Sánchez y la utilización de las víctimas del terrorismo han reventado la segunda sesión desde las 9 de la mañana.

Pablo Casado, el líder de la oposición, ha llegado esta mañana dispuesto a convertirse en el mejor “hooligan” de la derecha española, desbancando a los suyos, a Santiago Abascal y a un personaje como Edmundo Bal (Ciudadanos), claro alter ego de Juan Carlos Girauta en las filas del menguante partido. En la mañana del 5 de enero de 2020, en el siglo XXI, casi un siglo después de las “dos Españas” de Machado, en el Congreso de los Diputados se ha visualizado la división de la cámara entre la izquierda y la derecha, la ahora llamada España de los dos bloques. La intervención de la representante de EH-Bildu -más moderada que en otras muchas ocasiones, cuando Herri Batasuna subía a la tribuna- ha sido el detonante para la escenificación de los populares.

La puesta en escena del dedo acusador de Casado hacía Sánchez y la utilización de las víctimas del terrorismo han reventado la segunda sesión desde las 9 de la mañana

Dedos acusadores de Casado, Alvarez de Toledo y los suyos contra los bancos del Gobierno, especialmente contra Pedro Sánchez; increpaciones directas de Casado a Sánchez, pendiente de los focos y las cámaras que le apuntaban, gestualizando con exageración; el líder de Vox, Santiago Abascal, paseando con el teléfono al oído en los pasillos, presuntamente para no escuchar a Mertxe Aizpurua. Eso sí, los suyos, sus diputados permanecieron dentro, siguiendo y abroncando -menos que los populares, salvo excepciones-. Meritxell Batet, la presidenta del Congreso, se ha tenido que emplear a fondo y Aizpurua, hacerse sorda, porque desde la tribuna se oye todo, desde el “esto es infame” de Casado, a la acusación de terroristas.

Afuera, en el patio del Congreso, algunos de los diputados del PSOE como Patxi López o el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, comentaban asombrados, preocupados y dolidos, “es como si lo muertos solo los hubieran tenido ellos” decía López de la bronca por la derecha a costa de las víctimas y el terrorismo. “Ha habido discursos mucho más duros” reflexionaba Sánchez, mientras Ábalos apuntaba a la capacidad que tiene el PP para mantener una sesión tan tensa y bronca. ”¿Hasta cuando van a ser capaces de aguantar este ritmo?” y lamentaba la ausencia de cultura democrática. Ni los gestos de Pablo Iglesias a primera hora pidiendo calma, ni los tuit de Irene Montero denunciando las maniobra para radicalizar y embrutecer el momento, han sido suficientes.

“Es como si lo muertos solo los hubieran tenido ellos” decía Patxi López de la bronca por la derecha a costa de las víctimas y el terrorismo

En los pasillos, cuando la representante de Bildu ha terminado y Sánchez ha logrado mantener un tono bajo, neutro y frío pese a la presión de las filas de la derecha, Adolfo Suárez Yllana ha salido al pasillo, ha reclamado los focos y ha explicado porque ha dado la espalda a la representante de Bildu desde su puesto en la mesa del Congreso. No lo ha hecho, por ejemplo, Ana Pastor. Ha recordado los tiempos en que ponían el cañón en la nuca los etarras y unas palabras de su padre, mandíbula emocionada y temblorosa, cuando le dijo que se iba a dedicar a la política. Si su padre hubiera visto en que ha quedado el consenso para acabar con las dos Españas por el que tanto trabajó y como su vástago daba la espalda alimentando la crispación, igual hubiera torcido el gesto.

Lo más cuando paradójico es que cuando Sánchez, con un tono de voz más elevado del que ha tratado de mantener, ha recordado el pacto de Arzalluz y el PP, desde la bancada de derechas y extrema derecha le han espetado: “Esa es la prehistoria”. Aunque sucedió en el 96, eso les resulta más antiguo que la Guerra Civil o la época dura de ETA aunque fue posterior.

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