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15/06/2020 09:58 CEST | Actualizado 15/06/2020 09:58 CEST

Colon-a-virus: ¿una nueva epidemia en suelo estadounidense?

Debería predominar el menos común de todos los sentidos, el sentido común, y evitar descontextualizar el pasado al aplicar los cánones del presente.

Anadolu Agency via Getty Images
Una estatua de Cristóbal Colón atacada con pintura, en Miami. 

¿Qué tienen en común Juan Sebastián Elcano, Cristóbal Colón y Neil Armstrong? Forman parte de la nómina de los grandes emprendedores y hacedores de épicas de la historia y, junto a otros muchos, han escrito algunas de sus páginas más memorables.

Colón falleció en 1506, siete años antes de que el primer español -Juan Ponce de León- llegase a lo que hoy conocemos como Estados Unidos. En otras palabras, el navegante genovés nunca pisó suelo norteamericano, ni falta que le hacía. 

A pesar de todo, su figura no pasa por su mejor momento en el país de Donald J Trump. En las últimas semanas se han decapitado y derribado algunas de sus estatuas en puntos tan distantes como Richmond (Virginia), Saint Paul (Minnesota), Miami (Florida), Boston (Massachusetts) o Camden (Nueva Jersey). 

Estos actos vandálicos obedecen a la acusación de xenofobia que le atribuyen aireados grupos de manifestantes. En una de las estatuas se llegó incluso a colgar el mensaje: “Colón representa el genocidio”.

Es posible que esto sea solo el inicio de una “guerra de estatuas” que, de seguir así, dejará sembrado los suelos de las ciudades norteamericanas con los restos de muchos protagonistas de la historia de Estados Unidos. No hay que olvidar que en el año 2018 una organización de abogados de Alabama elevó hasta 1.728 el número de obras que rendían reverencia a personajes esclavistas.

Antes de seguir por la senda del sinsentido sería bueno echar brevemente la mirada atrás. Fue el uno de enero de 1863 cuando se abolió la esclavitud en Estados Unidos, durante la presidencia de Abraham Lincoln. Hasta esa fecha, todos los presidentes estadounidenses o fueron esclavistas o convivieron con la esclavitud. Entre ellos los padres de la patria como George Washington o Thomas Jefferson.

Hasta 1863, todos los presidentes estadounidenses o fueron esclavistas o convivieron con la esclavitud.

Sin ir más lejos, el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid alberga el retrato de Hércules, uno de los esclavos que tenía George Washington en la plantación familiar de Mount Vernon (Virginia). 

Allí Hércules ejercía las labores de chef y lo debía de hacer bastante bien, porque cuando su dueño fue proclamado presidente y tuvo que mudarse a Philadelphia, la primera capital del naciente estado, se lo llevó con él.

Por otra parte, y aunque les pese a muchos, el genocidio -la aniquilación sistemática y deliberada- en suelo estadounidense no tiene un origen hispano, sino en aquellos colonos ingleses que se independizaron de la madre patria y que llevaron a cabo un exterminio masivo de los pueblos nativos que allí vivían.

Tampoco está de más recordar que en la película Forrest Gump el protagonista que interpreta Tom Hanks toma su nombre en honor a un antepasado que salía a cazar negros, primero a cara descubierta y luego encapuchado y vestido con una túnica blanca.

Ese personaje existió realmente, se llamaba Nathan B Forrest y fue un general del Ejército Confederado. En 1865, al finalizar la Guerra de Secesión, participó en la fundación de un grupo que defendía abiertamente la supremacía de la raza blanca y tenía marcados tintes xenófobos, el temido Ku Klux Klan.

Debería predominar el menos común de todos los sentidos, el sentido común, y evitar descontextualizar el pasado al aplicar los cánones del presente.

Pero bueno, regresemos por unos momentos al siglo en el que murió Cristóbal Colon. En el año 1542 la Corona española reconocía mediante las Nuevas Leyes a los indios como súbditos libres y la ciudad de Valladolid fue el escenario de un debate sobre derechos humanos, un hecho inédito en aquella época.

En los jardines de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en Nueva York hay una estatua del teólogo y filósofo español Francisco de Vitoria (1483-1546) que recuerda los valores que planteó en defensa del derecho internacional. Por ese motivo, lleva su nombre la sala de reuniones de esta Organización en Ginebra (Suiza).

Al margen de todas estas disquisiciones, debería predominar el menos común de todos los sentidos, el sentido común, y evitar descontextualizar el pasado al aplicar los cánones del presente. No es tiempo de más epidemias.

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