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21/04/2020 10:32 CEST | Actualizado 21/04/2020 10:32 CEST

Como en los tiempos del mono

El activismo de la derecha, política y mediática, se concentra en atacar al Gobierno por el manejo de la guerra contra el virus.

Windzepher via Getty Images

Leer Sapiens, la interesantísima obra de Yuval Noah Harari, no sólo nos sirve para enterarnos de los intríngulis de la evolución humana y de ese momento clave que fue la revolución cognitiva, sino para entender un poco mejor nuestro mundo actual. Incluso para comprender por qué los bulos caminan tan rápido por las sociedades, transportados ahora por las autopistas y ramales de esa gran red que es Internet, donde no hay ni semáforos, ni señalética, ni policía de tráfico. 

Nada más empezar el libro, el autor pone un ejemplo clarísimo que diferencia al hombre del mono (aunque hay excepciones), como cada día nos demuestran algunas fakes y hasta algunos títulos que no son elegidos ‘a la ruleta’ en periódicos con apariencia de serios. 

“Es relativamente fácil ponerse de acuerdo –explica Harari– en que solo homo sapiens puede hablar sobre cosas que no existen realmente y creerse seis cosas imposibles antes del desayuno. En cambio, nunca convenceremos a un mono para que nos dé un plátano con la promesa de que después de morir tendrá un número ilimitado de bananas a su disposición en el cielo de los monos”.

Doy fe de que esto es verdad verdadera. Todas las mañanas, desde antes del puñetero y traicionero coronavirus, recibo en mi móvil no seis, sino quince o veinte cosas imposibles que algunos conocidos y conocidas se han creído antes del desayuno. 

Y he podido comprobar, asimismo, como incluso medios tenidos por serios y fiables para el público propenso a los credos de la derecha-derecha ‘como Dios manda’ le dan a desayunar a sus lectores no hechos, sino teorías e interpretaciones similares a la de ofrecer a cambio de su fe de carbonero un racimo de plátanos, ya cortados, incluso, para el día de mañana. El problema es que los plátanos no se pueden poner en la nevera. 

“Piense el lector –pide Yuval– lo difícil que habría sido crear estados, o iglesias, o sistemas legales, si solo pudiéramos hablar de cosas que realmente existen, como los ríos, árboles y leones”.

Aquí encuentro algunas explicaciones, por aproximación, a esa furia asesina – de las libertades– que asoma como un león hambriento en la sabana cada vez que alguien trata de implantar un método, un mecanismo, algo, para descubrir a los mentirosos de la nube. Los populistas de ambas bandas, la de babor y la de estribor, se ponen histéricos y fuera de sí, literalmente. El camino lo marcó Donald Trump, y poco después le siguió el premier inglés, Boris Johnson, coronavírico por justicia poética. 

El millonetis USA, que contradiciendo las leyes de la evolución llegó a la Casa Blanca y se está dedicando con esmero a destrozar la arquitectura de la gran democracia norteamericana, y su efectivo contrapeso de poderes, inauguró la ‘realidad alternativa’, es decir, los plátanos que no existen, con total desparpajo. 

El activismo de la derecha, política y mediática, se concentra en atacar al Gobierno por el manejo de la guerra contra el virus.

A cada desmentido que recibía por sus trolas por parte de la prensa independiente, él respondía con un ataque con bombas de racimo. Acusaba a los que buscaban y hallaban la verdad de ser fakes, unos mentirosos. Con la ayuda de los rusos y de los ciudadanos propensos a creer cuentos de hadas, ganó las elecciones. Y ahí sigue.

Lo mismo está sucediendo en España, y en toda Europa. 

Hay que fijarse en quienes siempre se revuelven con fiereza ante los desmentidos que dejan en pelotas a los intoxicadores, que en vez de lo que sería natural, recibir felicitaciones, reciben improperios y amenazas. No quieren, como los malos periodistas, que la realidad les estropee un buen titular. La posibilidad de sentirse descubiertos en sus manipulaciones les va cargando las pilas del odio, hasta el punto de que pierden la capacidad de disimulo. 

Esto está pasando a nuestro alrededor: han convertido en enemigos de la democracia a los grupos de verificación que ya se han extendido por el mundo, y que vienen a ser como epidemiólogos voluntarios para descubrir las intoxicaciones y las infiltraciones de los verdaderos virus y bacterias enemigos de la verdad.

La decisión de los ‘grandes’ de Internet para limitar el alcance de los bulos y su velocidad de infectación mediante un algoritmo ha sacado de quicio a toda la caterva de la caverna. No solo a los ‘bulistas’ sino a sus beneficiarios. 

Cuando hay un crimen, como nos enseñan las novelas del género negro y la ciencia criminológica, la primera pregunta que se hacen los investigadores para llegar hasta el culpable es: ¿quién se beneficia? Qui prodest. Comprobando la prensa de horas después o del día o semanas siguientes, tendremos la respuesta. 

Porque no hay bulos sin padrinos. En EEUU los bulos no serían tales como son sin la cadena FOX y sus tentáculos mediáticos, económicos y sociales; en España muchas de las fake news llevan el santo y seña de Vox… pero no únicamente de Vox. Dirigentes peperos corean las trolas, y quedan al descubierto, como hace poco Rafael Hernando y la teoría de la conspiración que acusa al Gobierno de estar detrás de una medida adoptada por wassaps para todos sus usuarios: limitar los reenvíos. 

Hace años se hablaba metafóricamente de la Brunete mediática. Ahora lo que sí se aprecia es cómo medios afines a la derecha salen en tromba a arropar cuentos de brujas y consignas extremas. Después, silencio. Si te vi no me acuerdo. Poco a poco van olvidando sus negaciones y tomando nuevas posiciones. Los negacionistas del cambio climático se pasan de bando casualmente y a la vez que las grandes compañías energéticas entran en el negocio verde; los que defendían los recortes en sanidad ahora le echan la culpa a los recortados y miran altivos para otro lado cuando la OCDE acredita que la inversión en sanidad pública es un 15% inferior a la media y que aún no ha conseguido alcanzar los niveles de antes de la Gran Recesión; los que justificaban los recortes en investigación y universidades ahora los desmienten por el sistema de ofrecer plátanos a un chimpancé. Y el aborto, el divorcio...

De este método no excluyo a Podemos, por la mera razón de que aún ‘rulan’ sus audios y vídeos y sus ‘batallones’ dedicados a la guerrilla digital. Y de lo que hubo casi siempre queda, aunque últimamente sus problemas internos, con fugas de alto standing y mareas de desencantados parece haber desactivado aquella agitprop

Medios afines a la derecha salen en tromba a arropar cuentos de brujas y consignas extremas. Después, silencio.

Ahora el activismo de la derecha, política y mediática, se concentra en atacar al Gobierno por el manejo de la guerra contra el virus. Ello incluye silenciar cualquier comparación en el contexto internacional, y las características del propio problema: nunca antes, excepto en la I Guerra Mundial cuando coincidió la gran matanza en los campos europeos con la mal llamada ‘gripe española’, había estado la humanidad ante una situación parecida. 

China, por otra parte, pudo contribuir a que no se le diera la gravedad que tenía este Covid-19. Reportó unos 3.000 muertos en Wuhan, 11 millones de habitantes la capital, 58.5 millones a provincia de Hubei. Italia va por casi 24.000 fallecidos; España por 20.700; Francia por 19.000; Reino Unido por 16.000… y la revisión de los decesos en China... ¡por 4.632!

Pero los que se opusieron al confinamiento, ahora son sus mayores defensores, que se oponen sinuosamente a la desescalada progresiva que propone la autoridad competente, un término que les desquicia. Es esta estrategia de ‘leña al mono hasta que hable inglés’ lo que descubre las verdaderas intenciones. El botón nuclear, que ha dejado de funcionar, es que Sánchez es un mentiroso y que Podemos es un peligro, y que los dos son la bomba…atómica.  

El problema es que en todo caso a un mentiroso ni se le puede combatir con mentiras ni se puede olvidar que es el ‘presidente en guerra’. Le tocó estar en la Moncloa cuando estalló la pandemia, y si no hay moción de censura, le tocará la reconstrucción. ¿Cuál es la actitud más responsable y patriótica?

Una señal en la buena dirección puede ser el ejemplo valiente de la portavoz de Más Madrid en el Ayuntamiento de la Capital, Rita Maestre. Ofreció su apoyo incondicional y total al alcalde del PP Martínez- Almeida.

Un médico epidemiólogo, Andrés Rabadán, me hace algunas observaciones: “El que critica la progresiva apertura económica es que no sabe que el hambre física puede llegar a continuación”; “la improvisación inteligente es lo mejor que se puede hacer”. 

La historia de las dos guerras mundiales lo demuestran.