POLÍTICA
13/05/2021 21:00 CEST

Cómo hemos cambiado: lo que separa a la generación 15-M de la actual

La precariedad sigue siendo la misma diez años después, pero el contexto de protesta y movilización en redes, no.

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Montaje con una imagen del 15-M (i), en 2011, y otra (d) de una manifestación de Fridays for Future, en 2021.

Crisis, desigualdad, problemas de vivienda, desempleo juvenil, precariedad, incertidumbre, descrédito de las instituciones. ¿Hablamos de 2011 o de 2021? Estos son algunos de los factores que generaron el malestar social que acabó desembocando en la manifestación del 15 de mayo de 2011 y dio origen al 15-M, pero muchas personas conjugan todavía en presente estos conceptos.

Es inevitable establecer paralelismos entre la juventud precaria de hace una década y la actual, y sin embargo en este tiempo han cambiado varios aspectos de la sociedad. Hablamos con un historiador, una demógrafa, un sociólogo y un investigador del 15-M para entender qué hizo exactamente que surgiera el movimiento de los indignados, en qué se diferencia la sociedad de entonces de la de ahora y por qué sería (o no) posible un nuevo 15-M. Una pista: la extrema derecha y su dominio del discurso del odio en redes sociales pueden estar detrás de esto.

Una crisis de expectativas en los hijos de clase media

Para Luis Enrique Otero, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense, la desigualdad está en el centro y el origen de la protesta social que explotó en 2011, y no porque antes de esa fecha no hubiera inequidad, sino porque con la crisis de 2008 este problema “estalló con toda su virulencia” y se puso en la agenda pública, en los medios de comunicación. “El 15-M no fue sino una expresión del rechazo a un mundo en el que la desigualdad había ido creciendo desde los años 80, pero no se había visibilizado hasta el estallido de 2008”, explica.  

Esta crisis ataca principalmente a las clases medias de los países de capitalismo desarrollado, como España, y genera “un cambio radical” en sus expectativas, señala Otero. “Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, hay una convicción generalizada de que el futuro siempre va a ir a mejor, de que tú vives mejor que tus padres y tus hijos van a vivir mejor que tú, y que eso va a ser un proceso de desarrollo indefinido”, abunda el historiador.

Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, hay una convicción generalizada de que tú vives mejor que tus padres y tus hijos van a vivir mejor que tú. Esto se rompe en 2008

La crisis de 2008 tira por tierra esta idea, y afecta sobre todo a las nuevas generaciones, “que ven cómo su horizonte se precariza”, apunta Otero. “Todo esto da lugar al creciente malestar de los jóvenes, los hijos de las clases medias, y desemboca en ese grito de ‘no hay futuro’ que estuvo en la base de las movilizaciones del 15-M”, explica. 

El “uso inteligente de las tecnologías”

Javier Toret fue una de las muchas personas que entonó ese grito como parte del colectivo Democracia Real Ya!, que convocó la manifestación inicial del 15 de mayo en la que “se movilizó a 130.000 personas” simplemente a través de internet. Toret, que años después coordinó el estudio Tecnopolítica y 15M: la potencia de las multitudes conectadas y actualmente es investigador del grupo Tecnopolítica-CNSC de la UOC, achaca el éxito de la convocatoria al contexto de crisis socioeconómica de entonces y al “uso inteligente de las tecnologías [por parte de los organizadores] para comunicar la indignación, ampliar los mensajes y agregar a las personas”, lo que él denomina “la tecnopolítica”.

En cualquier caso, matiza el investigador, la protesta fue organizada, pero la acampada y el movimiento posterior, no. “Las acampadas surgieron espontáneamente”, explica. “El primer día [15 de mayo], un grupo de personas decidió acampar en Sol y la Policía no dijo nada, pero al siguiente los desalojó, entonces empezaron a llamar a la gente a ir a las plazas”, rememora. “Lo que hizo el desalojo fue generar un efecto contrario de solidaridad y reconquista de la plaza el 17 de mayo”, cuenta Toret. Él estaba allí, y todavía recuerda cómo aquella noche la gente rompió a cantar “¡ha empezado la revolución!”. 

Fue un movimiento muy transversal que buscó una politización colectiva de los problemas

Entre los factores que propiciaron el estallido del 15-M, Toret menciona la influencia de la Primavera Árabe en los manifestantes españoles, y más concretamente la Revolución egipcia de 2011, que comenzó en enero en la plaza Tahrir de El Cairo y acabó con la dimisión del presidente Hosni Mubarak. “Tengo un mail de la misma noche del 15-M que decía: En Madrid, como en Egipto”, recuerda Toret. 

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Mucha gente verá ahora el movimiento de los indignados como algo trasnochado, o utópico como mínimo, pero cuando surgió, recibió un apoyo mayoritario. Según una encuesta de Metroscopia realizada en junio de 2011, el 66% de la población española declaraba sentir simpatía hacia el movimiento, y el 81% de la gente consideraba que los indignados tenían razón. Otro estudio de Ipsos Public Affairs de entonces señala que entre 6 y 8,5 millones de españoles participaron en las protestas de una u otra manera. Javier Toret lo explica porque el movimiento fue “muy transversal” y “buscó una politización colectiva de los problemas”.

Cómo de precaria era la situación y cómo lo es ahora

Esos problemas, además, tenían nombre y apellidos. En 2011, la cifra de parados en España alcanzó un récord histórico con 5,3 millones de desempleados, el 22,85% de la población, casi siete puntos más que en la actualidad, que se sitúa en el 15,98%. Entre los jóvenes menores de 25 años, era mucho peor, con una tasa de paro juvenil del 48,56% al cierre de 2011. En 2012, el 26,8% de la población de entre 16 y 29 años de España era pobre y casi la mitad de los jóvenes no tenían ningún tipo de ingresos, ya fueran salario o prestaciones.

Actualmente, las cifras no son mucho mejores. Sólo cuatro de cada diez jóvenes de entre 16 y 29 años trabaja. El 46% está inactivo y el 12,9%, en paro, según datos del Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España recogidos antes de la pandemia. Además, uno de cada cinco jóvenes de los que sí tienen trabajo está en riesgo de pobreza y exclusión social, y más del 55% tiene contratos temporales.  

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Una pareja pasea por el centro de Madrid en 2019. En los carteles del fondo se puede leer que el piso turístico del 4º D es "ilegal".

En 2013, sólo una de cada cinco personas (20,9%) de entre 16 y 29 había podido emanciparse de casa de sus padres, siendo esta la cifra más baja en diez años. Ahora, casi una década después, el porcentaje es aún menor, y sólo el 18,7% de la población de entre 16 y 29 años reside fuera del hogar familiar. De ese porcentaje, sólo el 17,4% vive solo.

Los hitos de evolución en la vida de una persona empezaron a retrasarse con la crisis, y esta tendencia no sólo ha continuado sino que se ha agudizado en los últimos tiempos. “Todas las transiciones se han ido retrasando cada vez más”, afirma Teresa Castro, demógrafa del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). “La primera transición importante es la edad de emancipación residencial y económica, y ahora mismo en España se sitúa en los 29 años, diez más tarde que en Suecia”, apunta la demógrafa. Esto supone que el resto de transiciones vitales se van aparcando.

La primera transición importante es la edad de emancipación, y ahora mismo en España se sitúa en los 29 años, diez más tarde que en Suecia

En 2011, se superó por primera vez en España la barrera de los 30 años como edad a la que las mujeres tenían su primer hijo. Casi una década después, ese momento se ha retrasado aún más y, según los últimos datos de Eurostat, las mujeres tienen su primer hijo a los 31,1 años en España, casi dos años después que la media europea. También el total de hijos que se tienen 1,23 es uno de los más bajos del mundo”, añade Teresa Castro. Hace diez años, la tasa era una décima mayor, con 1,34 hijos por mujer.

“Arrastramos diez años de crisis”

Citando la encuesta de fecundidad del INE de 2018, Castro recalca que el retraso en la maternidad de las españolas “no es enteramente voluntario”, sino que “no se dan las condiciones para la crianza”. “Cuando se les pregunta a las mujeres de 40 años si han tenido su primer hijo cuando querían o más tarde, casi la mitad responde que lo han tenido bastante más tarde, y mencionan como razones principales las dificultades laborales, económicas, problemas de conciliación o el hecho de no tener una pareja estable”, explica.

No hay trabajo, hay precariedad, hay incertidumbre... en esas condiciones lo normal es retrasar las decisiones vitales para ver si vienen tiempos mejores

“Arrastramos diez años de crisis”, asegura la demógrafa. “En teoría la crisis acabó, pero en los valores demográficos esto no se vio”, señala. “La fecundidad nunca aumentó, y el retraso en la maternidad siguió”, apunta Teresa Castro. En los últimos años, “no hay trabajo, hay precariedad, hay incertidumbre, y en esas condiciones lo normal es retrasar las decisiones con respecto a la familia para ver si vienen tiempos mejores”, razona la experta.

El problema es que lo que está por venir no siempre es mejor, y en este caso los jóvenes salientes de la crisis de 2008 se encuentran ahora con la peor pandemia del último siglo. “Esa generación va a encadenar dos crisis”, constata Castro. 

¿Otro 15-M es posible?

Y con el panorama actual, ¿no hay en el horizonte una movilización similar a la del 15-M? Los expertos consultados no lo ven claro. Ferran Giménez, sociólogo especializado en movimientos sociales y profesor de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, sostiene que “no habrá otro 15-M”, pero sí “una ola de movilizaciones difusas y sectoriales”, principalmente porque “ha habido muchos ERTE que ya son ERE”; es decir, que el cese de la actividad laboral ha dejado en muchos casos de ser temporal para convertirse directamente en despidos. “Va a haber un mapa muy difuso de manifestaciones sectoriales”, augura. “No sé si llegarán a articularse, pero el período que viene va a ser de mucha conflictividad social”, pronostica el sociólogo. 

No habrá otro 15-M, pero sí una ola de movilizaciones difusas y sectoriales. el período que viene va a ser de mucha conflictividad social

Ferran señala que, tradicionalmente, cuando gobierna el PSOE “decae la movilización, porque se asume que los sindicatos se encargan de gestionar determinados malestares y que un gobierno progresista siempre es más receptivo a las demandas”. Sin embargo, en mayo de 2011 también gobernaba el PSOE, en este caso con José Luis Rodríguez Zapatero a la cabeza, y eso no impidió que la gente saliera a las calles como nunca. 

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Manifestantes del movimiento 'Rodea El Congreso' protestan en Cibeles pidiendo más democracia el 14 de diciembre de 2013.

El Gobierno de Zapatero estaba tan debilitado, principalmente por la gravedad de la crisis de 2008, que convocó elecciones por adelantado para el 20 de noviembre de 2011, en las que el PSOE obtuvo su peor resultado electoral de la democracia y Mariano Rajoy, del PP, ganó por mayoría absoluta. La máquina del bipartidismo, eso que tanto criticaba el 15-M, seguía en marcha. 

Con Rajoy, el descontento de la gente no mejoró, e incluso aumentó. “En 2012 se activaron la PAH [Plataforma de Afectados por la Hipotecas], las mareas ciudadanas [contra los recortes], el Rodea el Congreso... ese año se batió el récord de personas movilizadas desde que hay datos”, afirma Javier Toret.

El proceso de institucionalización es el fin de la movilización y de sus reivindicaciones más radicales

Dos años después, en 2014, surgió Podemos y, para algunos expertos, ese fue el fin del movimiento 15-M. “El proceso de institucionalización es el fin de la movilización y de sus reivindicaciones más radicales”, sostiene Ferran Giménez. Para Toret, los cinco escaños que sacó el partido de Pablo Iglesias en las elecciones europeas de 2014 también supusieron un punto de inflexión para el 15-M. “El movimiento partía de una crítica al bipartidismo y ya no hay bipartidismo, decía que no había representación y ahora una parte del movimiento está en las instituciones”, compara el investigador. 

“La red no es la misma que en 2011”, y ahora la domina la ultraderecha

Efectivamente, el contexto político actual es muy distinto al de hace diez años, pero Toret apunta a un cambio más sutil y, en su opinión, más decisivo para que no se dé un nuevo 15-M en 2021. “La red no es la misma que en 2011”, explica. “En estos diez años han surgido Cambridge Analytica y todas las estrategias de guerras de la información desarrolladas por la extrema derecha en todo el mundo, que han destruido gran parte de lo que era el espacio público ciudadano de las redes sociales”, afirma. “Si en 2011 las redes eran del 15-M, que era quien lideraba la comunicación y tenía una capacidad diferencial progresista o transformadora, esa hegemonía de la tecnopolítica la ha construido en los últimos cinco años la extrema derecha”, asegura. 

El 15-M propugnaba la transversalidad; ahora eso casi no existe, y el clima de tensión y polarización dificulta la agrupación de personas con distintas inquietudes e ideologías, como sí pretendía hacer el movimiento de los indignados. “Ahora se ha enfangado todo”, sostiene Toret. “El dominio troll de la extrema derecha con sus discursos del odio, fake news, acoso y bots ha hecho que esos espacios públicos donde había una lógica de interacción, cooperación e inteligencia colectiva se conviertan en sitios de polarización y combate”, agrega. 

El dominio 'troll' de la extrema derecha con sus discursos del odio, 'fake news' y acoso ha hecho que esos espacios públicos donde había una lógica de interacción se conviertan en sitios de polarización y combate

El historiador Luis Enrique Otero coincide con Toret, y explica que la diferencia con respecto a hace diez años es que en 2011 “la incertidumbre por el futuro” cristalizó en el movimiento del 15-M, pero ahora se manifiesta en la “aparición de temores que han encontrado en la inmigración su chivo expiatorio”. De este modo, una parte de la población visualiza en los migrantes “una amenaza a nuestro estatus y nuestro modo de vida”, apunta el historiador. “La crisis del empleo ha alimentado la aparición de los nacionalpopulismos, y esto va más allá de la extrema derecha”, advierte.

El movimiento ecologista coge el testigo

Con todo, hay posibilidades de que surjan otros movimientos sociales progresistas, y tanto Otero como Toret apuntan al ecologismo. “En los últimos tiempos han emergido cuestiones vinculadas con la crisis climática, y por ahí pueden ir los tiros de la próxima revolución entre las nuevas generaciones”, sostiene el historiador.

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Activistas por el clima se manifiestan frente al Congreso el 19 de marzo de 2021.

En cualquier caso, es imposible predecir el estallido. “Pueden venir otros movimientos como el 15-M, pero no hay ni fórmulas mágicas ni recetas. Algo como las acampadas no se puede planificar”, comenta Toret. “Lo que consiguió el 15-M fue crear una movilización masiva en redes sociales que fuera autónoma del mundo de los partidos y de los sindicatos, y que conectara con la gente”, describe. 

Pueden venir otros momentos como el 15-M, pero no hay ni fórmulas mágicas ni recetas. Algo como las acampadas no se puede planificar

“Una generación se despertó, se apropió de su presente, perdió el miedo inconsciente heredado del franquismo, se organizó con la tecnología que tenía a mano y generó un proceso de empoderamiento y de desplazamiento de la agenda política”, abunda Toret. El investigador está convencido de que el 15-M tiene “muchos legados”, sobre todo visibles en las candidaturas municipalistas que en su momento ganaron la alcaldía de ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza o Cádiz, y que todavía hoy siguen en pie con figuras como la actual alcaldesa de Barcelona, Ada Colau.

“La explosión emocional del 15-M abrió nuevos imaginarios, conectó a muchas personas y marcó a toda una generación”, defiende Toret. “La historia es que tienen que venir nuevas generaciones para hacer sus 15-M”. 

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