Cuatro errores que debes evitar para no malcriar a tus hijos

Los padres no crían hijos consentidos de forma voluntaria y premeditada, sino a través de una concatenación de errores de papá, mamá y demás cuidadores.

Hace unos días, viendo la tele, me quedé horrorizada al ver lo maleducados y consentidos que eran unos jóvenes en diversas facetas de su vida. Por suerte, pensé, mis dos pequeños angelitos nunca serán así.

Instantes después, me encontraba enzarzada en una discusión con mi hijo de dos años, que se negaba a recoger del suelo el envoltorio de una barrita de cereales porque estaba “muuuy cansado”. Un rato más tarde, mi hijo mayor, que va a infantil, armó un escándalo en la calle porque no le quise comprar un juguete que había visto en el escaparate. ”¡Es que yo quiero!”.

Tener un hijo consentido abarca una amplia gama de comportamientos que van desde pequeñas muestras en el día a día hasta el extremo de conseguir que sus padres vayan al colegio a echarle la bronca a los profesores por haberle puesto malas notas. Evidentemente, los padres no crían hijos consentidos de forma voluntaria y premeditada, sino a través de una concatenación de errores de papá, mamá y demás cuidadores desde que son muy pequeños. Estos son los cuatro errores más importantes.

Error 1: no enseñarles a comportarse cuando no se salen con la suya

Para mantener a raya las expectativas de los niños sobre lo que tienen derecho a hacer o conseguir, es importante que los padres sean realistas, explica Aliza Pressman, cofundadora del centro para padres Mount Sinai y presentadora del podcast Raising Good Humans (Criando a buenas personas). Los niños de menos de cuatro años todavía no han desarrollado algo conocido como teoría de la mente, el mecanismo cognitivo que permite atribuirles pensamientos e intenciones a otras personas. Por eso es normal que vean el mundo exclusivamente desde sus sentimientos y su perspectiva y por eso, cuando les impidas ver otro episodio de La Patrulla Canina, no van a parar de llorar pensando en lo afortunados que son en comparación con otros niños.

“Si su cerebro no está cognitivamente preparado para imaginarse la experiencia de otra persona, no es fácil lograr que empatice”, explica Pressman.

Aun así, es importante que los padres enseñen a sus hijos desde muy pequeños que no siempre pueden salirse con la suya y que sentirse mal por no conseguirlo es lo normal.

Por ejemplo, si estás comprando con tu hijo el regalo de cumpleaños de otro niño y tu hijo te pide que le compres otro regalo a él, no cedas, advierte Pressman. Dile algo como: “Hemos venido a la tienda para comprarle un regalo a Pepito. Ya sé que es difícil y que tú también quieres uno, pero cuando sea tu cumpleaños, los regalos serán para ti”.

Así le das espacio para que aprenda a asumir lo que es no salirse con la suya y le muestras el camino para que aprenda a gestionar su frustración. Puede ser una lección muy importante, sobre todo si la recibe de forma reiterada durante la infancia.

Error 2: no darles suficientes responsabilidades en casa

“Enseñarles a los hijos que ellos también tienen responsabilidades es una de las tareas más importantes de los padres”, asegura Pressman. Además, es un gran antídoto para evitar que te salgan consentidos. Ni siquiera hace falta que tengan muchas tareas, pero sí que puedes empezar desde que son muy pequeños.

“Enséñales a ponerse el plato y los cubiertos o a recoger la mesa. Eso con tres años ya lo pueden hacer. No se trata de cargarles las espaldas con un montón de tareas, sino de enseñarles que son un miembro más de la familia”, expone.

Y no te rindas aunque se quejen. Responde: “A mí tampoco me gusta recoger la mesa. Solo porque no quieras, no significa que no tengas que hacerlo”. Según un estudio del Braun Research, el 80% de los padres tenían tareas cuando eran niños, pero solo el 30% de los padres actualmente les ponen tareas a sus hijos, y ese declive es un problema.

Estimular su competencia a través de tareas domésticas realistas les puede ayudar a sentirse más seguros de sí mismos, una cualidad que les será útil durante toda su vida. Un estudio de larga duración descubrió que los niños que participaban en las labores del hogar desde que tenían tres o cuatro años tenían más seguridad en sí mismos y un mayor sentido de la responsabilidad cuando se convertían en adultos.

Error 3: no establecer unos límites claros

Los límites son fundamentales para educar bien a los hijos, sostiene Pressman. “Y si no eres constante con esos límites, tendrás un problema”.

Pero lo cierto es que resulta complicado ser constante cuando ni siquiera los padres tienen claro dónde han puesto los límites. Te toca hacer un poco de reflexión: ¿Qué límites son importantes para ti y para tu pareja (si tienes)? ¿Sois constantes a la hora de cumplirlos? Pueden ser hábitos diarios o expectativas mayores sobre su conducta como ciudadanos del mundo. “Plantéatelo de forma equilibrada y no te agobies”.

Tal vez el 75% de las veces te mantengas fiel a tus reglas y el 25% de las veces seas más flexible, y eso está bien. Simplemente tenlo en cuenta en vez de actuar con el piloto automático.

Al ser estricto, mantienes a raya el privilegio de tus hijos, pero hay formas de ser estricto y compasivo al mismo tiempo.

“¿Conoces la expresión ‘Ya tienes dos tareas: enfadarte y desenfadarte’?. Pues ni caso”, comenta Pressman. Tu hijo tiene derecho a enfadarse, es lo normal si no consigue lo que quiere. Tu deber como padre es fijar unos límites, mantenerlos y enseñar a tu hijo a afrontar los sentimientos de tristeza, frustración o rabia con los que se encontrará durante toda su vida.

Error 4: no predicar con el ejemplo

“Predicar con el ejemplo es de vital importancia a la hora de evitar que tus hijos se vuelvan consentidos”, asegura Pressman. Los niños observan cómo se comportan sus padres y sus cuidadores y basan gran parte de su aprendizaje en lo que ven a su alrededor.

“Lo primero que debes hacer es vigilar cómo tratas tú a los demás”, indica Pressman. Un modo sencillo de hacerlo es preguntarte: ”¿Me siento orgulloso de cómo me estoy comportando ahora mismo?”.

Una vez más, hay que recordar que los padres son humanos y cometen fallos. Todo el mundo comete fallos. Pero tus hijos están siempre observando y aprendiendo de tu comportamiento.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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