El expolicía Derek Chauvin, sentenciado a 22 años y medio de prisión por matar a George Floyd

En abril fue declarado culpable de los tres cargos que enfrentaba.
Reacciones en las calles tras el veredicto del juicio
Reacciones en las calles tras el veredicto del juicio
Scott Olson via Getty Images

Derek Chauvin, el expolicía que fue sentenciado culpable de asesinar al ciudadano negro George Floyd el 25 de mayo de 2020 en Minneapolis, EEUU, ha sido sentenciado este viernes a 22 años y seis meses de prisión.

Chauvin, para quien la acusación había pedido 30 años de cárcel, se ha dirigido a la familia de Floyd antes de la lectura de su sentencia para mostrarles sus condolencias y esperar que después de todo obtengan “algo de paz”. De este modo se cierra uno de los episodios de violencia racial más mediáticos en EEUU y el resto del planeta.

El primer veredicto del juicio se conoció el pasado 23 de abril, cuando el jurado le condenó por los tres cargos que enfrentaba: asesinato involuntario en segundo grado, penado con hasta 40 años de cárcel; asesinato en tercer grado, con una condena máxima de 25 años, y homicidio involuntario en segundo grado, que acarrea hasta 10 años de privación de libertad.

Intento de Chauvin de anular el juicio por “presiones raciales”

Antes de que se conociera la sentencia, el juez Cahill, ya había denegado el último intento de la defensa para que se celebrara un nuevo juicio con el argumento de que tanto el jurado popular como el proceso habían estado viciados.

El abogado de Chauvin, Eric Nelson, argumentó que su cliente no había tenido derecho a un juicio justo, pues, entre otras cuestiones, el jurado popular “actuó incorrectamente” durante todo el proceso debido a “amenazas” e “intimidaciones”, así como por la “presión por motivos raciales” del caso.

8 minutos y 46 segundos

El expolicía asesinó a Floyd tras detenerle a la salida de un establecimiento en el que había pagado con un billete falso. Tras esposarle y echarle al suelo, Chauvin clavó su rodilla sobre el cuello de la víctima durante 8 minutos y 46 segundos, sin dejarle respirar, como repitió en varias ocasiones Floyd. Sus gritos de socorro, en inglés I can´t breathe (no puedo respirar), no fueron atendidos hasta que murió asfixiado.

El eco de su muerte llegó a todo EEUU y todo el mundo, con una sucesión durante semanas de manifestaciones contra el racismo estructural que sufre el país americano y en defensa de la población negra. Se impulsó el movimiento Black Lives Matter, que se ha visto revitalizado con nuevos episodios y asesinatos racistas por parte de las autoridades contra ciudadanos negros.

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