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08/09/2020 10:40 CEST | Actualizado 08/09/2020 10:40 CEST

Diana Larrea, la artista que comparte exposición con otras cien que la precedieron

Compartiendo visibilidad y siendo justamente reconocidas, al fin, tras siglos de silencio patriarcal.

Desde hace ya algunos años parece que se palpa cierta intención de cambio en la perspectiva de los museos y exposiciones, apostando por visiones menos androcéntricas y situando en primera línea de las programaciones a más mujeres artistas o debates poscoloniales, intentando romper el discurso tradicional occidental y masculino que excluía a casi todo lo que no era un hombre, blanco, heterosexual y occidental. Este ejercicio no es casual sino que es la consecuencia de la fuerza que el feminismo ha adquirido en los últimos años, especialmente tras el movimiento #MeToo en 2017, o el histórico 8 de marzo de 2018, con una huelga global de mujeres. 

En el sistema del arte se han llevado a cabo numerosos proyectos destinados a destacar a las “olvidadas” (yo diría más bien ignoradas) de la historia, como la performance de María Gimeno, Queridas viejas, donde insertaba en el icónico libro de Gombrich a todas las artistas que él había dejado fuera. Hace tres años, una artista española de dilatada trayectoria, Diana Larrea, acudía a una de las performances de Gimeno; al terminar, inspirada por ella, iniciaba un proyecto en redes bajo el título de Tal día como hoy, donde durante más de dos años ha ido publicando la biografía y obras de más de 480 creadoras de disciplinas diversas y procedentes de distintas culturas, desde la Edad Media hasta el siglo XX. La incansable labor de Larrea la hemos seguido muchas en redes, sorprendiéndonos de todos los nombres que no conocemos (que son muchos más que los que sí) y abriendo el camino para interrogar a la disciplina misma de la Historia del Arte: ¿por qué nunca había oído hablar de esta artista? ¿Cómo puede ser que nunca haya visto a esta fotógrafa? ¿Por qué es la primera vez que veo estas pinturas? ¿Quién ha decidido que esto sea menos interesante que los nombres de artistas hombres, de la misma época, que todos conocemos?

Para Larrea ha supuesto también una conexión que va más allá del tiempo, del pasado y el presente, y reconoce sentirse “vinculada de un modo extraño y permanente a unos nuevos referentes artísticos femeninos”. Es por eso por lo que ha querido traer a estas artistas De entre las muertas (el título de la exposición que podemos ver en la galería madrileña Espacio Mínimo) y lo ha hecho trasladando esa acción diaria en redes de publicar su biografía y sus obras, convirtiendo la publicación digital en obras situadas en la pared de la galería. Además, en un ejercicio de apropiación, ha seleccionado 100 autorretratos de grandes pintoras de la historia del arte para modificarlos digitalmente y presentarlos ante el espectador como si fueran registros de una fantasmagoría. 

Lo que podrían parecer cianotipias, muestran en forma de negativo y en copia azulada los autorretratos de estas pintoras, resignificando la imagen de la artista, que sí se valoraba a sí misma en su momento como profesional, y fue capaz de retratarse como tal. Larrea recupera esos autorretratos y, con una nueva estética, las trae al presente y reafirma el valor de todas estas artistas.

“La mención al antiguo procedimiento del cianotipo alude a los orígenes mágicos de la fotografía y es una referencia a Anna Atkins (1799-1871), la botánica británica considerada la primera fotógrafa de la historia. Ella está reconocida como la responsable de experimentar por primera vez con el método del cianotipo y también en publicar el primer libro ilustrado con imágenes fotográficas. Las cianotipias plasmadas por Anna Atkins han sido para mí una inspiración directa a la hora de concebir este proyecto, en el que quiero lograr un efecto de radiografías impresas”, dice la artista. 

Larrea plantea en esta exposición un inteligente ejercicio de recuperación feminista: podría decirse que estamos ante la primera exposición colectiva-individual de Larrea en Espacio Mínimo. Ella es la artista que presenta un trabajo complejo, profundo y dilatado en el tiempo investigando a todas las que, como ella, la precedieron en la profesión y fueron apartadas del canon oficial de la historia del arte. Por otro lado, es una exposición simbólicamente colectiva donde encontramos a Clara Peeters, Artemisia Gentileschi, Berthe Morisot, Romaine Brooks o Kathe Kollwitz, entre otras cien, compartiendo visibilidad y siendo justamente reconocidas, al fin, tras siglos de silencio patriarcal. 

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