BLOGS
30/12/2020 16:44 CET | Actualizado 30/12/2020 16:44 CET

"Distancia"

Es la palabra que define esta nueva realidad distante y distinta que nos ha llenado de soledad.

Marcos del Mazo via Getty Images

Yo habría elegido “distancia” como palabra del año, una palabra que se ha construido letra a letra, paso a paso, día a día. 

Es cierto que el confinamiento ha marcado una parte importante del año y de nuestras vidas, y que siempre recordaremos la experiencia de haber protagonizado este momento, pero el confinamiento empezó para que acabara, como así lo hizo meses después. Sin embargo, la distancia ha protagonizado el año más allá del tiempo confinado y ha venido para quedarse, hasta el punto de haber aceptado la contradicción que supone hablar de “distancia social”.

Ha habido distancia personal, distancia familiar, distancia al lugar de trabajo, distancia a los espacios de ocio, distancia a los comercios, distancia a la práctica del deporte, distancia a la compañía, distancia a la presencia... Y lo más preocupante de todo, distancia a la realidad. 

Una distancia a la realidad que se ha acompañado de una miopía en la voluntad para no querer verla y quedarnos con lo inmediato, con lo próximo, con lo personal, para así alejar aún más nuestra responsabilidad.

La realidad se ha hecho plana y sus límites han acabado en el horizonte individual definido por la mirada. De ese modo, se ha hecho de lo común y de lo público una especie de consecuencia de la suma de intereses particulares, en lugar de la referencia compartida para definir, limitar e integrar a cada uno de los espacios individuales en lo que debe ser la de convivencia democrática. Pero, en cambio, esa distancia a la realidad entendida como posición individual, no solo no ha buscado el espacio común, sino que ha enfrentado a los diferentes protagonistas como parte de una estrategia propia del androcentrismo, que entiende el poder como un instrumento para conseguir la victoria sobre la limitación de derechos a los demás partes, no como una responsabilidad en la consecución del bienestar para toda la sociedad.

¿Dónde queda el trato humano, directo y personal?, ¿en qué lugar se sitúa a la persona enferma?

Bajo esta perspectiva se ha enfrentado la salud con la economía, la libertad con la seguridad, la movilidad con el riesgo... Y del mismo modo, cada colectivo profesional se ha levantado contra las medidas que le afectaban, como si lo que estuviera sucediendo sólo fuera consecuencia de los demás y no responsabilidad de toda la sociedad.

Y ahí los políticos y los responsables en los diferentes gobiernos han reproducido el modelo bajo la misma distancia a la realidad que ha tomado la sociedad. No ha habido conciencia ni conocimiento de esa realidad, y no se han adoptado las medidas necesarias para evitar lo más grave, que ha sido el impacto en la salud y las muertes de miles de personas bajo una irresponsabilidad general que se ha amparado en la distancia para mantenerse al margen. Distancia física para que sean los demás quienes asuman las consecuencias y restricciones, y distancia en la conciencia para no asumir las responsabilidades en los espacios y ámbitos propios. Una situación que ha llevado a un enfrentamiento vergonzoso en quienes deben ser ejemplo de convivencia. 

Distancia es la palabra que define esta nueva realidad distante y distinta que nos ha llenado de soledad. 

Y tanto es así que ha venido para quedarse, no como parte de un periodo limitado a unas circunstancias específicas. A partir de ahora hablamos ya de teletrabajo, telereuniones, teleconferencias, telecomercio, teleasistencia, telebanca... y lo más preocupante es que nos lo presentan como un avance, no como iniciativas destinadas a complementar la realidad que debe definir una convivencia basada en las relaciones personales en sociedad, sino que vienen a sustituirla para potenciar el modelo de poder y convivencia tradicional en unas nuevas circunstancias. La situación es tan terrible que ya se habla como un logro y un gran avance de “telemedicina”, como si diagnosticar una enfermedad en una persona fuera elegir una opción entre todas las ofertas incluidas en una plataforma online. ¿Dónde queda el trato humano, directo y personal?, ¿en qué lugar se sitúa a la persona enferma?

La respuesta es sencilla, en la distancia, justo el lugar donde nos perdimos en este “tele-2020” y donde ha quedado todo lo demás.

 

Este artículo se publicó originalmente en el blog del autor.