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26/02/2020 12:22 CET | Actualizado 26/02/2020 12:30 CET

El aviso de Gabilondo que debes leer si te aterra lo que te está llegando sobre el coronavirus

"Disparates con nubes de seguidores”.

CADENA SER
El periodista Iñaki Gabilondo.

“Lo razonable sería que los medios y los ciudadanos nos limitaremos a ofrecer y recibir noticias confirmadas y recomendaciones de las autoridades sanitarias. Nada más. Y siguiéramos adelante con nuestras vidas sin mayores aspavientos”. El periodista Iñaki Gabilondo ha reclamado este miércoles a la sociedad -en su comentario en la Cadena Ser- que diseñe su propio protocolo antihisteria para situaciones como el actual brote de coronavirus, que ha matado a más de 2.700 personas en China y que se extiende por otros países, incluido España -con ocho casos confirmados-. 

En este contexto, el periodista ha alertado de uno de los mayores peligros a los que se enfrenta la sociedad: “La desinformación derivada del cacareo descontrolado de las redes sociales, por dónde han empezado a colarse fake news delirantes tanto sobre las causas de la epidemia como sobre las recetas para combatirla. Disparates con nubes de seguidores”.

De este modo, Gabilondo ha recordado que esta histeria podría estar detrás de uno de los grandes problemas que podrían derivarse de la crisis sanitaria del coronavirus, y sobre el que este martes puso el foco el primer ministro italiano,  Giuseppe Conte: “La falta de coordinación europea y la proliferación de iniciativas autónomas”, que “podría aumentar si se declara la pandemia, lo que es muy probable”.

En este punto, Gabilondo ha aclarado que “la pandemia se refiere al nivel de propagación, no a la gravedad”.

Tras esta reflexión, ha sentenciado Gabilondo: “Para la histeria financiera no hay recetas”. 

Protocolo social antihisteria

Ni se puede parar el mundo ni es realista decir que se puede parar la propagación entre países. Esta frase de Michael Ryan, director del programa de Emergencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS), traza las coordenadas en las que hemos de movernos en relación con el coronavirus.

Va remitiendo lentamente en China mientras que se va extendiendo fuera ella. En Europa además de Italia, ya se consignan casos en Austria, Suiza, Croacia y, como saben, en España. Hasta el momento ocho casos activos.

Las autoridades sanitarias españolas aseguran que actuarán con mesura, proporcionalidad y transferencia y no dudo que será así. Eso nos permite asimilar de forma adecuada la importancia de la epidemia que debe tomarse en serio, naturalmente, pero en su marco de hechos ciertos; es decir, que no se desarrollan todos los casos en los que se detecta y que su tasa de mortalidad es del 3% en China, el 0,7% en el resto del mundo y que se manifiesta sobre todo en personas con patologías previas o de edad avanzada.

Y con el dato de fondo que este martes les ofrecía: los 6.000 muertos anuales en nuestro país a causa de la gripe estacional que aceptamos sin histerias como parte de nuestra normalidad estadística.

El mayor problema puede producirse por lo que este martes advertía el primer ministro italiano Giuseppe Conte, la falta de coordinación europea y la proliferación de iniciativas autónomas, lo que está ocurriendo y al que se debe está sensación de nerviosismo caótico con cierres, suspensiones, bloqueos y cuarentenas decretados aquí sí y aquí no, sin orden ni concierto y que podría aumentar si se declara la pandemia, lo que es muy probable.

Recordemos una vez más que la pandemia se refiere al nivel de propagación, no a la gravedad.

El peligro que debemos añadir a la desinformación derivada del cacareo descontrolado de las redes sociales, por dónde han empezado a colarse fake news delirantes tanto sobre las causas de la epidemia como sobre las recetas para combatirla. Disparates con nubes de seguidores.

La sociedad debería diseñar su propio protocolo antihisteria para situaciones así. Lo razonable sería que los medios y los ciudadanos nos limitaremos a ofrecer y recibir noticias confirmadas y recomendaciones de las autoridades sanitarias. Nada más. Y siguiéramos adelante con nuestras vidas sin mayores aspavientos como corresponde a un viejo país que ha visto mucho y que confía en su sistema de salud. Para la histeria financiera no hay recetas.