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15/06/2020 13:45 CEST | Actualizado 15/06/2020 13:45 CEST

El bumerán del PP

¿Es que piensa la derecha que por gritar mucho no acabará resplandeciendo la verdad?

NurPhoto via Getty Images
Imagen de archivo de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeída, y el líder del PP, Pablo Casado. 

Siempre se ha comentado que no hay mejor defensa que un buen ataque. El Partido Popular ha hecho un uso torticero de este dicho coloquial durante toda la crisis del Covid, ya sea para competir con Vox por el espacio político más ultra o para tapar con un formidable ruido sus propias carencias y debilidades. Sin embargo, su estrategia irresponsable de criminalizar al Gobierno de España, con críticas desaforadas y usando a las víctimas como armas arrojadizas, se le ha vuelto en contra como un bumerán.

Este burdo intento de la derecha de responsabilizar al mando único de todo lo ocurrido durante el estado de alarma se ha dado de bruces contra la cruda realidad. Y muy especialmente contra la verdad del drama vivido en la Comunidad de Madrid. El PP se ha obsesionado en culpar al gabinete que preside Pedro Sánchez cuando ese instrumento constitucional para hacer frente a la pandemia ni mucho menos suponía que las comunidades autónomas dejaran de ejercer sus propias competencias. Además, hasta el 14 de marzo la titularidad en esas materias en las que se unificaba la gestión bajo el mando único habían sido de responsabilidad exclusiva de las CCAA durante más de treinta años.

Ha sido de tal calibre el colapso en Madrid que Pablo Casado ha tenido que salir al rescate de un presunto icono que hacía aguas por todos lados. Para el PP, en un ejercicio insoportable de maniqueísmo, todo lo malo en esta comunidad era obra de Pedro Sánchez, Pablo Iglesias o el mando único, mientras su compañera y modelo a imitar no tenía competencia ni responsabilidad en nada.

Actas policiales certifican que al menos cinco residencias pidieron auxilio a la Comunidad de Madrid y no recibieron respuesta.

Después de tanto tiempo en manos del PP, con una gestión muy controvertida, recortes, reducción de personal, privatizaciones y asuntos turbios, no extraña a nadie que la sanidad pública madrileña haya llegado muy débil a la pandemia. Hasta el punto de que hubo que improvisar un hospital de campaña de Ifema, construido en tiempo récord gracias a la Unidad Militar de Emergencias, para dar cobertura a los afectados por el virus. Si el 14 de marzo había falta de profesionales, de camas en las UCI, de respiradores o de material protección para los sanitarios, tiene una explicación muy simple: las décadas que la derecha lleva maltratando a la salud pública allí donde gobierna.

¿Cómo es posible que Pablo Casado y su troupe hayan exigido sin sonrojo al mando único que arregle en cuestión de días lo que el PP no ha hecho o ha destrozado durante lustros? Si las competencias sanitarias no pertenecían a las CCAA, como insistentemente repetían sin razón voceros de la derecha, ¿por qué la Comunidad de Madrid compraba material sanitario en el mercado aunque los aviones se perdían o llegaban con retraso y cuando por fin aterrizaban los presentaba con un derroche de flashes y focos? De los polvos de los destrozos del pasado, los lodos del colapso sanitario del presente. Ya hay sentencias que señalan a las autonomías como las responsables de equipar y proteger adecuadamente a sus profesionales sanitarios. Que vayan tomando nota en la calle Génova.

Al igual que ha ocurrido en el sistema público de salud, Madrid ha sido el epicentro del drama en las residencias de mayores. Más de 6.000 personas han fallecido, según los datos ofrecidos por el propio equipo de Díaz Ayuso, en estas instalaciones tras demasiado tiempo de desinterés y desatención desde la Administración madrileña mientras se permitía campar a sus anchas a promotores del negocio fácil. En esta dolorosa situación han pretendido sacudirse como pulgas sus obligaciones de gestión lanzando una ofensiva contra el adversario político, jugando ruinmente con los muertos, pero esta jugada tan chusca se les ha vuelto en contra con violencia. Y es que estas residencias, ya nadie lo duda, son de responsabilidad autonómica. La legislación y los hechos de cada cual así lo atestiguan.

¿Es que piensa la derecha que por gritar mucho no acabará resplandeciendo la verdad?

En este tiempo, la presidenta de Madrid decidió no aplicar una orden del mando único sobre el tratamiento de los mayores en estos centros, retiró la gestión a un consejero de Ciudadanos para transferirla a su compañero del PP al frente de Salud, se han conocido unos alarmantes correos electrónicos entre estos dos miembros de su Ejecutivo que han generado un enorme revuelo y rumores de crisis de Gobierno e incluso de adelanto electoral, y todo a cuento de un protocolo para que los mayores de estas residencias con síntomas de coronavirus no fueran ingresados en hospitales públicos mientras sí se les permitió el traslado a los que tenían seguros privados. Ha sido tan mayúsculo el escándalo que, ante la Asamblea de Madrid, la presidenta Ayuso, desplegable de sus (supuestas) actuaciones en mano, ha admitido que están desarrollando una investigación interna, además de la comisión parlamentaria que se encargará de arrojar luz sobre este proceloso mar de fondo. Materia hay para desentrañar: actas policiales certifican que al menos cinco residencias pidieron auxilio a la Comunidad de Madrid y no recibieron respuesta.

Por tanto, nadie desde una posición cabal puede culpar al Gobierno de España de los múltiples y graves déficits que se han descubierto en los centros de mayores durante esta crisis sanitaria en Madrid (y también en otras autonomías). ¿O es que piensa la derecha que por gritar mucho no acabará resplandeciendo la verdad? De esta pandemia deberían haber aprendido más de una lección y algo de humildad pero lo único que han ofrecido y lamentablemente seguirán ofreciendo a este país es crispación, revanchismo, soberbia y un patriotismo de pacotilla.

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