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El poder curativo de la palabra (y de las palabrotas)

Cuantos más tapujos te quitas para expresar lo que sientes, mayor es el efecto curativo de las palabras.

Hay un poder liberador, aliviante o como le quieras llamar en la palabra.

Hablar del miedo que te da algo, hace que sientas un poco menos de miedo. Contar la decepción tan grande que te ha producido alguien reduce tu malestar.

Leemos a diario lo bueno que es meditar, tomar conciencia del aire que entra por nuestra nariz y sentir nuestra energía fluir por el cuerpo, y es cierto, pero también hay que darle su espacio al poder relajante de una buena palabrota.

Reducir el estrés poniéndolo en palabras

Una de las mejores formas de reducir el estrés es poniéndolo en palabras porque te haces consciente de qué es lo que te perturba.

Es demasiado fácil sentirse abrumado por la velocidad de la rutina y sentir un malestar que se parece a una borrasca que te afecta aunque no quieras.

El estrés es la reacción particular a un acontecimiento exterior que enciende las alertas interiores. No nos influye a todos de la misma forma lo que pasa ahí afuera, cada uno lo traducimos a nuestro lenguaje interno.

Eso sí, la mayoría vivimos con poco tiempo de reflexión entre un impacto exterior y el siguiente. Tenemos la opción cada 10 segundos de reaccionar a un nuevo estímulo al que darle el corazón. A toda prisa, pero le podemos dar nuestro corazón.

Cuantos más impactos estresantes acumulamos, más hacemos trabajar a nuestro cuerpo que lucha por mantener un equilibrio interno.

Cada uno de esos impactos es una nueva alarma que se enciende, un nuevo motivo para estar preparado para atacar o huir.

Aunque no seamos conscientes de la cantidad de alertas por estrés que tenemos encendidas, sí que podemos reconocer los grandes focos de estrés en nuestra vida.

No hace falta que seas el dirigente de una súper potencia para vivir en un gran foco de estrés. Tú sabes si lo que más te altera está en casa, al otro lado del móvil o en el colegio de los niños.

Identificar lo que más nos estresa es fundamental.

Una vez que lo identificas, pasan varias cosas. Una es que tengas tanto malestar que no sepas ponerlo en palabras. En ese caso, no sabes ni por dónde empezar a contar los problemas con los que te ves las caras a diario.

“Lo que necesitas para reducir tu estrés es contar la historia desde la emoción más profunda, y para eso, una palabrota bien dicha puede ser de gran ayuda.”

Otra de las cosas que pueden pasar es que te hayas repetido mil veces por minuto lo heavy que es lo que te está pasando. Tienes clarísimo de dónde viene todo el problema, pero has decidido que no se lo vas a contar a nadie porque no quieres molestar, no crees que sirva para algo o necesitas tu tiempo para arreglarlo, y no para hablar de ello.

Error en los dos casos. Es vital que lo pongas en palabras.

No va a ser la novedad del día que diga que las penas compartidas son menos, pero es que es así.

Necesitamos tanto hablar de lo que nos pasa como resolver lo que nos pasa.

Y hay que tener cuidado en cómo hablamos de ello. No es lo mismo decir que vas al médico a que te pase la ITV anual, a que digas que tienes un pánico atroz a que en esta revisión te detecten un tumor como a tu padre.

Es diferente decir que tu marido trabaja mucho a decir que no soportas que le dé más importancia a cualquier cosa antes que a ti.

Lo que necesitas para reducir tu estrés es contar la historia desde la emoción más profunda, y para eso, una palabrota bien dicha puede ser de gran ayuda.

En la medida en la que expresas desde el sentir más visceral lo que te altera, estás reduciendo tu estrés.

Pide ayuda para salir de tu estrés

La única forma de salir de un pozo es pidiendo ayuda para salir. Si te quedas callado en el fondo del pozo porque no quieres que nadie sepa lo mal que lo estás pasando, o las torpezas que has cometido para caer allí, no vas a salir nunca. Y lo que va a pasar es que se irán sumando más problemas cuanto más tiempo pases allí.

Imagínate que estás en ese pozo y oyes que hay alguien cerca que te puede ayudar. Si hablas en un tono de voz dulce y cálido, lo más probable es que no te escuchen.

Lo lógico es que pongas toda tu fuerza en gritar y dejar bien claro que quieres salir de allí.

“Cuantos más tapujos te quitas para expresar lo que sientes, mayor es el efecto curativo de las palabras.”

En las sesiones con mis clientes les pido que hablen desde el fondo de su pozo, no a gritos, pero sí permitiéndose decirlo todo. La mayoría se da cuenta de que lo que más les hace sufrir son cosas que jamás han dicho a nadie. Y no exagero.

Les recomiendo encarecidamente que pongan en palabras todas esas emociones que tienen pegadas como garrapatas a su corazón, y utilicen todas las palabras del diccionario.

Te aseguro, que cuando se permiten poner en palabras la rabia con toda la brusquedad que existe, cambia su cara y su cuerpo.

Y te digo la rabia, pero lo mismo sucede con el miedo, la tristeza o el asco.

Cuantos más tapujos te quitas para expresar lo que sientes, mayor es el efecto curativo de las palabras.

Así que no midas tanto tus palabras cuando se trata de aliviar tu estrés. No tengas en cuenta las normas.

Habla, escribe o manda una nota de voz para sacar todo eso, y siéntete libre de decirlo como te dé la gana.