Entrevista con la economista francesa Julia Cagé.
Entrevista con la economista francesa Julia Cagé.
Grano de Sal
Entrevista con la economista francesa Julia Cagé.

La democracia no está en venta, pero nuestros votos no valen lo mismo. Seamos realistas: el dinero de un partido político se transforma en marketing, en visibilidad y en actividades de todo tipo. Cuanto más dinero haya, más opciones de ganar tendrá.

A efectos prácticos, no pesa lo mismo el voto de una persona rica que ha hecho una generosa donación que el de un trabajador mileurista. La economista Julia Cagé ha escrito un libro formidable donde disecciona la caída de la participación de nuestras democracias y muestra con crudeza el peligro de la financiación privada en las campañas políticas. El precio de la democracia (Grano de Sal, 2021) es un libro ambicioso que todo político debería tener en su mesita de noche. Y también cualquier ciudadano, claro.

En el libro viene a decir que vivimos en una plutocracia fiscal: cuanto más dinero tienes, más votos consigues. ¿Siempre ha sido así?

Hemos vivido en plutocracias durante mucho tiempo: no había sufragio universal cuando se introdujo la democracia en Francia o en Reino Unido en el siglo XIX. Las personas necesitaban dinero u otras riquezas (o todo) para participar en las elecciones y votar (por no hablar de que las mujeres quedaron excluidas). Fue en el siglo XX cuando la mayoría de democracias occidentales introdujeron el sufragio universal. Sin embargo, parece que hemos “olvidado” crear normas para garantizar que las democracias sigan el principio de “una persona, un voto” y no el de “un euro, un voto”. Hemos olvidado regular la financiación de las campañas electorales.

En todo caso, la historia no sigue un curso lineal. En Estados Unidos, por ejemplo, la regulación de las campañas (y, sobre todo, la financiación pública de las elecciones) se introdujo entre 1971 y 1974. Solo recientemente se ha desmantelado, tras varias decisiones del Tribunal Supremo; la última importante que hizo de Estados Unidos una plutocracia fiscal fue la que impulsó Citizens United en 2010 [la sentencia sostuvo que la primera enmienda prohibía al gobierno limitar las donaciones políticas de empresas]. Por el contrario, en Francia las regulaciones de las campañas son mucho más recientes (se remontan a 1988-1990), aunque también son más restrictivas que en Estados Unidos.

Sostiene que el voto de un francés vale 32 euros. Según sus cálculos, algunos ciudadanos podrían “comprar” el equivalente a 5 votos y los superricos podrían hacerse con el equivalente a 150 votos. Vamos, que el one person, one vote es una ilusión. ¿Hay unos países más desiguales que otros en materia de cuánto vale el voto?

Es una pregunta muy complicada porque necesitan tenerse en cuenta diferentes cuestiones. En pocas palabras, lo que importa es cuánto pueden gastar los candidatos en las elecciones y cuántos ciudadanos pueden contribuir a esas campañas (o a la financiación de sus partidos políticos). Aunque algunos países regulan tanto las donaciones como el gasto de las campañas (Francia, España o Bélgica), otros solo regulan el gasto de los candidatos durante las campañas, pero no cuántos ciudadanos (o empresas) pueden contribuir (este es el caso de Reino Unido), mientras que en algunos países no hay regulación (como en Alemania).

Es muy distinto tener un caso donde (de media, cabe señalar) 32 euros adicionales en el gasto de campaña se asocian con un voto adicional, pero ningún ciudadano puede dar más de 4.600 euros a una campaña (como en Francia), que otro donde un multimillonario puede pagar una campaña entera porque las donaciones no se han regulado.

'El precio de la democracia', de Julia Cagé.
Grano de Sal
'El precio de la democracia', de Julia Cagé.

Tiene tres grandes propuestas: cambiar la financiación de los partidos políticos, restringir las donaciones y por último crear una asamblea mixta compuesta por dos tercios de políticos y un tercio de representantes sociales. Me da que las élites políticas y económicas van a hacer todo lo posible por resistirse a estas reformas.

Necesitamos que los ciudadanos se den cuenta de que esto importa. En muchas democracias actuales hay una crisis de representación y los ciudadanos no participan porque ya no creen que sea útil, ya que sienten (y en parte llevan razón) que la democracia está encadenada.

Una de las aportaciones de mi libro es mostrar empíricamente que esta crisis viene en parte de la financiación privada de la democracia. En cierto modo, estas son buenas noticias, ya que uno puede regular la financiación privada y ya se ha hecho en el pasado. Habrá unas elecciones presidenciales y unas legislativas en Francia en los meses de abril y junio; algunos candidatos están ahora defendiendo la introducción de una nueva regulación para la financiación de las campañas. Una candidata, Christiane Taubira, también ha recogido mi propuesta a favor de una asamblea mixta. Las cosas cambian lentamente.

Si miramos al pasado, comprobaremos que las cosas pueden cambiar de otro modo. Así fue en Italia, Estados Unidos o Canadá. Si estudias por qué se introdujeron las regulaciones de campañas electorales en esos países en los años setenta (y de forma más reciente en Brasil), verás que fue por la revelación de escándalos de corrupción. Algo así nunca puede ser una buena noticia, pero sabemos que puede ocurrir, así que los cambios positivos también pueden darse de esta forma en ciertos lugares.

Me imagino que a Emmanuel Macron no le interesan en absoluto los cambios que propone. Entonces la prioridad debería ser votar a alguien dispuesto a asumir esos retos. ¿Existe tal cosa?

Tienes razón: Emmanuel Macron ganó las elecciones presidenciales en 2017 gracias a la financiación privada que recibió de un pequeño número de grandes donantes. No tiene ningún interés en cambiar las reglas del juego. Hay candidatos de la izquierda que están impulsando reformas, incluyendo la que yo denomino “bonos para la equidad democrática”, que es una forma de financiación pública anual de los partidos políticos [cada ciudadano elegirá cada año al partido político al cual desea que se asignen sus siete euros de dinero público, que es la cantidad que se suele emplear sin que el ciudadano sea realmente consciente].

El gran tema de la política francesa es que la izquierda está dividida, así que la probabilidad de que un candidato de izquierdas gane en segunda vuelta las presidenciales es muy baja, pero quién sabe: la historia está llena de sorpresas.

Soy una persona optimista: creo que se puede convencer a los partidos de ambos lados del espectro político de introducir regulaciones en la Asamblea Nacional. Una vez más, será clave que los ciudadanos exijan esa reforma. Espero que mi libro contribuya, hasta cierto punto, a convencerlos de que estas cuestiones importan… los periodistas también tenéis un papel importante en esto.

Emmanuel Macron

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